Evelyn Tubb, Sirvienta de la Música 30/04/2000

30 de Abril de 2000 | 00:00 |
La soprano inglesa piensa que la música es puro corazón, y por eso se ha volcado sobre ella con una pasión que todo el público admite. Rostro de la Música Antigua, en entrevista con "Artes y Letras" se autodefine como una sirvienta de ese lugar sagrado donde coinciden el sonido y el silencio. "Sé que no puedo complacer a todo el mundo, pero para mí la vida es demasiado corta como para jugar a la segura", señala.


Por Juan Antonio Muñoz H.

30/04/2000


En el verano inglés de 1998, la iglesia medieval del parque de Harewood House, a unos 45 minutos de York, fue escenario de un concierto de Evelyn Tubb con el laudista Anthony Rooley. La experiencia resultó sobrecogedora para el público, porque a la sugestión del ambiente, enfatizada por la sola iluminación de velas, se sumó el intenso trabajo interpretativo de la soprano, quien entró a escena por la nave central cantando "La Música", de Claudio Monteverdi. Unos días antes, en York mismo, ella había ofrecido otro recital, dedicado a Mrs. Bracegirdle, cantante-actriz de fines del siglo XVII, célebre por el poder hipnótico que ejercía sobre la audiencia.


Evelyn Tubb - uno de los rostros más representativos del auge de la Música Antigua y una de las pocas alternativas disponibles para quienes no quieren ver a la música convertida en pieza de museo- es una especie de reencarnación de Mrs. Bracegirdle. Su propuesta, al igual que la de su predecesora, aspira a tener un sitio en medio de la gente y para eso ella utiliza todos los recursos posibles: un instrumento vocal de extraordinaria potencia expresiva, imaginación, pasión inclaudicable y valentía.


"Todo esto se dio muy lentamente. Descubrí que me sentía cómoda y que podría encontrar un lugar donde ser yo misma en este medio", dice Evelyn Tubb al tratar de explicar cómo llegó primero a integrar el conjunto The Consort of Musicke y, más tarde, a avanzar sola por los caminos de la música y a alternar su forma de expresión con la docencia.


"Como fui bailarina primero, fue siempre importante para mí sentir y expresar la música a través de mi cuerpo. Cuando más tarde llegué a estar consciente de la voz que tenía, me pareció importante unir estas dos partes en mi trabajo", explica.


- ¿Ha sido fácil convencer de eso a la crítica y al público?


- La aceptación externa de esto a menudo ha sido una lucha. A algunas personas les encanta lo que hago; otras, lo encuentran demasiado exigente. Y hay quienes ven en mi trabajo una amenaza. Sé que no puedo complacer a todo el mundo, pero para mí la vida es demasiado corta como para jugar a la segura. Actuar con verdad en el presente puede traer muchas sorpresas maravillosas tanto al intérprete como a la audiencia.


- En sus inicios usted no era cantante. ¿De qué le sirvió su anterior experiencia musical?


- Es muy importante para mí el hecho de que fuera (y soy) un músico primero y una cantante en segundo lugar. Yo acostumbraba a tocar trompeta y piano. Todo eso me ayudó a entender los fundamentos de la expresión musical, la forma y la armonía. Demasiados cantantes no están conscientes de qué sucede en torno a ellos, escuchan sólo su propia línea, sin pensar en el acompañamiento. Yo no puedo hacer eso.


- También tiene conocimientos de Tai Chi...


- El Tai Chi ha sido uno de mis más grandes maestros. Me ayuda a sentir la energía universal de la respiración y de la emoción. Utilizo su poder para realzar todo lo que hago, para extraer quietud desde lo más profundo y para reflejar todo eso en la canción que interpreto y en el gesto.


- Usted ha dicho que es una sirvienta de la música y que su trabajo consiste en ayudar a compartir la magia del "espacio sagrado de la actuación". ¿Qué significa esto?


- Para mí, texto y música son las semillas de una actuación. Sin los intérpretes, estas semillas continúan latentes, olvidadas en una biblioteca o en un museo. Esta es la razón de por qué digo que soy una sirvienta: mi rol es asegurar que a estas semillas al menos se les dé una oportunidad de florecer.


CITA CON MONTEVERDI


- A su juicio, ¿cuál es el gran misterio del teatro? ¿Existe realmente comunicación entre el artista y su audiencia o ambas partes sienten o perciben diferentes cosas?


- El misterio del teatro es que lo que se está creando en el escenario es a menudo un espejo. Una mujer que canta acerca de un amor perdido toca a todo el mundo en algún nivel, y la experiencia emocional de cada persona se comparte o al menos se refleja entre quienes participan de la experiencia musical. En ese momento todos podemos ser uno - estar juntos- conociendo, sintiendo y compartiendo la esencia de la pena, de la alegría o de cualquier cosa que se esté representando.


"En cierta forma, las teleseries han tomado el lugar de esas experiencias de vida a nivel masivo. Con ellas podemos llorar y debilitarnos sin que nadie nos vea, lo que es mucho más seguro que permitir que se expongan nuestras emociones. Pero es eso exactamente lo que me entristece de la naturaleza humana: el poco interés que tenemos en nuestra alma".


- Por favor, sueñe un poco. Le propongo una cita entre usted y Monteverdi. ¿Qué le diría?


- Me gustaría agradecerle por el regalo maravilloso de su música. Esperaría que él me dijera que está feliz con el modo en que nosotros hemos tratado sus obras con la esperanza de hacerle justicia".


- Y en la misma vía, ¿si a la cita se unieran Dowland, Shakespeare y Purcell...?


- A Dowland le diría, gracias por recordarme mi alma. A Shakespeare le pediría excusas por la desaparición de su hermoso lenguaje. Y tanto a Henry como a Daniel Purcell, les agradecería por extender mi calidad dramática en el canto.


- ¿Qué sentido profundo tiene, en la actualidad, el "Lasciatemi morire" de la Ariadna monteverdiana en la versión de Evelyn Tubb? Está ahí el mito de la mujer abandonada que acompaña toda la historia de la ópera.


- La verdad es que en estos días me siento un poco como una mujer abandonada. Estoy segura de que si tuviera que cantar "Lasciatemi morire" hoy podría hacerlo incluso de manera realista. A diferencia de Ariadna, tengo la suerte de ser querida por muchas personas, aun cuando viva sola. ¡Estoy segura de que soy más feliz que ella!".


- Según su punto de vista, ¿puede un cantante incluir en su espectro a Monteverdi y a Dowland y también a los compositores de este siglo?


- Sí, aunque se necesita una sutil sensibilidad para captar el espíritu de cada estilo. Como cantante, creo que soy primero que todo una narradora, porque trabajo con textos. Teniendo eso presente, cualquier texto que me atraiga - ya sea de Dowland o Dylan- debería poder representarlo con integridad, si realmente escucho lo que el compositor/poeta está tratando de decir e intento comprender su estilo de expresión.


"Dowland, Dylan y Puccini han expresado los mismos sentimientos y dramas humanos, pero cada uno lo ha hecho de forma única. Nosotros tenemos que estar en armonía con su lenguaje y responder a éste sin ideas preconcebidas".


MÚSICA Y MORAL CONVENCIONAL


- ¿Qué recomendaciones daría a los jóvenes que comienzan a introducirse en el mundo de la música?


- Siempre estimulo a mis alumnos a que corran riesgos y que quiten algunas de las pesadas barreras que se han levantado en torno a la interpretación. A que no sean tan rápidos para juzgar y que tampoco tengan miedo de los juicios, ya sean de ellos mismos o de otros, sino que hagan lo que su corazón les diga que está bien.


- Algunos han dicho que los últimos años del siglo XX fueron una especie de recuperación del Romanticismo, aunque exacerbado por los hechos de esos años. ¿Está de acuerdo?


- Me parece que no. Esa recuperación del romanticismo se ve en algunos lugares, pero minoritarios, desafortunadamente. Siento que vivimos en una época bastante desfavorable, de mucha superficialidad y de apuro por hacer que todo suceda más rápido. Hay una necesidad tremenda de que cada experiencia supere a la anterior.


"Las cosas de verdad bellas se ven muy rara vez: las capas de codicia y materialismo se vuelven más gruesas y pesadas, en forma muy similar a un maquillaje espeso. El romanticismo, para mí, es belleza y amor. Si existiera en alguna parte, ¡reservaría un pasaje sólo de ida a ese lugar mañana mismo!".


- ¿Cómo observa estos años y el fenómeno sin fin en torno a la Música Antigua?


- Creo que la Música Antigua ya está formando parte del repertorio en boga. Espero que no pierda su integridad y que el afecto por los diferentes estilos de canto en que todos hemos estado trabajando tan duro no se pierda una vez más en el síndrome de "un sonido para todos los estilos".


- ¿Se puede prescindir de la calidad de las personas en la evaluación artística de ellas?


- A la gente le gusta pensar que se puede, que no importa qué tipo de persona usted sea, mientras entregue lo necesario. Pero a mí sí me importa, profundamente. He tenido el privilegio de trabajar con gente encantadora a través de los años, como Michael Fields y Anthony Rooley, y no me gustaría hacerlo con gente egoísta, ególatra y explotadora, sin importar lo talentosa que parezca ser, o lo bueno para mi carrera que pudiera ser.


"La música es corazón, y no creo que una persona sin corazón pueda ser verdaderamente un buen músico, en el sentido superior de la palabra. No estoy hablando de moral convencional, sino del comportamiento ético más profundo, que proviene del reconocimiento de que lo que hacemos a otras personas nos lo hacemos a nosotros mismos. Creo que si las artes pudieran inspirar las creencias religiosas, tendríamos menos conflicto, menos regímenes y menos dogmas formales".


"Los músicos y artistas siempre se comportan de un modo no convencional y a menudo esto es más ético y humano que con lo que el mundo normal se siente cómodo, pero hay algunos entre nosotros que, tristemente, también actúan por los mismos motivos egoístas que otras clases sociales consideran aceptable... No creo que debiera ser así en el arte. Nosotros tratamos con grandes verdades y gran belleza, y las actitudes materialistas superficiales ensucian esa grandeza. La música de Monteverdi es muy sincera y clara, y emocionalmente generosa. Aquellos que desean cantar su música tienen que tener esas mismas cualidades. Lo que no es poco".


- Sus recitales hacen mucha referencia al teatro y al sonido, pero también al silencio: hay espacios marcados de pausa y usted parece contemplar a veces cómo la voz se diluye hasta perderse. ¿Qué sugiere para educar a las audiencias respecto del silencio?


- El silencio es una experiencia muy personal, y para muchos está lleno de temor y ansiedad. Todos tendremos que encontrar nuestro propio lugar silencioso en que nos sintamos seguros y no amenazados. Un sitio que pueda ser edificante y curativo. En cuanto a educar a la audiencia, creo que depende de la sensibilidad y valor del artista el conducir suavemente a las personas hasta ese lugar seguro, de modo que jamás se perturbe lo que puede ser una experiencia mágica.


"Esto requiere de gran habilidad y de gran humildad de parte del artista, quien tampoco debe afirmar que tal experiencia es su propia creación. Sólo somos los sirvientes de ese lugar sagrado que se produce en el encuentro del sonido y el silencio. Uno no puede existir sin el otro, pero muchos de nosotros tendemos a olvidar eso".


- ¿Algún sueño escénico que quisiera ver cumplido?


- Me gustaría asistir a una velada de cantantes jóvenes utilizando toda su autenticidad y habilidad para cambiar el concepto de los recitales. Haciendo de ellos no una experiencia aburrida sino un presente conmovedor, vivo, vital.
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