Señora Lucerito 03/11/2000

03 de Noviembre de 2000 | 00:00 |
A sus 31 años, la cantante mexicana siente que no es tarde para cambiar algunas cosas. Su estilo musical, por ejemplo. Pero su imagen de niña recatadita y mona no lo transa por nada. Porque, dice, la gente sabe que soy una joven de principios.

Pablo Márquez F.
(03/11/2000)


Lucero va en el asiento trasero de su auto, casi volando por las calles del Distrito Federal, para llegar a tiempo al estudio de Televisa. Con algo de atraso, la esperan en el set para grabar una escena clave de su teleserie, Mi destino eres tú, que en sus últimos capítulos por estos días mantiene a millones de mexicanos pegados al televisor.

En la ficción es una abogada joven, muy independiente, que lucha por la justicia y que cree y vive por amor. Y en el parlamento de esta tarde, aclara, su tortuoso destino por fin va a tocar tierra firme. Sólo puedo adelantar que voy a ser muy feliz, confiesa desde su teléfono celular, aparato que de tanto en tanto no resiste la distancia y le corta el habla.

Pero a Lucero, la eterna Lucerito, hoy de 31 años, le gusta conversar y vuelve a tomar contacto. Siempre risueña, con ganas de explicar por qué en su último álbum, Mi destino, suena y se ve tan diferente.

Lo que pasa es que este es un disco muy moderno, que representa una evolución en mí como intérprete y, sobre todo, a nivel de las canciones... Antes cantaba cosas muy bellas, pero probablemente un poco aseñoradas para mi edad. Y este es un álbum con sonido del año 2000, muy de acuerdo a lo que los jóvenes les gusta escuchar, es vivo y fresco, cuenta.

Y, claro, suena curioso. Porque lo dice una mujer que empezó a cantar a los 10 años, edad ideal para comenzar a trabajar el look de la chica sexy y adolescentemente irresistible. Pero hablamos de Lucerito. La hija perfecta. La que corría de la mano con Luis Miguel en Fiebre de amor. La que paralizó a México cuando, impoluta, le dio el sí a Manuel Mijares.

Siempre me pareció un poco raro el que (los ejecutivos de la industria musical) me quisieran hacer mayor, siendo que iba a tener mucho tiempo para ser mayor. Pero, bueno, en su momento funcionó y a la gente le gustó, pero deseaba hacer cosas más actuales... Es curioso. Ahora soy una señora y canto cosas más juveniles, pero me hacía falta hacerlo.

Y ocupó la mejor (y, a estas alturas, única) receta para tratar de brillar en ese segmento. Incluso cantando en inglés, muy en el estilo Jennifer López, con la mira apuntando derecho al mercado anglo por primera vez en sus 20 años de carrera y 16 discos anteriores.

Pero ese no es el objetivo principal. No quiero dejar de cantar en español, sino que sólo estoy siguiendo los pasos de otros artistas latinos que están muy de moda en Estados Unidos. Hay que aprovechar, por qué no, ese boom latino.

Sincera, Lucerito. Transparente para confesar, sin pudores, que su indeleble imagen de niña buena nunca le ha molestado. Al contrario. Porque, dice, le cuesta proyectar algo que no es.

Imagínate... Tratar de aparentar que soy una rockera, reventada, con las uñas de color negro, sería ilógico. La gente sabe que soy una joven de principios, de valores y que trata de dar buen ejemplo.

Y si antes le molestaban un poco las críticas por sus quietas costumbres, cuando me decían ay, la Lucerito, tan linda, tan recatadita y tan mona, ahora está segura de que su forma de ser ha valido la pena.

¿Que si siempre he sido tan recatadita y tan mona? Pues sí, caray... Con mis evoluciones y crecimiento como cantante y actriz, claro, pero siempre conservando esa idea de ser decente, ser normal y un poco niña posiblemente.

Razón más que poderosa, se lamenta, para no poder aprovechar al máximo el excelente momento que vive en su país el cine, una de sus grandes pasiones.

Se están haciendo películas muy buenas, pero un poquito fuertes, con temas duros, tú sabes, los desnudos, las drogas, la violencia... Estoy buscando que alguien me proponga hacer una historia que yo llamo color de rosa, por la imagen que tengo. Y no sé si los directores tengan las ganas de trabajar con alguien como yo, pero, vamos, no creo que sea imposible.

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