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Americana

17 de Agosto de 2007 | 01:14 |
Escuchar tema Escucha "Sal de ahí"

Hay un pianista chileno en la Región 14 que dejó marcando ocupado al prestigioso saxofonista norteamericano Charlie Mariano. Lo hizo cuando lo instó a tocar juntos una cueca chilena, la más transversal de todas, un verdadero himno popular: "La consentida", del compositor Jaime Atria. ¿Qué hacía Charlie Mariano —que integró la orquesta de Stan Kenton, hizo duplas estrechas con la pianista Toshiko Akiyoshi y tocó con el mismísimo Charles Mingus— trotando en 6/8 para darle swing a una cueca? La respuesta: grabar en Alemania el primer disco de Pablo Paredes, Ritual (1999).

Porque Paredes es parte activa, aunque ausente dentro de los nombres que figuran en el medio nacional, de esa comunidad de músicos que se han orientado hacia el crossover del jazz moderno y la raíz folclórica. El grupo La Marraqueta llama "fusión criolla" a este fenómeno. Otros textos hablan de "fusión latinoamericana" como concepto transversal a las décadas, que define una actitud creativa y que en el jazz encuentra un territorio propicio para manifestarse. Por eso también Paredes levantó desde Alemania una discografía en esta línea con búsqueda de sonido europeo "tipo ECM" y contenido latinoamericanista: Ritual (1999), Viaje latinoamericano (2000), Isla Negra (2000) y El salto (2005). Y ahora Americana, su álbum editado en enero en Europa por la casa independiente Artmode Records.

Esta vez sin Charlie Mariano, pero con Danny Gottlieb en el set de grabación. Sí, el mismo baterista de la época más exitosa del Pat Metheny Group. Y junto al contrabajista alemán Volker Heinze, Paredes configura un trío contemporáneo como le gusta al ilustrado público europeo: elegante, ajustado, medido. Hasta en una canción infantil de autor anónimo como "Sal de ahí" (chiva, chivita), hay excusa para rearmonizar e incluir solos jazzísticos en este nuevo menú de ritmos no europeos reunidos por Paredes. Un festejo abre la serie empujando hacia arriba y hacia delante: "Matucana". Con una milonga, mitad urbana mitad campestre, se sirven los primeros tragos en el boliche: "Milonga a don 115". Un set de piano solo para hacer dormir a una niña junto a su oso de peluche confidente baja las luces: "Si Jupp hubiera hablado". Una pieza de inspiración mapuche también puede llamar la atención de los europeos: "Sueña con la luna". Un vals limeño (mucho más interesante que el tibio vals vienés) seca los últimos vasos en la taberna: "Relojero". Pablo Paredes emigró a Colonia en 1988, con 22 años, después de tocar en el quinteto eléctrico del violinista Roberto Lecaros. Hoy tiene 40, cinco discos personales, una hija con un oso llamado Jupp, y la convicción de seguir sorprendiendo a jazzistas del primer mundo como Mariano y Gottlieb: "Estaba tocando en un hotel de Colonia cuando apareció el gran Joe Zawinul. Sabía que con jazz no lo iba a convencer. Decidí confundirlo con un repertorio desconocido para él. Cuando toqué ‘El cóndor pasa’, se levantó, vino y me dijo ‘I know this…’. Mi traducción espontánea fue ‘Graba esto en tu próximo disco’". Y también está en Americana.

Íñigo Díaz

Pablo Paredes, "Americana" (2006, Artmode Records / Fondart)

1. Matucana. 2. El cóndor pasa. 3. 90. 4. Las dos Fridas. 5. Si Jupp hubiera hablado. 6. Sal de ahí. 7. Milonga a don 115. 8. Sueña con la luna. 9. Relojero.

Músicos: Pablo Paredes (piano y voces), Volker Heinze (contrabajo) y Danny Gottlieb (batería).

Invitados: Sergio Terán (quenacho y trompe), Rhani Krija (percusión), Quique Molina (bombo legüero)

Duración: 45’13’’

Producción: Pablo Paredes, Brigitte Angerhausen y Artmode Records.

www.pabloparedes.com
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