Director de "Casa de Remolienda": Lo folklórico es bonito, pero para los museos

El realizador Joaquín Eyzaguirre habló con Emol ante el estreno de su segundo largometraje, una "película sentimental" donde se combinan cómicos enredos, alegrías, penas y sexo.

SANTIAGO.- No quiso hacer una película sobre el folklor ni tampoco sobre la vida campesina chilena. La cinta la define como "una película sentimental" en la que se reúnen diversos elementos: enredos, humor, alegrías, penas y, obviamente, sexo. Imposible de omitir en una "Casa de remolienda", el título de la cinta que Joaquín Eyzaguirre estrena este jueves en las salas nacionales.

Es el segundo largometraje de Eyzaguirre, nuevamente basándose en un texto dramático clásico, obra de Alejandro Sieveking, y que expone un imponente elenco de actores que incluye a Amparo Noguera, Paulina García, Alfredo Castro, Tamara Acosta, Daniel Muñoz, Luz Valdivieso, Daniela Llhorente, Luis Gnecco, Claudio Arredondo y su hija Francisca Eyzaguirre.

La historia, ambientada en los años 1950, sigue a una viuda llamada Nicolasa (Noguera), que decide dejar el campo cordillerano junto a sus tres hijos veinteañeros para llegar a una ciudad de provincia, donde todos están expectantes ante la inminente instalación de la luz eléctrica. La viuda arriba donde su hermana, Rebeca (García), sin saber que es la regenta de una casa de prostitutas. Ella y sus muchachas deberán guardar las apariencias ante esta inesperada visita.

Eyzaguirre habló con Emol para ahondar sobre el fondo de esta cinta, que promete revolver la cartelera con su estreno:

¿Considera que el cine chileno ha dejado de lado las historias rurales para concentrarse en las urbanas?

"No lo había pensado. Yo tengo la sensación de que Chile sigue siendo un país rural. Si vas a cualquier población o condomonio, en la Pintana o en La Dehesa, la gente se las arregla para encontrar un pedacito para poner un parrón y hacer el asado. Es totalmente parte de nuestra esencia. De ahí no hemos salido y eso no tiene nada de malo. Es un país muy provinciano, incluso las imitaciones un poquito burdas de Miami son parte de lo mismo. Es cambiar oro por cuentas de vidrio".

Pero llama la atención la ausencia de películas "de campo", como sucedía antaño.

"Pero esta película no ocurre directamente en el campo, es en una pequeña ciudad. Es que los tipos bajan de la parte más campesina. La película ocurre en una casa de remolienda que está en la provincia".

Y por lo mismo intenta marcar ciertas diferencias entre este mundo...

"...más bucólico, pero que también tiene unas tremendas perversiones, como la zoofilia, como es tener que matar constantemente animales a mano limpia, como si fuese lavarse los dientes. Pero no es lo que me interesó hacer. Yo incluso diría que esta no es una película de época, es completamente contemporánea. La gente se viste prácticamente igual. Sólo hay que cambiarles el gorro de cineasta, esa cosa ridícula, y los blue jeans".

¿Cree que existe alguna conexión con la adaptación teatral de "El desquite"? Ambas historias rurales, extraídas del teatro.

"No, ninguna. Yo la verdad es que la obra de teatro 'La Remolienda' no la he visto nunca, así que no podría decir que adapté la obra de teatro, yo adapté el texto dramático, el libro. La historia la encuentro muy bonita, el texto dramático es como folklórico, son además unas putas que no dicen ni poto y además no se acuestan con nadie. Un poco raro. Estas no, estas son mujeres que trabajan en la profesión más antigua del mundo y la ejercen.

¿Por qué eligió, dentro de muchas opciones sobre el folklor chileno, este texto de Alejandro Sieveking?

"Es que yo no quise hacer nada del folklor chileno, a mi no me interesa lo folklórico. Es bonito, pero es para los museos. A mi me interesa el alma y tratar de ser un espejo. Yo antes adapté 'Las tres noches de un sábado' (2002), porque me interesa hacer una trilogía de adaptar tres textos dramáticos chilenos, que movieron el alma de los chilenos durante el Siglo XX. La próxima que voy a hacer, si Dios quiere [se persigna], es 'La viuda de Apablaza", que es más o menos del año 1920. Hay una pequeña plata que está avanzada y me estoy presentando a cuanto fondo hay.

¿Cómo fue el poder trabajar con actores de vasta experiencia teatral, como Alfredo Castro o Amparo Noguera?

"Muy agradable, yo creo que el teatro es más hermano del cine que la televisión, que en realidad es un medio de comunicación, no es un estilo. El teatro tiene que ver con la reflexión, con una manera profunda de ver las cosas. Ellos (los actores) se desconciertan un poco, porque uno filma por ejemplo la escena 45, después la 2 y después la 107, entonces tienen que ir armando un puzzle en la cabeza, lo cual es muy atractivo también. Tiene la gracia que, al contrario de los montajes de teatro, tú no tienes discusiones, porque es tan fragmentario, que los actores tienen que entregarse a su trabajo y no tienes esas conversaciones eternas y lateras sobre el personaje, de quién es o dónde viene. Se conversa antes, en la mesa. El cine es tan explícito, que es muy difícil para el actor sacarle el poto a la jeringa, el actor está en la situación quiera o no quiera. En el teatro el actor construye la situación".

Usted ha manifestado una crítica a lo que es "la perversión del progreso".

"El progreso siempre ha tenido perversión y tiene una dualidad. En la película, al final, cuando llega la luz, en este prostíbulo se ven las paredes cochinas, las caras con el maquillaje corrido... se ve el horror. Y también se pierde la poesía. Tiene dos cosas, que son contradictorias y ocurren de forma simultánea. El progreso es inevitable, no es que sea necesario o no, hasta respirar es progreso".

¿Cómo se gestó la participación de familiares en la película? (participan su hija Francisca y su sobrino Andrés)

"Fácilmente. Uno de ellos era mi sobrino, que estaba trabajando y estudiando en México. Yo había visto un examen de él y le mandé a decir que hiciera un casting con otra gente de allá, porque me gustaba el tipo de físico: es morenito y con pinta de campesino, pero a la vez bonito. A mi hija, la Francisca, la he visto actuar en sus trabajos de teatro, que me gustan harto. A mi no me importa que sean o no familiares, encuentro que si la gente es buena, qué importa. Uno trata de recoger más opiniones de parte de la gente que trabaja con uno y que te va a decir la verdad, para que no exista ese sesgo que en realidad está en todos lados, no sólo porque sean parientes".

Debió ser difícil separar los roles de director y padre en las escenas "cariñosas" de su hija.

"Sí, la escena de sexo que tiene mi hija. Para mi fue muy difícil, porque me puse... no nervioso, pero ¡era mi niñita! ¡yo le cambié los pañales! Para ella no, incluso empezó a hacer chistes. La cosa terminó siendo bien humorística, pero el trabajo me lo tomo muy en serio. Soy muy prolijo y riguroso".

La avant-premier del lunes fue la primera oportunidad que pudieron probar la película con gente ajena a la producción y en pantalla grande. ¿Cómo fue esa experiencia?

"Yo estaba como con sueño, una cosa bien rara, con una sensación de dormirme. Y con la sensación de la labor cumplida. Yo creo que es una película que está bien hecha, que es entretenida y hermosa, es divertida, tiene sexo -por algo ocurre en una casa de remolienda- y mucho humor. Puede parecer pedantería, pero estoy conforme".

¿Cómo fue el trabajo musical, con las canciones que interpreta Daniel Muñoz y el trabajo incidental de Andreas Bodenhoffer?

"Las canciones las elegíamos ahí mismo. Algunas las habíamos conversados. Yo soy músico también, así que les tocaba las canciones y otras las conocían. Yo entiendo a los músicos, son de una raza a la que pertenezco también. El trabajo de Andreas Bodenhoffer fue extraordinario. Es un tipo, a mi gusto, fuera de serie. Usó los motivos de algunas canciones y con eso construyó una banda sonora increíble. Con él me entiendo, no tenemos ni siquiera que hablar".

¿Cómo podría definir su película para que la gente no se confunda y crea que es "otra película chilena con escenas explícitas gratuitas"?

"Es una historia de la iniciación en el amor, y obviamente en el sexo, de tres jóvenes que vivían alejados de la ciudad. Es una comedia de enredos, de equivocaciones que a veces no lo son tanto. Es una película con mucho sentido del humor. Es una película sentimental, que tiene mucha alegría y pena, mucha risa".
Felipe Vásquez N., El Mercurio Online
Miércoles, 29 de Agosto de 2007, 13:57

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