Íñigo Díaz
Es difícil creer que éste no haya sido el más rockero de los cuatro conciertos que el guitarrista Mike Stern ha ofrecido en Chile desde que debutó en 1992. Así lo confirma un quinteto de seguidores del jazz eléctrico que estuvieron en las gradas de Santa Rosa de Las Condes (lugar no apto para escuchar música hoy en día) y que también fueron parte de los 40 fanáticos que le pidieron a Stern un enésimo bis esa noche de hace 14 años en el ex Teatro California. "Ése concierto fue más rockero, éste ha sido más pesado", apunta uno de ellos.
Y con razón, porque si el baterista Danny Gottlieb (miembro del Pat Metheny Group), presente en ese primer concierto de Stern, se manifestó como un golpeador polivalente la invitada de ayer sobrepasó las expectativas de la figura del "baterista de jazz". Ni siquiera fue una baterista de jazz fusión y ni siquiera de jazz-rock: Lo suyo era rock directo, pesado y de mujer. Su nombre es Kim Thompson, nuevo hallazgo entre los recién egresados de la Manhattan School of Music de Nueva York, tiene 24 años y una resistencia sobresaliente a las jornadas de alto rendimiento (después del concierto de Stern, tocó una hora y media más en la jam session del club Thelonious, con Claudia Acuña incluida).
Así resulta igualmente difícil de creer que la propia Kim Thompson haya sido además la baterista del quinteto de Kenny Barron que editó Images (2004). Un álbum de moderno jazz, no sólo acústico, sino además con instrumentación poco habitual para un grupo de esta naturaleza: flauta traversa, piano y vibráfono. Sólo sonidos amables. Entonces, cuando Kim Thompson aparece golpeando la batería de la forma en que lo hizo ("¡la resurrección de John Bonham!", dijo un fanático al aire), no queda otra que dar cuenta de la capacidad y la versatilidad que tiene la chica frente a su instrumento. Y eso se notó muy directamente en los pasajes más duros de un Mike Stern que envejece un año por cada quince años y que hasta usa la misma ropa de hace quince años.
Con su guitarra Fender modelo Telecaster, es claro que Stern tiene una vena blusera muy profunda, con un sonido definido hasta en el último detalle y que afortunadamente se aleja del ya añejo "héroe de la guitarra": tipos como Steve Vai o Joe Satriani, con ese efectismo tan aburrido. Cuando Stern se desparrama sobre las cuerdas se nota que hay mucho más de Hendrix que de todo el cuatro de honor del jazz histórico. Y cuando quedan en silencio los sidemen Bob Franceschini (saxo tenor) y Lincoln Goines (bajo), aparece una dupla Stern-Thompson como si fueran unos White Stripes de conservatorio, no de garage. El efecto es el mismo: rock de raíz, electricidad y brazo fuerte, como el de Kim Thompson. Un puñetazo de esa chica puede ser letal. Y de lo otro, mejor ni imaginarlo.