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El futuro de Chile

17 de Noviembre de 2006 | 00:00 |
Gilberto Ponce


Con un recital de piano y violonchelo, la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y el Instituto Cultural de Providencia, rindieron un homenaje a Robert Schumann, al cumplirse 150 años de su muerte. El mundo entero está efectuando hoy estos actos como recuerdo del gran compositor romántico alemán.

Lo interesante de esta presentación fue la intervención de cuatro jóvenes talentos. Son alumnos de piano de Fernando Cortés y chelo de Patricio Barría, que con paso seguro se abre un espacio en el compleo mundo de la música.

Dos de ellos se perfilan como grandes promesas, en razón del talento natural que exhiben, acompañado de una segura técnica y musicalidad de la que dan cuenta con su aplomo frente al instrumento. En los restantes se insinúa talento, que sin duda se revelará cuando dominen sus nervios para que pueda aflorar así su musicalidad.

Los cuatro cuartos

Benjamín Vidal abrió la velada, sorprendiendo con una madura concentración y por la intuición mostrada en cada una de sus ejecuciones. En la interpretación del “Arabesque” Op. 18 y las dos “Novelleten” Op. 21 observamos un excelente balance en el peso de manos, claridad de voces y fraseos, y un sólido manejo dinámico. Vidal caracterizó perfectamente cada una de las obras, adentrándose en el romanticismo de Schumann. Sólo le faltó la madurez interpretativa que dan los años y los golpes de la vida.

Luego, Fernanda Guerra en violonchelo fue acompañada espléndidamente por Patricio Valenzuela en piano, para las “Tres Piezas Fantásticas” Op. 73 y en el “Adagio y Allegro” Op. 70, también de Schumann. Ambos intérpretes mostraron sintonía y afiatamiento. Ella posee un hermoso y gran sonido, pero su musicalidad se esconde en una maraña de nervios que la llevan a cometer yerros de afinación y a perder claridad en las secciones rápidas. No obstante en las secciones lentas aflora el canto en su instrumento.

María Gabriela Acevedo, interpretó en piano “Tres Romanzas” Op. 28. En su caso pensamos que fue traicionada por unos nervios que la llevaron a fraseos poco claros y duros, utilizando demasiado el pedal. Esto resta claridad a las voces. Lo mismo: sólo en las secciones lentas fue posible descubrir su innegable musicalidad.

La gran sorpresa

El pianista Patricio Valenzuela tiene nada más que 19 años y ya muestra una sorprendente madurez, acompañada de una excelente técnica e intuición. Sus versiones de la “Tres Piezas Fantásticas” Op. 111 y las “Variaciones Abegg” cautivaron por la seguridad, musicalidad y enfoque definitivamente romántico, haciendo un uso magnifico del pedal y logrando los arcos de expresión y progresiones dramáticas requeridas en el romanticismo de Schumann.

Su musicalidad es evidente, tanto en las secciones virtuosas y brillantes como en las plácidas y poéticas. Eso es demostrativo de una técnica perfectamente internalizada al servicio de la música.

En resumen un refrescante concierto, que nos hace mirar con optimismo el futuro de la música en nuestro país.



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