Una magníficia "schubertiada"

Siete escenarios simultáneos y un piano como émbolo de todos ellos. La puesta en escena diseñada por Miryam Singer destacó en una jornada dedicada al grandioso Franz Schubert desde su punto A hasta el Z. Una de las mejores experiencias en esta sorprendente forma de apreciar la música de cámara en la Universidad Católica.

02 de Septiembre de 2008 | 11:32 |

Pilar Díaz fue una de las voces destacadas en la maratón de Schubert en la Unibersidad Católica.

El Mercurio

La temporada de música de cámara que organiza el Instituto de Música UC sigue deparando sorpresas. Ahora nos sumerge en el mundo de Franz Schubert, toda una muestra del eclecticismo de sus programaciones. En las últimas semanas fueron obras claves del siglo XX y en esta oportunidad incursionan en el íntimo romanticismo del mundo vienés.

Franz Schubert no sólo se distinguió por ser uno de los grandes genios de la música. También lo fue por la intensa vida social que llevó junto a un importante grupo de amigos con quienes compartió intensas veladas musicales. Eran ocasiones propicias para que el compositor entregara a algunos de ellos obras especialmente dedicadas a sus cualidades musicales.

En esta oportunidad, y siempre bajo la puesta en escena de Miryam Singer, nos presentan esta “schubertiada”, con obras escogidas, o bien fragmentos de ellas, que permiten que el espectador informado se adentre en el sensible mundo de Schubert.

Siete pequeños escenarios

El Salón Fresno del Centro de Extensión UC fue utilizado en su totalidad como un gran escenario. Ahí el público pudo moverse hasta cada uno de los pequeños siete escenarios donde se ubicaron cantantes y músicos. El eje articulador de todos fue el piano ubicado al centro, desde allí los directores conducían al coro y solistas, los que se desplazaban constantemente por todo el espacio.

Cada escenario era destacado en el momento oportuno por una inteligente iluminación, que acentuaba el vestuario objetivamente informal. Debemos destacar que todos los movimientos físicos fueron absolutamente desapercibidos por el público, que sólo podía veía a los intérpretes cuando eran iluminados. Una demostración de la habilidad de Miryam Singer en el campo de la régie.

Otro detalle interesante es la continuidad del espectáculo, sin ningún bache que interrumpiera su desarrollo. El sustento musical estuvo en el Coro de Cámara UC que dirige Mauricio Cortés y un grupo de solistas vocales e instrumentales. No obstante es en este punto donde encontramos algunos reparos, en razón del irregular desempeño de algunos.

Oscilaciones, altos y bajos

No sabemos en qué medida Mauricio Cortés, que aparece en el programa como el Director General Musical, fue o no responsable de estas situaciones, como en el caso del cuarteto de cuerdas que interpretó un movimiento del “Cuarteto en La menor, Rosamunda”. Después de un promisorio comienzo continuaron con una serie de desafinaciones y desencuentros de tempo, desdibujando la bellísima obra, ¿falta de ensayos?.

Otro momento dispar fue el primer movimiento de la Sonata para viola y guitarra, llamada “Arpeggione”, con dos excelentes músicos como Penelope Knuth y Diego Castro (notable en todas sus intervenciones), quienes encantaron en casi toda la obra. Pero durante la sección central, el desempeño de la violista acusó dificultades en digitación y afinación.

Después de un comienzo débil y tenso, el coro logró resultados excelentes hacia el final de jornada, aunque la sección masculina, sobre todo los tenores primeros, lo hicieron con poco peso cuando cantaron a cuatro voces. Muy evidente en la interpretación de “Der Gondelfahrer”, cantado muy marcialmente y demasiado duro en el acompañamiento del piano (Mario Lobos). Esto tal vez sea producto del gesto del director.

El coro femenino de gran desempeño, rindió menos en el “Salmo 23” (con la dirección de Pablo Carrasco). Tal vez ocurrió así por los nervios de los primeros momentos, pues en “Ständchen”, con contralto solista, sonó bello y equilibrado. Ahí destacó la interpretación de certera musicalidad de Pilar Díaz.

La hermosa voz del tenor Felipe Catalán, triunfó al final en el primero de los “Trinklied” junto al coro masculino. Antes, en su primera intervención cantando un lied acompañado de guitarra, estuvo nervioso y tenso. Así mismo creemos promisorio el timbre del barítono Diego Álvarez, a cargo del segundo “Trinklied”.

Bastante musical, con seguridad y bello timbre cantó la soprano Claudia Trujillo “El pastor en la roca”. Muy bien acompañado por Francisco Gouet en clarinete y Miguel Ángel Jiménez en piano, otro de los momentos altos fue el dúo “Nur wer die Sensucht kennt” cantado por Claudia Trujillo y Pilar Díaz.

La “Marcha característica N° 1 para piano a cuatro manos”, mostró la musicalidad de Miguel Ángel Jiménez y Mario Lobos, por su manejo del carácter y los contrastes dinámicos. La “Cantata Mirjams Siegesang” recibió una estupenda interpretación por parte del coro. Luego, en la despedida con el conjunto paseando entre el público, sirvió para que los asistentes manifestaran el agrado por la presentación.

A pesar del éxito pensamos que la función y su aporte habrían sido totalmente logrados, si alguien hubiera dado algún tipo de explicación antes de cada obra, pues muchos de los asistentes eran jóvenes que no sabían o sabían muy poco de Schubert y sus obras. El programa entregó información muy general, la que no podía ser leída por estar el ambiente oscuro.      

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