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Santiago

17 de Abril de 2009 | 22:36 |
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No parece una imagen de esta ciudad la que se ve detrás de la ventana que fotografió Álvaro Riveros para la portada del sexto disco de Felipe Riveros. Más bien se insinúa ahí la arquitectura decimonónica de París y de hecho no sería extraño que lo fuera, porque esa capital ha sido también una de las estaciones donde este músico ha tocado jazz al piano. Felipe Riveros muestra en su mapa de ruta puntos sobre grandes ciudades que marcan su historia: nació en Lima, estudió en Buenos Aires, grabó sus cinco primeros discos en Nueva York, tocó en París y hoy vive en Santiago, a la que dedicó una magnífica composición de carácter pop llamada “Santiago” y que, obvio, abre el álbum Santiago, el primero que ha hecho en Chile, con un trío de compatriotas.

Riveros estrenó esa pieza durante un concierto el 14 de octubre de 2007 en el mismo club Thelonious de la capital donde dos semanas después grabó el álbum completo en una sesión con público. Así, a la antigua. Y ésta es una instantánea al paso de ese momento, que por suerte tuvo a todos los involucrados del 31 de octubre de 2007 en una noche fotogénica. Desde el ingeniero de la grabación, Nelson Arriagada (si usted quiere escuchar un disco de jazz chileno con buen sonido, busque este nombre en los créditos), hasta los sidemen escogidos por Riveros: el contrabajista Pablo Menares y el baterista Félix Lecaros, dupla ya probada en más de cuatro conjuntos además de éste.

Esa “Santiago” es una señal suficiente para ver la altura que tiene Felipe Riveros al escribir melodías, armonizarlas y presentarlas sobre un ritmo contínuo. Es simple como la música pop, porque además tardó quince minutos en escribirse, pero a la vez incierta como el jazz, en los otros diez en que se desarrolla. Lo que viene después ya es otra cosa. Riveros maneja el trío como pocos pianistas lo hacen en este lenguaje tan adherido a una tradición. Santiago tiene algo que lo ubica en Nueva York, donde el pianista vivió una década completa. De hecho éste es un disco neoyorquino en las partituras y fue escrito en su totalidad, salvo la recreación de “Straight no chaser” de Thelonious Monk, en un departamento de la Calle 53.

Sus títulos parecen la despedida de esas diez temporadas: “West Village”, que avanza a través de la caminata del contrabajo y el golpe ajustado de ride; “Balada para Scorsese”, que se despliega a partir de la presentación de una secuencia de acordes y de arpegios posteriores como la solemne narración de una escena casi cinematográfica en el barrio; o “Samurai de la Calle 53”, que resulta de una idea hacia el vértigo bop, igual que la demoledora "León el superhéroe". Felipe Riveros aparece a otra altura aquí. Es un músico respetado y requerido y sus composiciones visten ahora el cancionero de la camada de autores del jazz chileno en esta década, con una extensa discografía "neoyorquina" que según se dice estaría punto de reeditar, por fin, en la ciudad de Santiago.

—Iñigo Díaz

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