"La expresión es parte de la técnica"

14 de Mayo de 2000 | 00:00 |
El pianista español regresa a Chile para interpretar el Concierto en Sol de Ravel, junto a la Orquesta Sinfónica de Euskadi. En entrevista con "Artes y Letras" revela que el piano es para él como una droga, y da cuenta de sus relaciones genéticas con las ciencias y del ambiente musical con que vibraba su casa natal.


Por Juan Antonio Muñoz H.


"Velocidad, precisión y potencia son elementos técnicos, pero ¿se ha considerado que un pianísimo casi inaudible es técnico también?"

Joaquín Achúcarro es de esos pianistas de primera línea que nunca han hecho alarde y que parecen retraídos en relación con otros nombres más expuestos. Achúcarro no es un pianista-estrella, en suma, pero sí un artista reconocido y respetado, dueño de una carrera muy variada y de una actividad internacional constante desde su triunfo en el Concurso de Liverpool en 1959.

Achúcarro (Bilbao, 1932), quien vuelve a Chile para actuar con la Orquesta Sinfónica de Euskadi, ha actuado en 56 países y su carta de presentación exhibe un repertorio amplísimo, desde el Barroco al siglo XX, con capítulos profundos de música centroeuropea; otro de amor completo por franceses como Debussy y Ravel, con Fauré esperando su turno, y todavía otro de gran aplicación sobre la música española: una de sus marcas es haber interpretado "Noche en los jardines de España", de Manuel de Falla, 130 veces.

- Usted es de Bilbao y en esta nueva visita a Chile viene con la Orquesta de Euskadi. ¿Es importante para usted provenir del país vasco?

- Sin duda que la tierra natal deja en el alma de un hombre algo importante. La infancia y la juventud marcan para toda la vida. Pienso que la raza vasca es bastante misteriosa y eso lo llevamos los vascos dentro, dice al teléfono desde San Sebastián.

- ¿Misteriosa en qué aspecto?

- Pues en que se desconocen sus orígenes. Hasta los parentescos de la lengua vasca son un misterio. Mire, mi grupo sanguíneo es AB negativo, muy escaso: es el grupo vasco.

- Usted es hijo de una familia vasca que no estaba muy convencida de que se dedicara a la música. ¿Qué fue más difícil? ¿Convencer a la familia o decidirse entre la física y la música?

- La verdad es que contentar a la familia; yo estaba decidido desde los trece años. Las cosas terminaron dándose por sí solas, porque física estudié bien poco. De partida, la distancia entre ambas facultades era grande y tenía que tomar un tranvía, lo que implicaba un gasto de tiempo enorme, que me impedía poder hacer las dos cosas bien. Era un disparate. Mi familia, en tanto, consideraba un disparate que me dedicara a la música. Así, a los 17 me animé y les comuniqué mi decisión.

- ¿Ese parentesco suyo con Eduard Grieg, el compositor noruego de "Peer Gynt", lo marcó de algún modo? ¿Fue eso importante para usted al elegir su carrera?

- Mi bisabuelo, que tenía apellido Lund, estaba emparentado con Grieg y algo se transmitió en los genes porque yo soy tirando a rubio. Pero en lo musical lo de Grieg no me influyó. Mucho más me aportó el ambiente de mi casa, que a pesar de no ser favorable a que me dedicara profesionalmente a la música, tenía una larga tradición musical. Mi padre tocaba bastante piano y mi madre cantaba. La afición a la música era enorme, pero estaban al tanto de lo difícil que es la carrera musical. Además, tenía un tío abuelo que era casi un pianista profesional. El inauguró la Sociedad Filarmónica de Bilbao, en 1896, tocando el Concierto en Re menor de Mozart. Para el cincuentenario de esa Sociedad, lo hice yo. Uno de los momentos que me determinó fue esa experiencia. Y la música sigue en mi casa; mi esposa, Emma Jiménez, que irá a Chile conmigo, es pianista también y mis hijos son muy conocedores.

- Usted no siguió el camino científico, pero su hijo es ingeniero y su hija es doctora en Ciencias Físicas de la Universidad de Cambridge y su monitor fue Stephen Hawkins...

- Bueno, sí, parece que algo de esos genes científicos los he transmitido. El hermano mayor de mi padre también era científico; se lo veía como sucesor de Ramón y Cajal en España. El murió a los 37 años y creo que hasta ahora se enseña el método Achúcarro de la tinción de las células nerviosas.

- ¿Observa relaciones de sentido entre la física y la música?

- Una relación puramente física. Desde Pitágoras sabemos que el sonido forma parte de la física. Toda la música tonal está basada en sus leyes. Pero la experiencia musical no tiene nada que ver con la experiencia científica. Me refiero a lo espiritual.

Bach en piano

- En Chile va a tocar a Ravel (Concierto en Sol Mayor para piano y orquesta, 1930-31). ¿Hasta qué parte del siglo XX llega?

- Bueno también he tocado a Cristóbal Halfter, hice algunas obras de Montsalvatge recién salidas del horno. Bartók cómo no... He tocado cosas contemporáneas-contemporáneas y he hecho mi deber.

- Usted ha interpretado muchas obras de Federico Mompou (1893-1987, compositor y pianista catalán, dueño de una obra muy personal de carácter íntimo y lírico).

- Sí, pero no todas las que quisiera.

- ¿Siente a Mompou emparentado todavía con la tradición romántica?

- Sí. Hay vínculos con Scriabin y Chopin. Su música es extraordinaria. Tuve la alegría, la suerte y el honor de conocerlo. Era un gran artista y además un hombre de una bondad increíble, lo cual no quitaba que tuviera su humor muy a flor de piel.

- ¿Qué le parece tocar Bach en piano y no en clavecín?

- Pues me parece muy bien.

- Hay quienes dicen que se traiciona a Bach si uno cambia el instrumento.

- Pues hay también quien dice que hay que tocar a Bach en piano y ese soy yo. Bach creaba con absoluta libertad. El mismo transcribió para flauta una sonata para violín. ¿Se imagina que no pudiéramos tocar a Mozart sino en fortepiano? Eso es una limitación enorme. Si es por escandalizarse tendríamos que escandalizarnos también por las transcripciones para piano que hicieron Liszt, Busoni, Rachmaninoff.... Todo esto siempre depende del buen gusto de quien interpreta.

Amor y buen gusto

- Varios pianistas han dicho que mantienen una relación de amor-odio con el piano. ¿Usted lo ha odiado alguna vez?

- Odio, lo que se dice odio, nunca. Pero en alguna ocasión lo he golpeado con rabia. Todo el que es pianista está atrapado por su instrumento. Para mí, el piano es droga.

- ¿Qué exige usted de un piano?

- Desde luego, buenos bajos y un pedal que funcione bien. Que estén equilibradas las zonas de bajos y de agudos.

- Se lo pregunto porque los pianistas no pueden viajar con su instrumento y están librados a la suerte del que encuentren donde deben tocar.

- Pero todos sabemos que eso es parte de nuestra profesión y que tenemos que adaptarnos a las condiciones. Uno siempre depende del instrumento, pero también de la acústica del local. Hay imponderables en cada concierto; bueno, eso es lo que hace nuestra profesión tan excitante y maravillosa.

- Usted dijo en una oportunidad que la música es un grito de auxilio del compositor. ¿Qué quiso decir con eso?

"Pues, simplemente, que el compositor no puede poner en la partitura todo lo que quisiera. El sistema de notación musical es imperfecto e incompleto. Un acorde de cuatro notas puede sonar de cuatro maneras diferentes, dependiendo de la intención. La verdad es que la partitura es como un jeroglífico que hay que resolver, pero hay que saber que lo que dicen las notas es lo que de alguna manera ha querido decir el compositor. Tocar las notas tal y como están no revela nada. El pianista tiene que tratar de clasificar eso que está ahí para entregar un mensaje emocional a quien está escuchando.

- Es decir, el compositor depende del intérprete.

- Del buen gusto del intérprete, sí. El compositor pone en notas su música, pero hay matices que no se pueden trasladar a notas. Las indicaciones piano, pianissimo, forte, fortissimo dan ideas del camino a seguir, pero no del producto. El producto final depende del amor y gusto del intérprete.

- Algunos aseguran que la técnica pianística ha mejorado en detrimento de la musicalidad.

- Depende de qué se entiende por técnica. Velocidad, precisión y potencia son elementos técnicos, pero ¿se ha considerado que un pianísimo casi inaudible es técnico también? Pues lo es. La técnica es un gesto muscular, pero la expresión es también parte de la técnica.

- Sí, pero el músculo y el gesto tienen que obedecer a un sentido para ser expresivos.

- Pero es finalmente el músculo el que responde cuando el impulso es expresivo. Si el músculo no responde, el impulso expresivo no llega a ninguna parte. Ahora, sí creo que la técnica, aunque no es igual en todos, se puede aprender. Lo que pasa es que hoy la capacidad física para tocar el piano ha subido enormemente. La capacidad artística es inalcanzable y nunca se sabe si va o no a surgir, pero lo que pueden hacer físicamente en estos momentos los jóvenes pianistas es asombroso.

- Finalmente, ¿podría explicar un poco eso de que la técnica no es igual para todos?

- Hay unas técnicas que pueden producir unos efectos y otras que pueden producir otros; por eso, cada uno a lo largo de la vida encuentra su propia técnica.

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