El Galpón de Víctor. Sábado 6 de mayo
El rock chileno de estos días ya no resiste el calificativo de "nuevo". El festival autogestionado del sábado último en el Galpón Víctor Jara no fue el primero ni el segundo en su tipo. Los músicos que actuaron allí llevan en promedio de cuatro a cinco años de actividad como lo probó el público que alcanzó a llenar el recinto.
Paulina Cabanillas F.
 Rock y estrenos: Guiso cerró la jornada en el Galpón Víctor Jara (foto: Aldo Benincasa). |
El fin de semana recién pasado, la revista "El Sábado" de este mismo diario publicó un reportaje firmado por Rafael Gumucio titulado "La generación post folclore. Los nuevos chicos de la música", que señalaba "... una generación sin ilusiones pero sin mayor resentimiento parece asomar la nariz lentamente". Podrán ser coincidencias, casualidades o contrastes de la vida, o tal vez el retraso típico de los cada vez menos soportables artículos de música de los medios de comunicación, en los que surge hasta el hartazgo como gran noticia la autogestión; o simple indiferencia, entiéndase como se quiera. Pero en la tarde del mismo sábado fue realizado en el Galpón Víctor Jara el festival "Grandes valores del rock actual", una nueva demostración de la existencia de bandas que, más que recién asomadas, llevan cuatro o cinco años instaladas en una escena musical que no necesita el apoyo de una industria, y que por algo han generado también un público que escucha, corea, canta, grita, baila y transpira junto a ellas.
La canción "Mejor tercero", de Leo Quinteros –el representante más nuevo del elenco–, que dice en una de sus estrofas "Todos están llegando primero / Yo no me apuro aunque sé que voy tercero / Hoy me olvidé de todo y disfruté allá atrás", calzó a la perfección para abrir el festival. Acompañado por Gonzalo Planet (bajista de Matorral) y Álvaro Gómez (baterista de Guiso, que reemplaza de momento a Cristian Sotomayor), el cantante y compositor basó su presentación en su segundo disco,
Leo Quinteros, ahora! y mostró lo que mejor sabe hacer, rock sobrio e íntimo que va creciendo en intensidad. Fue atentamente escuchado al igual que Matorral, el prolífico power trío liderado por el guitarrista Felipe Cadenasso, que reanudó sus presentaciones despachando un set de siete canciones de rock and roll torrencial, folk de tonalidades cálidas y psicodelia a velocidad de crucero, en las que se lució como nunca el baterista Esteban Espinosa (también cantante de Bocallave).
Gracias a canciones de Matorral como "Tras de ti", "¿Dónde está el chal?" y "Carne de cañón", los asistentes quedaron corporal y auditivamente listos para escuchar el combo eléctrico del grupo siguiente. Ramires! se alimenta del animal gordo y de estómago sin fondo que es el rock and roll, y presentó golpeadores éxitos como "Chico de ciudad", que a pesar de pertenecer a un disco aún no publicado ya es popular, "Imagen de un desastre", "Acción!" y "A tus pies". Así, tal cual, quedaba entre coro y coro el infaltable y saltarín
fan de cabellera larga que suda la gota gorda saltando desde el escenario en cada show del grupo.
Al rojo vivo
Mejor recepción no pudo haber tenido Yajaira: una sala a oscuras, un escenario iluminado desde atrás por una tenue luz roja y espectadores más prendidos que el fuego del infierno. Los integrantes del trío, Miguel
Comegato Montenegro (voz y bajo), Samuel Maquieira (guitarra) y Héctor
Piri Latapiat (batería) fomentaron ese calor y ánimo con un rock denso y volcánico que data de los inicios del grupo, en 1995.
El recinto se transformó en una brasa con las diabluras de la distorsión eléctrica, el bajo sofocante y la tensión dramática de la batería a lo largo de seis canciones, entre "Abre el camino" y "Dámelo". El paisaje oscuro y de ritmo espeso no dio respiro, y fue el punto álgido de la velada, con comentarios de algunos presentes del tipo de "ya me puedo morir tranquilo" o "¡de lo que te perdiste, fulanito! Vente altiro para acá".
La incandescencia dejada por Yajaira fue ideal para la actuación de Hielo Negro. Con un ruido pesado retumbando en las cabezas y en el galpón, literalmente, el trío puntarenense mostró una selección aguerrida de temas como "Cabo negro", "Cemento" y "Lobo estepario", con gesto rudo, árido y desafiante, en un derroche de actitud que el público agradeció.
El turno final fue de Guiso, guerrilleros del rock independiente. El cuarteto encabezado por los hermanos Alejandro (voz y guitarra) y Álvaro Gómez (batería), creadores del sello Algo Records, adelantó cuatro canciones de un próximo disco, y con "Olé olé", "El sonido", "Solución" y "Coerción" convencieron como siempre y demostraron que su sonido sigue aún siendo inflamable.
No fue el primer festival en su tipo, en un circuito que desde hace tiempo ya conoce la sordera de la industria discográfica y las facilidades que da la tecnología para evitar perder el tiempo con los sellos. Los grupos chilenos hace tiempo ya que aplican la idea rocanrolera y punk del "hazlo tú mismo".