Testimonio de una sobreviviente de Auschwitz

Judith Klein es una de las pocas miles de sobrevivientes al campo de prisioneros nazi de Auschwitz. A sus 75 años hace un doloroso recuento de esa experiencia, en que perdió a padres y hermanos, con el libro "Semillas de Dios", en el que surgen los nombres de Josef Mengele y Francois Miterrand.

SANTIAGO.- A sus 75 años, nadie creería que detrás de esos bellos ojos claros y piel suave, se esconde -con cierta voluntad- un triste pasado, si consideramos que Judith Klein es testigo de uno los episodios más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial.

La marca numérica en el brazo, las pesadillas que se asoman de madrugada, la muerte de su hermano y padres, el milagro de no ser tocada con la varita de Mengele y un libro -demoró 30 años en escribirlo- que recoge su drama de adolescencia, le recuerdan que fue unas de las 200 mil personas que sobrevivió al campo de concentración de Auschwitz.

La autora Judith Klein.Sitio de los nazis reconocido por su baja tasa de detenidos que salieron vivos, tras la ocupación de los aliados -se dice que ingresaron un millón 300 mil judíos-, debido en parte a los miles de experimentos genéticos del científico alemán Josef Mengele y la rutina diaria de las cámaras de gas y los crematorios.

Esta es la historia de Judith Klein (Beregszász, Checoslovaquia, 1925), mujer que tituló su biografía Semillas de Dios, ya que tras esa macabra experiencia, rehizo su vida en Chile desde 1957 con sus hijos Gyury y Zsuzsika. Acá nació su tercer pequeño, Sandy, y luego vendrían sus ocho nietos y su primera bisnieta.

"Es un regalo de Dios, me dio vida para dar vida, fui una semilla, y quiero que este libro ayude en parte a terminar con estos odios, las guerras, que haya paz y amor entre distintas personas", afirma la autora que, entre sus recuerdos de Auschwitz, dice haber estado cercana a Josef Mengele y Francois Miterrand.

¿Por qué escribió el libro sobre Auschwitz? ¿una terapia a tanto dolor?

"La verdad es que no quería escribir este libro, lo que pasa es que no quiero que me duela más el corazón por lo que viví. Me recuerda mucho sufrimiento. Antes de la invasión comunista de Hungría a algunas ciudades de Checoslovaquia, mi familia tenía buena situación, no faltaba nada, teníamos unos padres maravillosos -cuatro hermanas y un hermano-, pero en 1938 cambió nuestro país. Llegaron los húngaros en Checoslovaquia, creímos que sería maravilloso, pero con los húngaros empezó la terrible cosa, porque mandaron órdenes sobre los judíos".

Lo primero fue llevarse a su hermano Sanyi...

"Se burlaron: mi hermano, único, se lo llevaron el '39, cuando tenía 18 años. Llegó la milicia diciendo que lo reclutaban para soldado, pero no lo llevaron para soldado sino para trabajos forzados; a la semana llegó una carta que estaba bien, sin remitente, nunca supimos nada de mi hermano".

¿Cómo se comunicaban con él?

"Lo esperamos cinco años, cuando llegaba el cartero le enviábamos un paquete con comida y carta para él, para un remitente desconocido. Los soldados recibieron las direcciones de familias para que enviaran paquetes, muchas señoras sacaron de sus hijos la comida, y mandaron allá, y esos desgraciados comieron todo. Cuando nos liberamos supimos que a las dos semanas de su partida ya estaba muerto, lo habían matado en la cuneta de la calle".

Se les reprocha cierta cobardía o poca capacidad de reacción ante las detenciones...

"Puede que tuvieran razón, pero creo que no. Porque en 1939 llegó una ley que decía que de 18 a 25 años, se debían reclutar como soldados, cuando llegaron allá no salieron armas sino hachas, palas y llevaron a trabajos de fuerza; el '41 llegó ley de 18 a 35 años, ya no para soldado, sino directo a trabajos forzados. En 1942 llevaron a todos, todos, de 18 a 55, en 1944, quedamos los niños chicos, las madres y los viejitos ¿quién puede pelear? Ellos antes llevaron todo y después a nosotros, así que no creo que fuéramos cobardes, estábamos débiles, preocupados por los hijos".

¿Cómo recuerda la partida y el posterior regreso de su padre Vilmos?

"Mi papi tenía 54 años cuando con la ley los alemanes lo llevaron a campos de concentración. No sabíamos dónde estaba, mi mami se encontró con alemán de cargo, un SS, pregunta por él, quería saber la verdad. Tanto hablaron, ella le dio el nombre de su marido y se fue a la casa... a los días golpean la ventana y veo a mi papi en la calle, quebrado totalmente ¡lo mandaron por la conversación con mi mami! Eso significaba que había buenos alemanes también".

¿Adónde fue primero trasladada su familia?

"Nunca me olvido: trabajamos en unas minas de piedra, donde cortábamos la piedra, como esclavas. Un día me quería arrancar, porque veía un fundo, adonde había plantaciones de papas, fui allá, me llené de papas en una bolsa, cuando me doy la vuelta había dos soldados superiores, con rango. Me pregunta qué tengo, qué robe, dije que había sacado papas de la tierra y por eso no era robo. Les dije que venía de la mina, entonces me retaron porque era una fugitiva...".

¿Peligro de muerte?

"Les dije que me mataran, empecé a llorar y pedir que me mataran, no me podía matar porque los judíos no nos matamos, pero quería que me mataran porque sufrí mucho. Les dije: les gustaría que sus hijos se vean así, quiero que me maten altiro. Uno me toma en sus brazos y me dijo que no me iba a pasar nada. Hablaron con el jefe de la mina, paró el trabajo y todos a las barracas, estaban mis tres hermanas, una murió con el frío, se congeló de estar parada toda la noche afuera. Murieron como 100 personas esa noche, en las minas no tenían crematorio, se mandaban los cadáveres a la basura".

¿Y qué pasó con su rebeldía, con su escape?

"Me querían fusilar en la barraca por haber huido, todos los niños afuera mirando como me iban a fusilar, pero finalmente me llevaron a una pieza para que comiera algo. No había comido en todo el día, les dije que no quería esa comida, quiero que me traigan a mis hermanos, quiero ir a lavarme, quiero estar limpia para Dios. Me dejaron, pero no trajeron a mis hermanas. Me pegaron latigazos, mucho, estaba pura sangre, me quería morir, a los que se caían de la fila los mataban, les tiraban cal arriba para que no quedara olor; cada día morían ocho, diez... fue terrible, casi no quedábamos nadie".

¿Cómo recuerda el viaje en tren a Auschwitz?

"Nos llevaron en un tren de carga de animales, eran vagones llenos, cada uno con 70, 80 personas, no sé, pero no teníamos asiento, ni comida, ni agua. Y cuando empieza a partir el tren, yo jugaba en el tren, tenía en ese tiempo 17 años, y hasta cantaba, lento y más rápido, pero después empecé a escuchar gritos de agua, los niños empezaron a llorar, unos peleaban con otros, peleaban todos... los niños lloraron tanto, de repente me vi sola, empecé a llorar, por estar sola, una señora me hizo callar porque su guagua quería dormir, no podía ni gritar por mi padre, no tenía fuerza, y me quedé dormida...".

¿Qué ocurrió en la mañana?

Semillas de Dios"En la mañana por la ventana entra la luz, estaba amaneciendo, y le digo a la señora que me muestre su guagua. Quería hablar con ella, quedarme, la puedo besar le digo, la sentí muy fría, como hielo ¡me puse a gritar, me asusté!, ella me dijo que no gritara por la guagua que estaba dormida, ¡pero si está muerta esa guagua, está muerta!, le grité, y ella se saca su pecho y dice chupa niño, chupa, chupa. El niño no quería chupar, no quería comer, porque estaba muerto".

¿Fue muy dolorosa la separación de los niños de sus padres en los campos de concentración?

"No sé cuantos días anduvimos así, noche y día con niños muertos, cuando un día se para el tren, abren las puertas, y escuchó a los perros afuera. Dividieron a las mujeres de sus niños, decían que eran para los viejitos, pero las madres no querían separarse de sus guaguas. Empezaron a pelear con los soldados, una madre tomó la cabeza de la guagua, el soldado la pierna, ganó el soldado pues nosotros estábamos sin fuerza, por no comer en días, y la señora lloraba, los niños lloraban, y la guagua se azotó en la cabeza, llegaron los perros y se la comieron... las madres empezaron a gritar, de repente un señor dijo que toda mujer que tenga niños los diera para viejitos, nada pasaría, irían a colegios, kindergarten o salas cunas y los podrían ver en una hora determinada. Las madres creyeron y los entregaron sin saber que los llevarían al crematorio".

¿Hubo momentos bellos como en la película "La vida es bella"?

"Nosotros no teníamos remedio allá, nuestro único remedio era nuestro pensamiento y nuestros sueños cuando nos pegaban, cuando estábamos todos sangrando, a las tres de la mañana, parados en el patio en fila, oscuro, sin zapatos, congelados, con nieve... lo único que no nos pudieron sacar fue el pensamiento y nuestros sueños, esa esperanza de que algún día cambiaría".

¿Tuvo momentos factibles de escapar de Auschwitz?

"Sólo en mis sueños, real no ¿Le cuento un sueño mío? En la mañana me mandaron afuera y todos sacaron 200, 250 niños que botaron al camión y se los llevaron al gas. Estábamos afuera, con mucha nieve, cuando dijeron que fuéramos dentro, la mitad se quedó congelada, murieron de frío, llevaron al crematorio. Nosotras, con mis hermanas, no nos congelábamos porque íbamos al baño y nos mojábamos y bebíamos, así vivíamos para no congelarnos. Fue lo que nos salvó".

El milagro de Josef Mengele

Petición de matrimonio de Miterrand
Marcelo Cabello, El Mercurio Electrónico
Lunes, 25 de Septiembre de 2000, 11:23
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