Tres pianistas para el futuro

La Sociedad Federico Chopin vuelve a establecerse en la Sala Arrau del Teatro Municipal capitalino. Nombre de prócer del piano clásico y desde aquí tres apellidos más para considerar como solistas para los próximos años.

22 de Septiembre de 2008 | 14:20 |

Nicolás Arroyo es uno de los jóvenes pianistas que arrancaron aplausos en la Sala Arrau.

El Mercurio

Continuando la temporada de conciertos que organiza la Sociedad Federico Chopin de Chile en la Sala Claudio Arrau del Teatro Municipal de Santiago, se presentaron en esta oportunidad tres nuevos pianistas, todos ellos alumnos de destacados maestros. Se trata de Claudio Espejo, Benjamín Vidal y Nicolás Arroyo, que tienen como denominador común un enorme talento.

Claudio Espejo abrió el programa con la “Sonata Op. 13 Patética” de Ludwig van Beethoven. En ella, el joven pianista dio muestras de una solvente y pulcra técnica, acompañadas de un manejo inteligente de los fraseos y contrastes, logrando así notable éxito en los movimientos extremos, que al parecer se avienen más con su personalidad. En el segundo de ellos le faltó profundidad, siendo más bien externo e incluso demasiado rápido. Se lo atribuimos a su juventud.

Muy interesante fue su versión de la “Catedral sumergida” de Claude Debussy, en la que hizo un inteligente uso del pedal y de las progresiones. Finalizó con tres obras de Chopin. El “Impromptu” Op. 29 fue virtuoso, tal vez con exceso de pedal en la primera sección. La central fue resuelta estupendamente con gran expresión y sentido certero de la dinámica. La reexposición del primer tema con que finaliza fue un triunfo para Espejo.

El “Nocturno” y los tres preludios con que finalizó su presentación ratificaron la solvencia de su técnica en el manejo de los balances tanto como en las progresiones, siendo algunos fragmentos un poco distantes en el vuelo expresivo. Éstas son objeciones que en nada opacan una estupenda presentación, que augura un gran futuro.

Benjamín Vidal fue el segundo pianista de la tarde. Bastante nervioso en los primeros compases del “Nocturno en Fa mayor Op. 15 N° 1” de Chopin, se sobrepuso para dar cuenta de una gran musicalidad, producto de su natural talento. Ya en la sección central sus fraseos e intencionalidad fueron del mejor nivel, triunfando plenamente en la reexposición del primer tema. Luego interpretó seis “Preludios”. Notable fue el brevísimo N° 7, por el expresivo arco dinámico logrado. El N° 8 destacó por la conducción de la voz principal, tanto como la dolida expresión del N° 9, o la brillantez del N° 10 y la enorme técnica del N° 11 y del N° 12.

La famosa “Fantasía impromptu” con que puso fin a su presentación mostró a Vidal en la plenitud de sus condiciones expresivas, contrastando pasión con lirismo, así como destacando con extrema claridad las voces.

Nicolás Arroyo, quien cerró el concierto, dio muestras de una estupenda técnica, digitación perfecta, manejo dinámico con poderosos “forte” y sutiles “pianissimos”, atributos que sumados a otros le convertirán en un gran intérprete. Eso siempre y cuando de rienda suelta a la expresividad potencial que creemos tiene, pero que aún no muestra. Tal vez sea así por un cierto injustificado pudor.

Su “Mazurca” Op. 17 N° 4 del mismo Chopin se movió entre lo expresivo y un sentido cercano a la danza. El “Nocturno N° 9” tuvo estupenda técnica, pero evidenció una expresión medida. En la “Fantasía en Fa menor” Op. 49, destacó por la progresión dramática, lo virtuoso de la sección central, los contrastes dinámicos y la claridad de las voces. Luego, qué decir del derroche técnico de los dos “Estudios” con que finalizó su presentación y que arrancaron grandes aplausos del entusiasta público. En síntesis una velada donde se apreció la enorme potencialidad de tres jóvenes pianistas, los que seguramente darán que hablar en un futuro cercano.

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