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Confunda, pero no ofenda

En su primera presentación a solas en Chile, el dúo de Residente y Visitante enrostró que calificarlos de "reggaetoneros" es un impulso flojo y mezquino. Y en jornadas como la de anoche, esa lucha que a veces deriva en obsesión, sin dudas la ganan con creces.

24 de Abril de 2009 | 08:35 |
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René ''Residente'' Pérez derrocha actitud en escena. Una pantalla y un telón negro configuran una pobre escenografía, pero la presencia del cantante la suple con creces.

Héctor Flores, El Mercurio

En toda entrevista que ofrecen y en cuanta alocución tienen posibilidad de hacer en el último tiempo, el dúo puertorriqueño Calle 13 aprovecha la oportunidad para reclamar por enésima vez lo mismo: Que no son reggaetoneros, que hasta cuándo tendrán que clarificarlo, que ese estilo ya ni siquiera les simpatiza y que lo suyo es definitivamente otra cosa.

Una idea que, pese al esfuerzo discursivo, les ha costado toneladas de paciencia instalar, pero que las personas que han asistido a cada una de sus presentaciones ya deben comenzar a tener más clara. Porque René "Residente" Pérez y Eduardo "Visitante" Cabra aprovechan el escenario para demostrar que los encasillamientos con ellos han pecado de flojera, ignorancia, mezquindad y reduccionismo.

Anoche, en un Teatro Caupolicán casi lleno, fue la más reciente instancia. Allí —y pese a que los organizadores ofrecieron a un ensiliconado team como aperitivo y a una fiesta del perreo como bajativo— el dúo desplegó una fórmula multirracial, orgánica y compleja, amparada en gran medida en los nueve músicos que los acompañan, sobre todo en los tríos de bronces y percusiones.

Junto a ellos desplegaron un repertorio mestizo y diverso, con temas de aires klezmer ("Fiesta de locos"), break-dance ("Electro movimiento"), folclor centroamericano ("Llégale a mi guarida") y hasta toques dixieland ("Ven y critícame").

Y entre todo eso, un espacio también para uno que otro reggaetón. Un menú acotadísimo, que ofreció un primer bocadillo con "Chulin Culin Cunfly", un tema del puertorriqueño Voltio que dejó por primera vez a Calle 13 cubierto sólo por programaciones. Pero incluso así demostraron que su madera es otra: En vez de refugiarse, cada músico que dejó a un lado su instrumento tomó ahora un micrófono, para cantar y revolotear sobre el escenario, uniéndose a la fiesta en que el público hacía rato se había embarcado.

Una atmósfera que Pérez y Cabra habían alcanzado incluso con temas de borde romántico ("Un beso de desayuno", cantado por Residente al oído de una seguidora chilena), y que el final, con las exitosas "Atrévete-te" y "El tango del pecado" en aires de murga, no hizo más que exaltar. Como para que las cosas, por si alguien aún estaba algo confundido, queden definitivamente bien claras.
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