Federico Heinlein
5/9/1998
En la Santiago Community Church de Providencia, un recital del Estudio MusicAntigua yuxtapuso trozos vocales de fines del Renacimiento y glosas instrumentales ligeramente posteriores. Esto, que en la hoja impresa podía parecer poco ameno, resultó entretenido gracias a la excelencia de los ejecutantes y al ingenio con que, a veces, las glosas precedían a su modelo, alternaban con él o eran variaciones posteriores, cronológicamente correctas.
El bloque inicial glosas sobre páginas vocales italianas, compuestas entre 1539 y 1601 partió con un madrigal del flamenco instalado en Roma Jacobus Arcadelt, ofrecido por un cuarteto de cantantes, e instrumentalmente glosado a continuación. De “Amarilli mia bella” oímos primero la glosa instrumental por Jacob van Eyck, con dos flautas y laúd, y luego el original de Caccini por el tenor Gonzalo Cuadra.
Tres varones y la soprano Jenny Muñoz se lucieron en el madrigal “Ancor che col partire”, de Cipriano da Rore, entre cuyas glosas variadas hubo un párrafo solista de Gina Allende (viola da gamba) y Alejandro Reyes (clavecín). Sergio Candia director artístico de la tarde en flauta dulce, y Eduardo Figueroa (laúd) glosaron un balleto de Gastoldi, entregándose la fantasía de J. Van Eyck antes del original, donde la flauta dulce del profesor invitado, Manfred Zimmermann participaba con el quinteto de voces mixtas. Sin solución de continuidad se escucharon el bello madrigal “Festiva i colli”, de Palestrina, y sus glosas por Francesco Rognoni, con aportes notables de la soprano Silvia Urtubia y los flautistas.
Obras británicas y francesas se glosaron en la segunda mitad del concierto. Recién egresada de un curso de especialización en Inglaterra, la soprano Magdalena Amenábar ofreció con gran estilo tres valiosas canciones de John Dowland, oyéndose antes, entremedio o después de las glosas de mediados del siglo XVII de Van Eyck. Aunque éstas, generalmente, desmerecían en comparación a los originales, fueron entregadas con mucho donaire, como aquellas por Zimmermann desde el fondo del recinto o el eco de Candia desde la sacristía, sin que olvidemos las contribuciones musicales de Eduardo Figueroa, Gina Allende y el clavecín.
En una canción anónima inglesa destacó la soprano Silvia Urtubia sobre la calidez del violoncello de Rodrigo García y el trío de violas (Gina Allende, Ariana Stambuk, Nelson Contreras). Dio título a este recital la chanson “Doulce Memorie”, de Pierre Sandrin, parafraseada posteriormente por múltiples instrumentistas. Destacaron aquí la eufonía de las glosas por Diego Ortiz entregadas por Zimmermann, dos violas y el chelo y la jerarquía del original, interpretado por Jenny Muñoz, los tenores Cuadra y Contreras y el barítono Nicolás Oyarzún.
Acompañado por el laúd, Cuadra cantó la chanson anónima “Une jeune fillette”. Después de una Sonata de Francesco Turini con el brillante gorjeo de Candia y Zimmermann como glosa intermedia, terminó el espectáculo con el éxodo gradual de las cinco voces unísonas, flauta, laúd y violas, quedándose solamente el clavecín.
Por fallas de memoria es posible que haya algún error en este relato, pero quisimos hacer patente la picaresca variedad de la presentación. La concurrencia supo valorar la índole del programa, mostrando su aprecio en forma muy elocuente.