Bach en el camino de Alfredo Perl 18/06/2000

18 de Junio de 2000 | 00:00 |
El pianista chileno vuelve a tocar en el Teatro Municipal, el jueves 22 de junio. Su repertorio de esta vez incluye Bach, Schoenberg, Beethoven y Schubert. "No creo que haya sólo una manera correcta de tocar a Bach", dice. "Es probable que haya más formas malas que buenas, pero el asunto no va por ahí, sino por buscar una naturalidad mayor en el discurso".

Por Juan Antonio Muñoz H.
(18/06/2000)


Apunto de cumplir 35 años (el próximo 25 de junio) y a un cuarto de siglo de su temprano debut, el pianista chileno Alfredo Perl observa que ha construido un camino sólido, que la consigna de hoy es perseverar y que si bien su "carrera" no ha sido "meteórica", la forma en que se han dado las cosas le dan "una enorme tranquilidad" y la perspectiva de una vida artística larga, de crecimiento y desarrollo constante.


- Viene de tocar en Leipzig. ¿Bach?

- No. Fue de esas cosas de último minuto. Hice el Concierto número 4 de Beethoven.

- Leipzig es una ciudad tan pendiente de Bach, estamos en el año Bach y ahora aterriza en Santiago para hacer Bach.

- No lo hago desde hace mucho. Más de 15 años. Tenía desde hace bastante tiempo la intención de volver a tocar Bach, de manera que esto no tiene tanto que ver con las efemérides.

- Aquí hará la "Fantasía Cromática" (BWV 903). Es bastante especial su programa: parte con Bach, sigue con Schoenberg,Beethoven y Schubert.

- Sí. Bueno, Schubert está en la segunda parte del programa. Solo. Hay una relación entre las obras; en especial en la primera parte. Tiene que ver con el cromatismo y la armonía. Lo que pasa es que la "Fantasía Cromática" es una obra, como ya dice su nombre, muy cromática, de muchas modulaciones armónicas; ahí está el puente hacia Schoenberg. Para Schoenberg, el postulado era dar el paso desde las tensiones armónicas y del cromatismo a lo que él llamaba "emancipación de la disonancia": ya no había una diferencia cualitativa, de rango, entre la disonancia y la armonía. Su Suite para piano (Opus 25) es la primera obra escrita sobre la base de doce tonos; es decir, la primera obra dodecafónica. Y hay dos aspectos que sí tienen relación con Bach. Primero, que se trata de una suite, un modelo que desarrolló Bach a través de movimientos de danzas; en el caso de Schoenberg, son danzas estilizadas. Es decir, no va a ser muy fácil descubrir el ritmo de la danza en la música, pero el espíritu está.

"Dentro de este Schoenberg hay una innovación en el lenguaje musical, pero haciendo referencia a una forma musical arcaica, antigua. La últimas cuatro notas de la serie de doce tonos forman BACH; es decir, Si bemol, La, Do y Si".

- Beethoven y su Sonata Opus 31 número 2 "La tempestad" vienen antes del intermedio.

- Yo escogí específicamente la sonata "La tempestad", porque en el primer movimiento hay vínculos con Bach. En la reexposición hay dos momentos donde, desde la lejanía, suena un recitativo que podría ser de Bach. El oyente, en términos auditivos, va a sentirse bastante cómodo escuchando este programa.

- En la segunda parte está la Sonata en Si bemol Mayor D. 960 de Schubert.

- Desde hace mucho tiempo tenía deseos de incluirla en un programa.


Las "Goldberg" En camino

- ¿Qué le sucedió al enfrentarse otra vez a un programa con Bach? ¿Siente que cambió algo en usted desde esas antiguas interpretaciones?

- Sí. Lo que pasa es que la música de Bach requiere, básicamente, de una misma característica en dos niveles. Hablo de claridad en la técnica y de claridad mental. También necesita mucha fantasía, porque es música muy amplia en cuanto a posibilidades de interpretación. En Bach, las diferencias pueden ser bastante extremas, lo que no se da en el repertorio clásico-romántico. Creo haber avanzado en esos dos aspectos.

- ¿Le ha interesado alguna de las discusiones en torno a cómo ejecutar a Bach hoy?

- No. Para mí no ha sido nunca un tema de mucha importancia. No creo que haya una manera correcta. Es probable que haya más formas malas que buenas, pero el asunto no va por ahí, sino por buscar una naturalidad mayor en el discurso, una mayor libertad.

- ¿Le ha servido escuchar a otros pianistas?

- No tanto escuchar a otros pianistas o clavecinistas cuanto sí lo que hacen violinistas y cellistas. Las suites para cello y las sonatas y partitas para violín son realmente las obras en que el lenguaje musical de Bach está de forma más pura. Violinistas y cellistas, en general, tienen más libertad y se encuentran con la música de Bach de una manera más libre y más simple que los pianistas, que siempre estamos contaminados con esta discusión sobre si es legítimo o no tocar a Bach en piano o si siempre hay que hacerlo en clavecín. Yo creo que ésas son cosas importantes, pero no es la esencia de la música.

- ¿Está interesado en ahondar en el repertorio de Bach? ¿Las "Variaciones Goldberg", por ejemplo?

- Sí. Me encantaría hacer las "Goldberg". No las he hecho nunca. Yo creo que están en el camino.

- ¿Hay algunas otras cosas que están en el camino?

- Seguro. Me imagino que la pregunta es si sé de algunas de ellas... (ríe). Hay cosas que quiero abordar y ya siento que estoy preparado. Chopin, por ejemplo, y las "Variaciones Goldberg".

- Un tour de force las "Goldberg", ¿no?

- Yo creo que ni tanto. Más bien las veo como un juego, como una obra muy lúdica. Claro que hay que llegar a poder. Sin duda es de esas obras monumentales, como las "Variaciones Diabelli". Pero yo creo que el ideal es que el intérprete no las vea como un tour de force porque ahí se pierde un poco la esencia de esa música.

"También me interesan Debussy y Ravel, y otros compositores poco conocidos. Pretendo abrirme un poco. Hasta el momento he estado muy centrado en las sonatas de Beethoven y en el repertorio romántico".

- ¿Y la dirección orquestal?

- Últimamente se me ha clarificado que en el piano hay mucho que hacer y que eso requiere concentración. Eso no implica que no quiera o que esté cerrado a la dirección, pero por lo menos no veo como meta ser director.

- ¿Ha seguido dirigiendo? ¿Qué repertorio?

- Sí. Básicamente el tipo de repertorio que dirigí en Chile. Conciertos de Mozart y obras sinfónicas de esa índole y época. No me he metido en sinfonías de Brahms...

- Ni con Bruckner... Imagine un anuncio: Alfredo Perl dirigirá Bruckner.

- Por qué no... (ríe) Por qué no.

"Desorientación patética"

- ¿Qué sucede con lo que los managers y los medios de comunicación llaman "la carrera"?


- Estoy muy contento. Ahora veo la lógica de cómo se está desarrollando mi carrera, y ahora la entiendo y la acepto. No ha sido meteórica, pero la veo sólida. La cantidad y la calidad de las opciones han ido paulatinamente en aumento y eso me está dando la oportunidad de crecer en calma. Me refiero a desafíos de repertorio, a tener determinadas experiencias, a presentarse en grandes salas. Y todo eso no de un viaje. Pienso que eso es positivo y me da una enorme tranquilidad y la perspectiva de una carrera larga, de crecimiento y desarrollo constante.

- ¿Cuáles son, a su juicio, los criterios que manejan las grandes casas discográficas para la contratación de artistas exclusivos?

- Do you really want to know...? (ríe) Cuando usted sepa, me avisa, porque yo no lo sé. En estos momentos hay una desorientación patética en los programas artísticos de los grandes sellos.

- Es verdad. Uno encuentra trabajos de mayor valor en casas más concentradas como Hyperion, Opus 111 y hasta en Naxos...

- ¡Y en Arte Nova...! (ríe, refiriéndose a la casa discográfica donde han aparecido sus últimos discos). Yo creo que esto viene desde hace mucho tiempo. Se ha empezado a tomar decisiones de tipo artístico de muy corta mirada y con criterio comercial. Esto es reconocido y no estoy cometiendo ninguna indiscreción al decirlo. Es así nada más. Ahora, ¿por qué ha sido así?, vaya a saber uno.


- ¿Tiene algún proyecto discográfico?

- Estoy por terminar uno. Consta de cuatro discos con música de Liszt. Primero, música para piano solo, que ya está lista y que salió a la venta. Son obras de los años de Weimar: la Sonata en Si menor, la Sonata Dante, los Sonetos de Petrarca, la Balada, Mephisto Waltz... Y un desafío enorme: los "Estudios de Ejecución Trascendente", que preparé especialmente y que yo veo como poemas sinfónicos para piano. Son nuevos en mi repertorio. Las demás son obras que yo había tocado. La Sonata de Liszt la toqué a los 16 años la primera vez...

- ¿A los 16 tocando Liszt...?

- Bueno, en algún momento tenía que hacerlo... (bromea). En verdad fue un repertorio acumulado en más de quince años. Quedan por grabar los conciertos, que serán con la BBC Symphony Orchestra. El director todavía no está definido.

- Podría ser usted mismo...

- (Se ríe) ¿Se imagina? ¡Pendiente del piano de Liszt y de su orquesta!

"Otro proyecto discográfico para el próximo año es la obra completa de Schoenberg; en el fondo es sólo un CD, pero de gran densidad. Píldoras concentradas".

- ¿No ha pensado trabajar con cantantes algún ciclo de Lieder?

- Sí. Pero no lo he hecho. No es una prioridad. Estoy esperando el encuentro con alguien afín. Sigo estando bastante activo en el campo de la música de cámara, siempre en colaboraciones de trabajo musical muy intenso, de manera de ir madurando las obras. Trabajo con el cellista Guido Schiefen, con quien toqué el año pasado en Chile, y con el violinista Benjamin Schmid. Hay proyectos de grabación con ambos.

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