Saramago: "Todo para ser feliz y no lo soy"

El Nobel de Literatura 1998 anda, de nuevo, por Chile. Trae bajo su brazo su nueva novela, "La caverna", que nos recuerda lo esquizofrénico del vivir actual. Aquí habla de ello, de su desesperanza individual y colectiva, pese a que -asegura- tener todo para ser feliz. "Y no lo soy", concluye.

10 de Noviembre de 2000 | 13:18 | Marcelo Cabello, Emol.com
SANTIAGO.- Saramago es la excepción a la regla. A la social, de todas maneras. Mientras padres y abuelos, con los años, se conforman con todo, o casi todo, este autor portugués no claudica en recordarnos lo mal que anda el mundo, nosotros, él incluido. Extraña esa "capacidad de indignarse", especialmente de lo que él llama "la obscenidad máxima" del mundo: la muerte por hambruna.

"Lo que es obsceno no es la pornografía sino morir de hambre, es la máxima obscenidad. La Humanidad permite que la gente, es decir la Humanidad, se muera de hambre. El mayor gasto en Europa son los cosméticos, con ese dinero se podría resolver el problema sanitario del mundo. Vivimos de una forma totalmente esquizofrénica: obsesión por el cuerpo, limpio, oloroso, cuidamos de esa cosa preciosa, del cuerpo, y vivimos en la basura. Si envían un aparato a Marte, me imagino que es más fácil llegar a nuestro semejante", sostiene este hombre, feliz y no, que carga el título de Nobel de Literatura 1998.

Así habla, y así es, José Saramago, autor de títulos polémicos como reflexivos, si anotamos en su hoja curricular El evangelio según Jesucristo y su mirada genuina sobre el catolicismo y labor social, bastante alejada -añade en el texto- de lo que verdaderamente quiere el devoto.

Está de nuevo en Chile, país que conoce en su mínima expresión. "Sólo sé de Isla Negra, Valparaíso. Conozco más a los chilenos, y decir que son buenas personas no me provoca esfuerzo, claro no todos, hay algunos que decirles antipáticos sería poco, al igual que en Portugal, usteden saben, también tuvimos dictadura y eso".

No hay que apretar en demasía a este reposado portugués para que se refiera a las demandas sociales y políticas, distintivo de sus páginas. "Veo que la lucha por las libertades, por la igualdad, en la dictadura, nos llevó a paralizarnos al encontrar la democracia. Se dejó de luchar. La democracia no es la meta, es el punto de partida, es cosa de ver el movimiento sindical en el mundo ¡está por las cuerdas! Se negocia el 0,3 por ciento del salario. Se ha perdido la capacidad de indignarse, la protesta".

Aun así, Saramago, el hombre, no el escritor, está feliz y ni tanto. "Tengo todo para estar contento: salud, familia, una mujer que amo y que me ama, una casa frente al mar, nietos, hija, dinero, que me gané con mi trabajo... todo como para no importarme nada en el mundo. Tengo el televisor apagado, la radio con música suave, el tiempo para vivir plenamente, claro a mi edad no es mucho, pero no puedo vivir tranquilo. Aunque tengo todo para, esa palabra obsesiva, todo, para ser feliz, y no lo soy. Nadie puede decir que está feliz en este mundo si mira a su alrededor, lo que pasa en el mundo es una tragedia".

Tragedia que nos repasa en el rostro con La caverna, su reciente novela, la primera post distinción sueca, que saldrá a la venta en diciembre bajo el sello Alfaguara. Historia que surge de un trayecto vehicular entre Lisboa y un bucólico pueblo; Saramago en auto y observa un cartel anunciando la venidera apertura de un centro comercial.

¿Qué pasó por su mente, don José? "Lo he visto sin ventanas, espacio cerrado, como una caverna, la de Platón, donde lo virtual se convierte en realidad. Una enorme contradicción eso de hablar de realidad virtual. Entramos y vivimos en la caverna, con tres polos claves en la formación de la mentalidad: el shopping, la discoteca y el estadio, ahí se forma la mentalidad nueva".
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