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Enrique

17 de Agosto de 2007 | 01:14 |
La liviana fuerza de Bailamos, una especie de flamenco pop que invadió sin piedad el planeta, puede llevar a equivocaciones y prejuicios anticipados. Porque si bien es cierto que la canción incluida en la banda sonora de La aventuras de Jim West puede resultar obvia y agotadora, el resto del disco del español se aleja felizmente de aquel referente.

Con un estructura donde las baladas románticas siguen dominando su espacio (Be with you, I have always loved you) y con la ayuda de los amigos (como la sorprendente cobertura de Sad eyes de Bruce Springsteen y la colaboración de Whitney Houston en la efectiva Could I have this kiss forever, original de Diane Warren), en su debut en los terrenos del pop anglo Enrique Iglesias suena convincente y cómodo.

Dueño de un disco con objetivos de universalidad sonora y estructuras musicales simples (Rhythm divine), todas melodías fáciles y sin mayores pretensiones, que saben explotar al máximo su delgado timbre vocal (Oyeme) y sus, a veces, peligrosos desencuentros con el fiato.

El español, por las influencias de su juventud, aquí parece desenvolverse con más soltura que en sus hispanas declaraciones de amor. Con más pasión y con menos pose. Y la comparación se hace evidente al escuchar las tres canciones en español que incluye la placa, recurso artístico utilizado para acercarlo al público de sus tres discos anteriores en castellano. Un esfuerzo que, paradójicamente, no hace más que aumentar la distancia entre los dos Iglesias.

Pablo Márquez
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