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Lo que el mar no se llevó quedó en las canciones

Uno de los máximos exponentes del folk actual anticipa para mayo su tercer álbum, mitad acústico, mitad enchufado, que probablemente llevará el título de Catalejo. Desde su tibia Arica natal y la vorágine de Santiago a la catástrofe en Concepción y sus costas, García escribe versos y melodías.

12 de Marzo de 2010 | 10:12 |

Primero fue la angustia de no saber el paradero de sus familiares por varias horas: Manuel García se encontraba en otro continente mientras gran parte del país se caía a pedazos. Luego tuvo que aguantar más de tres días en Buenos Aires para viajar en avión hasta Mendoza y desde ahí en bus hacia Santiago. Pese a estos obstáculos, nada fue impedimento para que uno de los más reconocidos cantautores del folk actual en nuestro país hoy esté grabando de vuelta en la música con la grabación de su tercer disco.

Ni el terremoto y ni el tsunami del 27 de febrero lo dejaron indiferente. En ese momento participaba en el Festival Barnasants de Barcelona, certamen que en la edición de este año homenajeaba a Víctor Jara, y allí García era el único invitado chileno.

Aquel día, que "compite fácilmente para ser uno de los peores de mi vida", como dice el cantautor, pareciera estar grabado en su mente mientras en la Sala Master toca con una guitarra acústica la inédita canción "El reproche", acompañado por su compañero de Mecánica Popular, Diego Álvarez (primera guitarra), además de Gonzalo Canales (segunda guitarra), Fernando Julio (bajo), Camilo Morales (batería) y Camilo Salinas (piano y teclados).

El tema, cuyo tempo marca una especie de vals rockero que se entrecruza con acordes y solos de guitarra blues al estilo de Bob Dylan, pertenece al nuevo repertorio que tendrá el disco sucesor de Pánico (2005) y el aplaudido Témpera (2008). Allí cuenta con el apoyo del reconocido ingeniero Gonzalo González, quien mezclará el álbum en Estudio Triana y será editado finalmente durante mayo por el sello Oveja Negra.
 
En este nuevo proyecto -cuyo nombre tentativo es Catalejo (como el documental que Ronnie Radonich realizó sobre el reencuentro del músico con su natal Arica)- se combinan antiguas composiciones que nunca había registrado y otras totalmente nuevas. El disco, que esta vez ha sido producido por el propio García, está dividido por canciones acústicas y otras más rockeras y distorsionadas.

"Creo que el éxito del disco sería que me identificara muy personalmente con el trabajo. De hecho, estoy transgrediendo bastante los paradigmas que tiene uno como músico. Los estoy tomando como referencias, pero para variarlos, destruirlos o transgredirlos, no para seguirlos. Más bien son contraejemplos".

-Como en "El reproche", donde no querías que fuera necesariamente un vals.
-Exacto. Si vamos a tomar un elemento tal vez sea un aire, un espíritu de una cosa, pero no tiene por qué tender a deformarse o rendir culto al estilo. Tiene que encontrar su camino propio y eso también significa ser un poco rupturista.

-¿Pero pudiste rescatar algunas influencias nuevas en comparación a los discos anteriores?
-La influencia más nueva es la libertad creativa que se ha producido entre cantautores chilenos cercanos. Ir conversando por ahí con la Camila Moreno, Pascuala Ilabaca, Nano Stern, Chinoy, Gepe... Todos los brillos nuevos que le han puesto personajes como Leo Quinteros a la música. También el aporte más anterior pero valioso de Los Tres y Los Prisioneros. El diálogo va con ellos, no con un disco tributo a otros artistas que siento que fueran paradigmas casi religiosos.

El fin de una etapa musical

García dice que la tónica del nuevo álbum, en comparación con un Pánico donde impera la guitarra arpegiada y el alma de trovador que el cantante ha tenido desde sus inicios, y a un Témpera con más rasgueos y cercano al rock, es que "hay características de ambos discos, pero es distinto. Tiene un sonido rudo, descarnado y experimental a veces, pero con las armonías terminadas hasta el final. La configuración está trabajada en un tema que tiene sus bajos, sus contracantos y todas esas cosas que son armónicas".

-La mayoría de tus canciones evocan más a la naturaleza, a lo íntimo y también critican ciertos aspectos de la sociedad, ¿cuál será el planteamiento central de este álbum?
-Hay muchos sonidos de pasos en la calle, de gente, de pueblo moviéndose en el día (...). En "Alfil" está la mención de estudiantes marchando por las calles, de la gente que va y que sale. En unas dos o tres canciones más sucede lo mismo. En "Lentes de Allende" va toda la gente con lentes de Allende mirando al frente. Vamos a escuchar varias veces en el disco ese sentido de un personaje reflexivo interiormente, pero con la ventana abierta hacia la calle y caminando entremedio de las multitudes.

-También has tenido algunas canciones con una mirada más provinciana porque vienes de Arica, ¿en el nuevo disco se verá a un Manuel García ya inmerso en Santiago?
-El disco es muy de eso. Está muy inmerso en Santiago. De hecho, la única canción que resume más nostalgia y mundos interiores es la "Terrible canción número 1", que es del año 94. Las otras son todas contextualizadas básicamente en Santiago: gente que seca sus blue jeans en las estufas, que camina en las calles, personajes que valoran o critican la cotidianeidad desde el punto de vista de lo urbano. Casi todas las experiencias que encierran tienen que ver con la vida en la capital.

-Ya no hay gallinas cantando en el metro (verso de la canción "La gran capital" que aparece en Témpera).
-Exacto, ya no hay gallinas en el metro en este disco. Y hay una situación natural también en función de mis años de "santiaguinización".

-Témpera recibió una muy buena evaluación de la crítica, ¿crees que tienes una vara muy alta por superar?
-No, porque estoy muy agradecido de los discos anteriores, sobre todo de las respuestas del público (...). Estoy trabajando en esto sin el ánimo de quedar bien con nadie ni romper el récord de Pánico o Témpera. No sé en qué sentido puede ser mejor un disco que otro. Cada álbum, según su contexto, su año y sus públicos son buenos o no.

-Has dicho que el objetivo de este disco es agradecer a tus auditores. Eso se interpreta como si fuera una despedida y el último disco de Manuel García. ¿Realmente quisiste decir eso?
-En realidad tengo una situación súper secreta de cambio en mí. Es un disco con el que creo que voy a cerrar precisamente una etapa en mi trabajo y que en adelante me voy a abrir a otros sonidos y a otras formas de hacer música. Espero que para el público el cambio sea paulatino, pero siento la necesidad de no estar encasillándome y autorindiendo tributo a aquellas cosas mías. Me da un sentido de rebeldía muy profundo en mi propio trabajo. En este caso estoy tratando de ser lo más gentil posible con mis antiguos discos y justamente de agradecimiento con mi público, dándole aquellas canciones que yo sé que les gustan. Pero para mí mismo estoy tramando una cosa muy distinta de sonido y de música.

-¿Por dónde se está encaminando ese sonido?
-No sé exactamente, pero sí sé que es un número de canciones que no puse en estos discos y que le estoy dando muchas vueltas. Me están hablando de un artista completamente distinto.   

Cuando el mar se enoja

Y el mar se enojó. Tal como lo predijo aquella canción que García escribió para su último álbum, "Cangrejo azul", cuando versaba "El mar se va a enojar / Se va a comer su pez / Las piedras va a morder / Con rabia hasta el final". La historia no hacía más que graficar con una proyección casi calcada lo que ocurrió durante la trágica madrugada del 27/02.

"En esa canción pensaba en la imagen de un cataclismo, también por la situación vanidosa del hombre sobre la naturaleza, porque no hemos sabido ser parte de ella (...). Y el tema curiosamente imagina la vanidad del hombre en este enojo, esta furia de la naturaleza que lo borra todo", dice el cantante que en su infancia y adolescencia en Arica compartió junto a pescadores y mariscadores artesanales.

-¿Te sorprendió ver la catástrofe?
-Sí, imagínate la canción del cangrejo también menciona a un Gobierno al revés: "Lavando me quedé / Los platos de uno a cien / De un Gobierno al revés". Mira cómo se dieron las cosas, también fue parte de aquel día. Y Cristo aparece como una figura de brazos caídos como preguntando si alguien ha visto un cangrejo azul, que en el fondo simboliza la poesía interior humana".

-Además, Concepción es una ciudad que te ha entregado mucho artísticamente (participó como intérprete en "Víctor Jara sinfónico", concierto con el Coro y la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción).
-Por supuesto. Siento que tengo que devolver todo ese cariño, apoyo y ayuda que prácticamente necesita Concepción. Ya veremos qué se hace más adelante: tal vez talleres de arte para los niños, terapias para que estén más contentos, ir a cantar canciones de 31 Minutos o Mazapán, pero algo tengo que hacer en ese aspecto. Tengo ese impulso que en algún minuto se traducirá en alguna cosa.