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El romántico en su faceta más íntima

Tras un silencio de seis años, el cantante chileno de emblemáticas baladas vuelve en marzo con un cuarto disco hecho en la vereda independiente: Quiero tener fe. De su pasado rockero, su rechazado trabajo con Humberto Gatica y las proyecciones que tiene con este nuevo álbum, habla en esta entrevista.

09 de Febrero de 2010 | 10:09 |

Cualquier persona puede usar una polera color burdeo donde aparezca escrito "Love" en su espalda. Pero cuando la está usando Andrés de León parece que traspasa la tela y se le impregna como un tatuaje de toda su vida.

Es que ya desde su adolescencia este baladista chileno de 35 años ha venido utilizando el amor romántico como su principal bandera de lucha musical. Lo hizo a los siete años en 1983, cuando fue voz revelación de "El clan infantil" en "Sábados gigantes"; lo continuó tras vencer el concurso de talentos "Estrellas del futuro" en 1986, y lo concretó poco después luego de grabar un precoz disco para el sello BMG, donde aparece el hit que hasta nuestros días sigue sonando en el inconsciente colectivo: "Mi loco amor de verano".

Ya han transcurrido casi dos décadas más desde entonces. Dos álbumes con positivas y negativas historias entre sus líneas (Todo es tiempo de 1995 y Andrés de León de 2003), encargos como productor en México, Estados Unidos y Chile, además de participaciones como cantante de la orquesta del estelar "El Baile" (2006-2007) de TVN, han marcado este período de altibajos.

Pero hoy de León pretende darle continuidad al romanticismo con un nuevo disco. Se llama Quiero tener fe y la mayoría de sus doce canciones fueron compuestas junto a su amigo y productor José Miguel Alfaro (uno de los creadores de Kudai). Los músicos que grabaron provienen de diferentes lados musicales: el bajista Roberto Trujillo (Funk Attack) y el baterista Cote Foncea (Lucybell), además de las guitarras que el mismo de León toca. La dirección del álbum corrió por cuenta de Alfaro junto a René Calderón y la remasterización se hizo en Finlandia, con el ingeniero Mika Jussila, quien ha trabajado con la banda de rock The Rasmus.

Un sonido más personal

La nueva placa -cuyo lanzamiento está previsto para fines de marzo, cuando termine una gira que realiza por distintas ciudades del país (ver recuadro)-, ha marcado un antes y un después en las vidas personal y musical del baladista. Esta vez, sin ningún contrato con un gran sello disquero de por medio decidió producirlo y registrarlo a la manera independiente. Después de su paso por el canal estatal quiso radicarse en Chile, donde tuvo el tiempo de hacer un álbum que, según él, es "mucho más maduro e íntimo" que sus antecesores.

Incluso, hay una canción que le dedica a su hijo de cinco años ("Todo se iluminó"), quien también aparece en los coros. “Para poder identificar a todos los papás jóvenes lo que se siente ser padre, que es una experiencia maravillosa. Él también tiene mucho que ver en este proceso de maduración", dice. Además está la canción "Sigues siendo tú", dedicada a su mujer como una continuación de "Y llegaste tú", exitazo del álbum anterior grabado con el dúo mexicano-argentino Sin Bandera. 

-¿No crees que en estos seis años pudiste haber grabado más discos?
-Seguro que sí. El problema es que no estaba preparado, porque también estuve trabajando como productor. Me quise tomar un receso. Y tampoco estaba preparado debido a situaciones personales. Pero empecé a componer, a retomar la confianza y volver. En Chile es un poquito difícil vivir de la música. En esos seis años te das cuenta que a pesar de que a veces las cosas no funcionen como uno quiere, la gente igual se acuerda de ti y te van dando esa fuerza para seguir.

-Dijiste que éste es tu mejor disco, ¿por qué crees eso?
-Es mucho más honesto (...). Al final, es súper rico decir que este disco es el mejor que he hecho en mi vida, porque igual creo que suena mejor que los anteriores. Se logró una calidad de producción para pelear con las figuras de afuera.

-¿Te inspiraste en algún momento en particular de tu vida?
-Es que cuando me siento a componer trato de buscar canciones que puedan identificar a las personas. Creo que para los latinos que escuchan la música romántica, es esencial sentirse identificados con la historia de la canción, más allá incluso de la misma música. El latino se enamora de lo que dice una canción. Hay que ir buscando historias, tanto mías como las que hayan pasado, y tratar de no repetir la misma fórmula, porque decir "te quiero", "ya no estás" y "te olvido", es como la misma cosa siempre. Hay que tratar de ser un poco más original en ese sentido y buscarle la vuelta e inspirarse también, dejar que vaya fluyendo.

-¿Cómo ves a los artistas románticos latinoamericanos en la actualidad?
-Creo que hay exponentes realmente notables. (Luis) Fonsi, Camila y (los ya disueltos) Sin Bandera son los que a mí me gustan y escucho sus discos. Encuentro que tienen un muy buen nivel de producción y sobre todo de canciones, creo que es para donde estoy apuntando también. Perfectamente con este disco se puede competir, si tienes el apoyo necesario.

-En cuanto al sonido de Quiero tener fe, ¿hay alguna diferencia con el anterior?
-El anterior fue casi todo programado con máquinas, efectos, salvo algunas cuerdas. Pero este disco es mucho más orgánico. De hecho tiene secciones de cuerdas. El bajo y la batería son grabados de verdad. También tiene un poquito más de power, porque hoy día la balada te da el permiso de subir las guitarras, por las tendencias que hay en la balada en sí.

-Dices que tiene un poco más de rock
-Seguro. Está mucho más pesadito el disco. Tengo mucha más guitarra distorsionada. Está mucho más hi-fi.

El rockero romántico

Precisamente, en medio de la entrevista, suena su celular con el ringtone de "It's my life", un hit de principios de la década pasada del grupo que combina rock con balada romántica, Bon Jovi. No sólo entre las influencias de Cristián Garcés (su verdadero nombre) figuran sus ídolos de infancia como Luis Miguel o Camilo Sesto. También agrupaciones como el quinteto de Nueva Jersey que lidera Jon Bon Jovi.

Recordado es su debut en el Festival de Viña del Mar, en 1996, cuando con una melena similar a la que usaba Bruce Dickinson en los ’80 se subió a la Quinta Vergara para interpretar varias canciones de su disco más rockero, Todo es tiempo. Aunque en esa ocasión actuó sin compañía en el escenario, ya que la banda estaba en el foso tocando, pretende tomarse la revancha en la edición del próximo año del Festival.

-Si me dejo crecer el pelo se me va a caer ahora. Ya no sé si aguanta, pero la onda sigue. Yo siempre he sido de gustos rockeros, toda la vida. El tema es que cuando me siento en el piano a hacer canciones soy súper romántico. De hecho, si escuchas el disco rockero que tengo, la mayoría de las canciones son románticas. Rodrigo Bari, que era el guitarrista de Diva, le puso el toque más rockero, pero en general es un disco más mamón -dice.

-Pero no te arrepientes para nada de haber hecho ese proyecto.
-Para nada. De hecho arrendamos un departamento en Inglaterra para hacerlo. Estuvimos tres meses viviendo allá e hicimos la banda con músicos de allá. Se formó ahí mismo una banda con músicos increíbles. Ese disco todavía lo escucho y digo "qué bien suena". Se logró un buen trabajo, yo nunca he renegado de eso. Soy rockero, pero el tema es que soy más romántico que rockero.

-¿Y pretendes tocar canciones de ese disco también en tu gira?
-Sí, vamos a tocar un par de canciones que fueron singles del disco rockero también. No las toco mucho en vivo, pero para esta ocasión sí van a estar. Ahora que estoy con la banda voy a volver a tocar guitarra eléctrica en vivo, cosa que no había hecho hace muchos años. Podré mostrar un poquito más la parte del músico.

-Parece que te sientes más libre ahora
-Es que tocar con banda te da más libertad, porque tocar con pistas estás restringido a lo que tienes ahí. En cambio, con bandas es todo un desafío y tú puedes elegir lo que vas tocar. Sentir el power de la batería, la guitarra y todo, es otro cuento.

El quiebre con Humberto Gatica

Andrés de León ha aprendido de magras experiencias anteriores para estar hoy con los pies bien puestos en la tierra. A principios de la década pasada el baladista era mirado como un artista pop que se proyectaba internacionalmente. Su calidad vocal no hizo más que maravillar al reconocido ingeniero musical chileno Humberto Gatica (Michael Jackson, Celine Dion, entre otras estrellas, como el propio Lucho Gatica) y a su compañero de trabajo David Foster, renombrado productor estadounidense dueño del sello 143 Records, filial de la multinacional Warner Music Latinoamérica.

Junto a ellos trabajó arduamente para crear el que sería su tercer álbum. "Yo estaba volando. Estaba con el mejor de los mejores, me pagaban mucha plata y veía que mi futuro estaba prácticamente asegurado". Pero el disco, que demoró dos años y medio en estar listo, provocó que los gerentes de Warner, al escuchar la placa, concluyeran que no había hits. Enseguida, los más de 400 mil dólares invertidos se fueron al tacho de la basura y liberaron al artista.

Pero tiempo después consiguió firmar con Sony Music en Miami y de esta manera publicó su disco rechazado, bajo el simple título de Andrés de León. Fue el álbum que a la larga lo hizo conocido en toda Latinoamérica con éxitos como “Quiero”. "Fue complicado todo ese tema. Te sientes que estás en las nubes y de un momento a otro estás en el suelo, vuelves a cero", comenta.

-Supongo que hubo un quiebre después de eso.
-Un poquito, pero básicamente porque él (Humberto Gatica) se demoró dos años en hacerme el disco. Dentro del período que trabajé con él hizo álbumes de Celine Dion, La Ley, Myriam Hernández, unos proyectos en Francia, algo para Michael Jackson. Entonces me vi siempre relegado al tiempo de Humberto y siempre me dejó así como 'cuando pueda trabajo en tu proyecto'. Y David Foster dejó que eso pasara.

-¿Todavía buscas responsables de lo sucedido?
-Ya tomé la decisión de no mirar para atrás. Es simplemente un mal ejercicio. Hay que mirar para adelante. Y si puedo recuperar los contactos que tenía con ellos en algún momento, bien. No creo que un artista después de los 30 años esté muerto, creo que si puede hacer bien las cosas, puede hacer mejores discos incluso y mucho más maduros.

-¿Sigues manteniendo contacto con ellos?
-Con David sí. A Humberto yo no lo he podido ubicar, pero sé que no hay ningún resentimiento de parte de él. Quien debiese estar un poco resentido soy yo, porque siempre fui como el relegado, pero son cosas que ya pasaron. De Humberto tengo un bonito recuerdo. Al final de todo creo que aprendí mucho. Trabajando con gente como ellos crecí un montón. Eso no lo aprendes en ninguna escuela de música acá en Chile. Eso te da mundo, te da el bagaje y la experiencia para vivir.

-En 2006 dijiste "he tenido todo, pero me falta explotar", ¿sigues pensando lo mismo?
-Sí, seguro que sí. Creo que falta explotar, pero eso es trabajo, uno bien hecho. Sobre todo en lo que es difusión de medios. Pero creo tener los elementos necesarios para funcionar tanto en Chile como en Latinoamérica y que mi música sea más conocida.