Luz y sombra en la música 02/01/2000

02 de Enero de 2000 | 00:00 |
En entrevista con Artes y Letras, la violinista alemana se refiere al juego incesante de cambios en que viven las partituras y a su reciente grabación de "Las cuatro estaciones" de Vivaldi, inspirada en la pintura de Gotthard Graubner. Reinventar la música y hacerla renacer para nuevas audiencias es uno de sus objetivos por estos días.

Juan Antonio Muñoz H.
(02/01/2000)


Una niña de trece años se planta con su violín ante los ojos severos y alucinados del maestro, que sigue con atención cada uno de los movimientros de su arco. Inocente sangre fría la de ella, que casi no se conmueve ante el tamaño del juez, famoso por su pericia inquisitiva y su exquisita arbitrariedad.

La escena tuvo lugar en Berlín y los protagonistas fueron Anne-Sophie Mutter y el director Herbert von Karajan, quien acababa de encontrar otro aliado para abordar cualquier esquina del repertorio. De inmediato, el maestro se dispuso a pasearla por salas de concierto y surcos de vinilo.


Anne-Sophie nació en Rheinfelden, al sur de Alemania, y desde su debut con Karajan en el Festival de Salzburgo 1977 es la violinista más admirada e imitada.


Tomó el instrumento a los cinco años y, tutelada por Aída Stucki y Erna Honigberger, nunca dejó de llamar la atención. Karajan la escuchó en Lucerna en 1976 y el impacto que le produjo convocó la audición.


Técnica sorprendente - es una suerte de Paganini femenino- unida a una refinada intuición musical y a una capacidad nada habitual de ser poco contemplativa con sus propias ideas interpretativas, la mantienen en el primer lugar de los violinistas de su generación. Nunca se sabe con qué va a salir ahora Anne-Sophie Mutter: que lo diga Lambert Orkis, quien grabó con ella una imaginativa y apasionada integral de sonatas para violín y piano de Beethoven (DG, 1998).


Prueba radical de todo lo anterior es su reciente versión de las recurridas "Cuatro estaciones" de Vivaldi, fresca y chispeante de juventud, casi en el polo opuesto de la mirada solemne que sobre la misma obra tuvo con Karajan hace varios años.


Si uno escucha a Anne-Sophie con Riccardo Muti en los conciertos para violín de Mozart (EMI, 1997) descubrirá de inmediato la elegancia de su fraseo, y si viaja un poco hacia Beethoven, sabrá que con Karajan optó por acceder al Concierto en Re Mayor (Opus 61) con línea de gran detalle. Algunos criticaron esto último porque esa preocupación obsesiva por hacer sonar todas las notas restó poder al impulso gigantesco de la obra (DG, 1980).


Nadie, en cambio, dejó de sucumbir al enfoque clasicista de su Mendelssohn, a la profundidad de su Brahms y al ardor virtuosístico que tienen sus aterrizajes sobre Lutoslawski. Mientras tanto, Seiji Ozawa y la Boston Symphony Orchestra resplandecen con ella en el Concierto para violín número 2 de Bartok (DG, 1991), uno de los más endiablados y complejos del repertorio, mezcla de lirismo y despliegue de artificios.


Finalmente, otro logro, para cerrar el capítulo de las hazañas y conversar un rato con ella sobre Vivaldi y sus estaciones. Siendo todavía muy joven, Anne-Sophie declaró detestar el concierto para violín de Alban Berg ("A la memoria de un ángel"), dedicado a Manon Gropius, hija de la viuda de Mahler, que falleció a los 18 años. Pues bien, esta obra "detestable" fue convertida por la propia artista en una de sus mejores grabaciones (DG, 1992, con James Levine y la Chicago Symphony Orchestra): un misterio de ensimismamiento y profesionalismo que es mejor no desentrañar. También sucede con los secretos.


Pero ahora nos ocupan Vivaldi y sus "Estaciones", grabadas por Anne-Sophie como director y violinista, al frente de los Trondheim Soloists. Es un disco Deutsche Grammophon 1999 que se completa con la Sonata para violín y bajo continuo del también barroco Giuseppe Tartini.


- ¿Qué ha sucedido con Anne-Sophie Mutter desde su grabación con Karajan para "Las cuatro estaciones" hasta este nuevo disco? La obra parece ser otra. Esta es más brillante, menos solemne y más libre.


- No se pueden comparar estas dos grabaciones. La primera fue con una orquesta sinfónica, una suerte de Rolls Royce que intenta transitar por una vía rural estrecha. Una orquesta con 80 maestros puede producir una fuerte excitación musical. Pero hay otro aspecto en "Las cuatro estaciones" de Vivaldi que un conjunto de cámara más pequeño puede servir mejor: un conjunto de cámara es más sutil, puede hacer más justicia a los brillantes intercambios entre los diferentes instrumentos y expresar más de la espontaneidad de la música. Trabajar con un grupo de cámara me permitió transmitir las texturas sutilmente equilibradas, los estados de ánimo e intercambios íntimos con un mayor sentido de energía e ingenio.


- ¿Estaría de acuerdo en que las partituras viven en un constante juego de variaciones? Pareciera que algunas ideas nuevas concernientes a la interpretación persiguen provocar un cambio en las audiencias. Es como si las obras quisieran dar una opinión diferente de sí mismas.


- Sí. La interpretación de obras musicales nunca debería ser rígida. Eso implicaría que una obra sólo se puede oír de una forma. Una partitura tiene muchos aspectos diferentes, y las distintas interpretaciones en distintas épocas pueden iluminar esos aspectos. Mi antigua lectura de "Las cuatro estaciones" se ha comparado con un buen vino tinto grueso, mientras que la nueva, con los jóvenes solistas noruegos, evoca el disparo de corchos de botellas de un buen champagne. Estos son distintos aspectos de la pieza, variadas formas de observarla. Pero cada uno es un aspecto e igualmente válido por derecho propio.


- Primavera, verano, otoño e invierno. ¿Cuál es la "estación" de Anne-Sophie Mutter?


- Creo que hay algo de cada una de las cuatro estaciones en todos nosotros, ya sea en forma de tempestades musicales y destellos de relámpagos, colores profundos del otoño o los largos y lánguidos días de verano. Cada estación presenta sus propias exigencias musicales y vitales, y he tratado de responder a ellas a mi modo.


- Usted dijo que sin la pintura de Gotthard Graubner esta grabación no se comprende. ¿Podría explicar cómo llegó a esto y cómo un auditor común puede descubrir esos vínculos? (Anne-Sophie posó para el libreto del disco ante los cuadros de este artista)


- Sin la pintura de Gotthard Graubner esta grabación de "Las cuatro estaciones" nunca habría sido una realidad. La idea de hacer el disco se me ocurrió cuando visité el estudio de Graubner. Sus telas inmediatamente me trajeron a la mente la música de Vivaldi. Y es esta afinidad entre la pintura de Graubner y la música de Vivaldi la que me llevó a esperar que la gente oyera mi interpretación de esta obra con los ojos y los oídos.


"Los elementos de luz y sombra funcionan juntos tanto en la música como en la pintura. El arte de ambos hombres tiene en su interior una chispa explosiva, el resplandor de un relámpago. Las imágenes de Graubner transmiten un sentido de fuerza elemental extrema que se asemeja a las tempestades musicales que evoca Vivaldi. Pero hay también una notable y delicada transparencia en ambos artistas: notas y colores que son livianos como una pluma".


- ¿Cuál es su visión del mundo barroco que surge de esta obra de Vivaldi y que vive también en Graubner?


- Para mí, la similitud entre estos dos artistas trasciende cualquier generalización sobre épocas o eras específicas. En lo que a mí concierne, Vivaldi y Graubner son espíritus afines. Las imágenes de Graubner vivifican la música de Vivaldi. Uno puede perder de vista este tipo de conexión si se centra demasiado en los conceptos de períodos como "barroco" y "moderno".


- La popularidad del repertorio barroco está aumentando en estos días y hay muchas personas trabajando para cambiar ciertos conceptos que se han estado repitiendo por largo tiempo. En su opinión, ¿a qué se puede atribuir esta "recuperación"?


- La música debe reinventarse y volver a nacer constantemente. Cada vez que los músicos interpretan una pieza que se escribió hace cientos de años, ésta sólo puede cobrar vida si se introduce en el presente musical y se conecta con la respuesta artística de los intérpretes y de la audiencia. No hay un camino real para la presentación correcta o "falsa" de esa música. Lo que cuenta es la intensidad del mensaje musical que se transmite y su pertinencia para el mundo hoy en día.


- Su look en las carátulas de los discos es cada vez más atractivo. ¿Se siente cómoda en esas sesiones fotográficas o se somete a eso porque sabe que es necesario?


- Primero, gracias por el cumplido. No creo que haya ninguna contradicción entre lucir bien y ser un artista serio. Lo que realmente cuenta es el mensaje musical que se quiere transmitir y no simplemente el vestuario que se usa. Las fotografías no deberían distraer del trabajo importante de creación e interpretación; no hay que juzgar un libro por su portada. Pero por otro lado, no tiene nada de malo que un libro tenga una hermosa portada, si ésta contribuye a atraer más lectores.


"Pero mi trabajo en música es más que eso. Yo quiero tratar de dejar una pequeña huella. Siempre recuerdo lo que dijo la Madre Teresa: en la Tierra sólo se pueden hacer cosas pequeñas, pero se pueden hacer con mucho amor".


- ¿Pasa un buen momento mientras graba o el estudio es para usted un lugar aburrido?


- Me encanta grabar una actuación real. La emoción del recorrido que condujo a este disco fue tan grandioso que la grabación fue otro punto culminante de lo que ya había sido una maravillosa experiencia. Tuvimos que trabajar duro, pero todos lo disfrutamos. Fue una hermosa experiencia trabajar con los Trondheim y creo que todos estaríamos de acuerdo en que tuvimos más que un buen momento.


- ¿Puede un CD captar toda la experiencia musical?


- Es difícil que una grabación capte la calidad expresiva de la actuación. Por eso ayuda enormemente grabar en vivo. Pero a pesar de eso, las grabaciones modernas son tan buenas que pueden aproximarse mucho a la experiencia de una sala de conciertos.


- ¿Tiene algún sueño futuro con respecto a discos y presentaciones?


- ¡Disfruto enormemente la realización de mis sueños! Un proyecto que quiero muchísimo es "Back to the future" (Regreso al futuro). En el año 2000 ofreceré varias series de conciertos en Londres, Nueva York, Frankfurt y Stuttgart dedicados al gran repertorio de violín de los últimos 100 años. Esto es lo que me tiene más emocionada en este momento.

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