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"La vuelta de tuerca"

22 de Junio de 2006 | 00:00 |
Principales intérpretes: S. Mihai, J. Lentz, B. Fields, S. Self, V. Tierney, A. Cohen.
Dirección musical: Jan Latham-Koenig
Grupo instrumental: Britten Chamber Ensemble
Régie: Marcelo Lombardero
Diseño multimedia: Diego Siciliano
Escenografía e iluminación: Patricio Pérez

Lunes 19 de junio
Teatro Municipal de Santiago
Estreno de la obra en Chile.

Por Juan Antonio Muñoz H.


Es muy raro pensar que el Teatro Municipal de Santiago puede cerrar su funcionamiento como gran escenario de ópera con una puesta de "La vuelta de tuerca" de Benjamin Britten. Algo inesperado y resuelto tras la cancelación de las funciones de "Elektra" producto de un conflicto entre los cuerpos estables y la Corporación Cultural. Ya se sabe que "La Gioconda", próximo título en cartelera, está suspendido, y no hay buenos augurios para el resto del programa.

Pero se estrenó en Chile "La vuelta de tuerca" y fue un éxito. En menos de dos semanas se montó está difícil obra de Britten, un compositor muy querido por el público chileno. Con el patrocino de la Embajada Británica y de la Britten-Pears Fundation, el grupo instrumental Britten Chamber Ensemble, dirigido por Jan Latham-Koenig, fue un prodigio de compenetración y musicalidad, a la vez que el director plasmó sutilezas y condujo la partitura en un flujo continuo que cautivó al público.

Simplemente maravilloso fue el resultado escénico, responsabilidad de Marcelo Lombardero (régie), Diego Siciliano (diseño multimedia) y Patricio Pérez (escenografía e iluminación). A través de juegos de proyecciones sobre telas en distintos planos, "La vuelta de tuerca" pareció una antigua película en blanco y negro basada en grabados victorianos, donde los pocos focos de color eran los fantasmas de Quint y Jessel, que se tendían a confundir con el fondo. Un espectáculo pleno de sugerencias teatrales e interpretaciones, como debe ser para esta ópera inspirada en la igualmente compleja y perturbadora novela de Henry James en que está basada.

Ningún cantante era un artista vocalmente magnífico. Sin embargo, todos eran profesionales, precisos, musicales y participativos del juego escénico. Jeffrey Lentz, como Quint y el Prólogo, mostró adecuada línea de canto y pericia teatral; la rumana Simona Mihai fue una Institutriz delicada, lírica, incluso más frágil que los niños a su cuidado. Notable el Miles del niño Brooks Fisher, de canto afinado y estremecedor en su "Malo-Malo" y en la escena final; no tan bien, en cambio, la Flora de la niña Alexandra Cohen. Susannah Self fue una entrañable Mrs. Grose, mientras que el material vocal de Vivien Tierney (Miss Jessel), sorprendió por su vigor y color.