Reponen "Europa", lo último antes del Dogma de Lars Von Trier

Premiada en Cannes, esta intrigante cinta de 1991 de uno de los fundadores del colectivo Dogma 95 narra la Alemania post guerra, dejando en claro la capacidad creativa y mirada personal del danés, aunque haya usado recursos técnicos que hoy niega a la hora de ponerse tras las cámaras.

04 de Octubre de 2000 | 16:03 | Marcelo Cabello, Emol.com
SANTIAGO.- "La sociedad alemana siempre ha demostrado las pasiones más extremas: en el carácter y las relaciones de los individuos y con otros países (...) Mis películas muestran mis obsesiones con el universo de la guerra", es la excusa argumental de Lars Von Trier para filmar una historia germana, ambientada post Segunda Guerra Mundial, que lleva por título, simplemente, Europa.

Palabras pronuciadas allá por 1991, cuando este destacado danés ni pensaba en el colectivo Dogma 95, esa agrupación cinéfila nacida en Dinamarca con un decálogo de estrictas normas de trabajo para "sanar al cine" de la maquinaria hollywoodense.

Es decir, Europa vendría a ser una de las últimas producciones de Von Trier, antes de adscribirse a desarrollar un cierto formato de películas, alabadas por todos al considerar la belleza lograda sólo con sencillez: sin música incidental, ausencia de trípodes en las cámaras, cero filtro de luz, sólo natural y, por cierto, que no figure el nombre del director en los créditos.

El director danés Lars Von Trier, hoy adscrito al movimiento Dogma 95De esta manera de concebir el cine, y el arte, este danés realizó Los idiotas, en que un grupo de profesionales se hacen pasar, públicamente, como enfermos mentales para burlarse de lo establecido, de lo burgués, pero no como una mera broma, sino como una filosofía de vivir.

Ese concepto extremo, sin concesiones, lo traía de antes el danés si se toma en cuenta Europa, rodada en 1991 y que obtuvo el premio del jurado de Cannes, y que a partir de este jueves 5 se repone en Cine Arte AIEP (Miguel Claro 177, teléfono 264 9698).

EL TIEMPO ALUCINANTE

Von Trier es un maestro de las sensaciones. Más allá de su actual postura "dogmática", la genialidad de su ojo fílmico, los planos y secuencias llevan al espectador a un mundo envolvente, en que a ratos descubre sus "trucos" pero, al segundo, recibe una sorpresa.

Es lo que ocurre con Europa, que narra las vivencias de Leo Kessler (Jean-Marc Barr), un americano que regresa a sus raíces alemanas, tras el conflicto bélico del '39, con el fin de trabajar en la tierra de su padre.

El ambiente no es el más propicio, pues es época de transición de la caída nazi y el traspaso de bienes y servicios a los aliados. La comunidad local se muestra reacia y algo incómoda con obedecer al idioma inglés y no alemán, en medio de un oscurantismo, destrucción, abandono y un reloj que obliga a pensar, a cada rato, en una decisión: quedarse a reconstruir la Patria o partir a nuevos horizontes.

El recorrido de Leo es el hilo conductor de la trama. No sólo geográfico -consigue un puesto en los ferrocarriles de su tío, que le permite "ver y percibir" Alemania post guerra- sino también emocional: se enamora de Katharina (Barbara Sukowa), la hija del director de la empresa de trenes Zentropa.

Es hora del cruce de lealtades -laboral y sentimental-, cuando Lars Von Trier logra su mejores momentos del filme, algo extenso en metraje, al usar también recursos que, años más tarde, rechazaría de plano por su militancia Dogma 95.

"Para Europa me he comprado un montón de juguetes técnicos", dijo Lars Von Trier. Es verdad, al dejar seducirse por los efectos que hace con la superimposición de imágenes, con capas en blanco y negro, también de color. "Podemos combinar dos imágenes que pueden ser filmadas con lentes diferentes", sostuvo.

El resultado es notable, como pocos, al igual que sus efectos naturales con Los idiotas o La celebración, esta última de Thomas Vinterberg. En Europa, la historia asume tintes hitchcokianos, de suspenso extremo, al ser secuestrada Katharine por los llamados "hombres-lobo" (niños adeptos al nazismo) que, horas antes, asesinaron a una pareja pro-aliados.

Leo, el aprendiz del tren, debe asumir el máximo de responsabilidades en un país que le es ajeno, el idioma extraño y la gente desconocida: desactivar una bomba, bajo la amenaza de muerte de su amada.
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