"Zurita, poeta militante". Por Ignacio Valente

Crítica al último libro del poeta Raúl Zurita, "Poemas militantes".

23 de Agosto de 2000 | 13:46 | Revista de Libros, El Mercurio
Ignacio Valente
Publicado en Revista de Libros de El Mercurio
Sábado 10 de junio de 2000

RAUL Zurita escribió, en Purgatorio y Anteparaíso, algunos de los poemas más brillantes y originales de las últimas décadas en Chile. Años después, su monumental La vida nueva, un intento de summa poética - épica y lírica- no llegó a la altura de sus obras primeras. Ahora nos presenta un libro muy breve y ligado a la contingencia política - la elección del Presidente Lagos- , con el título emblemático de Poemas militantes.

Los dos hilos conductores de esta obra son la militancia (cívica, política, social) y el amor (a la amada, a las gentes, al pueblo). Son hilos que a ratos se alternan entre sí, pero que en los mejores momentos se entrelazan, y este tejido de amor y militancia es el mérito mayor del libro. Uno de sus más altos poemas, tras describir las ruinas presentes o futuras de toda construcción humana - desde el Partenón a la Torre de Eiffel- , postula por contraste: Y sin embargo hemos erigido monumentos/ imperecederos:/ dos miradas que se cruzan, por ejemplo,/ mi amor por ti, por ejemplo, que me precede en/ miles de miles de años/ y que me sobrevivirá hasta que el último de los/ hombres contemple/ el último de los atardeceres.

No es éste, por cierto, un poema militante, sino un poema de amor, o un poema a secas. Pero, a estas alturas, no tiene sentido hacer cuestión del engagement político de la literatura (como solía hacerse en los años 60 del siglo pasado). Si los poemas de esta obra no están, en general, a la altura del Zurita anterior, ello no se debe a su carácter militante, sino a la declinación de su lenguaje, o - lo que viene a ser lo mismo- al sacrificio o la hipoteca que su lenguaje concede a la mera militancia. La Causa resulta aquí externa a la poesía, y viceversa; ambas declinan en favor de una tercera realidad, psicológica y privada: el entusiasmo del autor, el ímpetu sentimental del autor.

Comencemos por el principio (Canto I): Cantemos, sí mar, un poema militante. El poeta habla de su poema un poco a la manera de Pound (Come, my songs...), jugando con lo inmaterial/ material de los cantos (excelente posibilidad). Un poema que horade las aguas/ igual que las aspas de esos vapores fluviales/ que no hemos visto nunca. La imagen del poema que horada no es feliz, y el mejor verso del Canto es esa observación dicha al pasar (que no hemos visto nunca). Abundan a continuación los versos convencionales, como Cantemos entonces un poema de circunstancias/ que comience en el nuevo milenio/ y que no se termine, un poema lleno de consignas como el cielo/ pero más ancho que el cielo, un poema que tenga miles y miles de banderas, etcétera.

La poesía de Zurita tuvo siempre una dimensión más o menos utópica, mesiánica, cósmica, casi mística. Esa dimensión, presente en este libro, le queda grande - grandilocuente, grandílocua- al asunto, el nuevo gobierno. No corresponde a la crítica literaria juzgar si en enero pasado comenzó o no la nueva era chileno-cósmica (como tampoco le correspondería, en otros casos, juzgar si comenzó o no la era de Acuario o el Milenio apocalíptico). Pero sí le corresponde juzgar si un tal advenimiento, dicho en determinado texto literario, se verbalizó o no, se encarnó en palabra poética o no.

En estos poemas, tal sueño del alba de un nuevo mundo se postula, pero, en términos generales, no se verbaliza como poesía; el lenguaje se infla, se adjetiva de más, recita a toda voz - como dice el Canto X- , pero no suele contener una realidad en y por la palabra: Cantamos entonces hoy en las plazas,/ en todas las calles/ porque somos un mar henchido de mares/ y cantamos a la aurora que somos/ (...)/ Sí, escucha: eres tú mismo con tus banderas el/ que habla,/ el transatlántico del mar que flota/ y bocinea cantando/ porque se han vuelto a abrir las anchas alamedas.

El rumbo de estas ganas de cantar es indeciso, y sólo a ratos acierta con las imágenes adecuadas. Hay aquí un plus de adhesión a la Causa, que resulta extraliterario. Una muestra decidora son los sendos poemas dedicados a Pinochet y a Lagos. En el primero, percibimos que una cosa es maldecir (ah, maldito,/ maldito entre todos) y otra cosa es hacer palabra poética de la maldición, como León Bloy (que en realidad nunca maldice; digamos, vitupera con enorme talento). En el segundo caso, el plus extraverbal de adhesión (Presidente, Su Excelencia, Compañero) tampoco se hizo verdadera poesía. Además, este poema contiene todo un planteamiento poético-político, pero no sabemos bien cuál es, porque se disipa en las imágenes y no se aclara.

Poemas militantes constituye el noble arrebato cívico de un poeta, arrebato demasiado henchido de la retórica del nuevo milenio. Si Zurita torna - como tanto deseamos- a sus calidades anteriores, tendrá que ser a costa de una dura ascesis, de una catarsis y una renovación creadora.

POEMAS MILITANTES
Raúl Zurita.
Dolmen Ediciones, Santiago, 2000, 33 páginas.
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