Orquesta y media 6/9/2004

07 de Septiembre de 2004 | 13:43 |
Orquesta y media

Íñigo Díaz 6/9/2004

Aunque caigamos en la majadería, hay algo que resulta inevitable de observar: las siluetas de los seis hombres de Fulano están presentes detrás de los diez integrantes de la MediaBanda. No tiene nada de malo por cierto, pero los músicos suelen incomodarse con ciertas referencias: tienden a confundirlas con “comparaciones”. Nadie, ninguno de las casi 300 personas que llegaron hasta el auditorio de la Escuela Moderna de Música, omitió esta similitud: “la MediaBanda suena como Fulano”, fue una apreciación más que recurrente, tomada al vuelo entre el auditorio. Y de hecho no tiene cómo no ser así, si el liderazgo en el escenario y las composiciones corren por cuenta del saxofonista Cristián Crisosto y de la cantante Arlette Jequier.

Si en los 80 y 90, Fulano grababa discos “normales” en extensión (unos consensuales 43 o 45 minutos), la hora y 18 minutos que completa el álbum Entre la inseguridad y el ego se convierte de pronto en una orgía interminable de música deschavetada. Y si a las audiciones del disco le sumamos esta actuación contundente con la interpretación casi al pie de la letra del material grabado por la MediaBanda, nos estamos arriesgando una sobredosis avant-pop.

Crisosto mantiene su acidez en los textos, humor negro en la transa con el público y la rigurosidad extrema en los arreglos para la mini sección de bronces formada por él mismo como jefe de fila (en los saxofones alto y soprano, y en la flauta traversa), más los notables aportes de dos hombres que perfectamente podrían desdoblarse hacia el jazz: Marcelo Maira (saxo tenor y flauta traversa) y Patricio Bracamonte (trombón).

Y aunque la cantante Arlette Jequier mantiene intacto su despliegue sobre líneas melódicas “scateables”, tiende a ocupar un segundo plano entre tanta savia nueva. Es lógico: el escenario y la orquesta están abiertos ahora para la irrupción de Regina Crisosto, su heredera musical natural (claro, si ella misma la parió hace 21 años). Como primera voz del grupo, Regina no sólo navega vocalmente con propiedad sobre estas canciones, sino que además se pone al nivel del resto de los sidemen practicando unas líneas “imposibles” para marimba sintetizada. “Esta mina es una Ruth Underwood chica”, comentan unos fanáticos de Frank Zappa al borde del escenario. “Pero podría tocar la marimba de madera”, dice otro. “Sería lindo”, concluye quien escribe.

La sección rítmica de jazz eléctrico jamás interrumpe el suministro de groove durante los 78:09 minutos reservados para el show: el teclista Daniel Linker, el bajista eléctrico Santiago Astaburuaga y el baterista Christian Hirth. Por algo son el trío de respaldo sobre el que se mueven las cantantes, la sección de bronces y los dos guitarristas adjuntos, cada cual en su propia onda: Diego Aguirre algo más funk, y Sebastián Ditrans en el “ruidismo”. Cada uno en su momento, sin estorbarse. Son maduros: ninguno está por sobre el otro. Y la música compuesta por un Crisosto que más sabe por el camino que ha recorrido que por lo talentoso que puede ser, cada miembro de la banda tiene su momento para lucirse como solista y exponer abiertamente la forma en que ve y siente la música. Es la nueva orquesta del momento. Su estructura formal no da para llamarla orquesta, pero la MediaBanda tiene la fuerza de toda una big band.
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