SANTIAGO.- La española Leonor Watling tiene una red de vínculos tan extensa en el mundo artístico, que muy pocos podrían igualarla. Sólo en cine anota trabajos con ilustres como Bigas Luna, Álex de la Iglesia, Ray Loriga y Alessandro Baricco, aunque debe ser uno de sus trabajos con Pedro Almodóvar el que la hecho más identificable: En la cinta "Hable con ella" interpretaba precisamente a "ella", la muchacha en coma a la que se le descubría un embarazo.
Sin embargo, no es por su trabajo actoral que estará en Chile la próxima semana, sino por el musical, faceta en la que también anota colaboraciones con artistas como Fito Páez, Miguel Bosé y Jorge Drexler, quien además es su marido.
Pero a Santiago llegará como protagonista, con su propio proyecto: Se trata del grupo Marlango, un conjunto de delicadas melodías que el jueves 3 de junio se presentará en el Centro Cultural Amanda.
"Tengo mucha intriga, muchas ganas, mucha ilusión. Chile es un sitio al que nos moríamos de ganas de ir. Nos han hablado muchísimo, entre Christina Rosenvinge y Jorge Drexler. Aparte está súper lejos, y si más encima vas con lo que te gusta hacer, es un regalazo", dice desde Madrid.
La agrupación la completan Óscar Ybarra y Alejandro Pelayo, y aunque en ocasiones se presentan reforzados por una banda completa, con bajo, batería y otros acompañamientos, a Chile vendrán como núcleo, en su modalidad más desnuda, sólo con piano, trompeta y guitarra.
-¿Cómo dan con esa formación, algo inusual?
-En realidad nos ceñimos a las canciones. De momento no hay ejercicio de estilo, una propuesta de formación. Es más nuestra manera de trabajar, de comunicarnos. Nuestra terapia y nuestro vicio es escribir canciones, y una vez que las vamos escribiendo, ellas van colocándos donde más cómodas están. Para nosotros es muy divertido ir cambiando, según el día, el ánimo, y eso se nota más cuando no hay batería y bajo.
-¿Eso también les permite jugar con el repertorio, lo van acomodando?
-Sí, según el día (risas). Partimos con un mínimo siempre, ahora mismo estamos poseídos por el nuevo disco (Life in the treehouse), porque la verdad es que son canciones súper lindas de tocar. Eso ha cambiado la manera de tocar las demás canciones.
-¿Esa cuota de improvisación también se nota en vivo?
-En esta gira estamos con una propuesta muy relajada, estar muy honestamente arriba del escenario con lo que hay ese día. A veces es divertido lo contrario, ir con una propuesta muy cerrada y arrasar. Pero en esta gira nos apetecía sentir qué está pasando, cómo está cada uno. Con lo que haya y con lo que a la gente le apetezca. Ir conversando con canciones.
-¿Que el inglés sea tu segunda lengua es la única razón por la que escribes en ese idioma?
-A mí me suena mejor en mis propias historias. Creo que también es por la música que más he escuchado. Y también es más fácil escribir en inglés, eso no es ningún secreto: Hay muchos monosílabos, se puede acentuar donde uno quiera, cada palabra tiene tres o cuatro significados. Te acostumbras a escribir en un lenguaje tan elástico.
-Esa música que, dices, es la que más has escuchado, ¿es lo que se filtra en las canciones de Marlango? Puede sonar a cabaret, por ejemplo...
-Qué curioso... Me encanta saber qué le resuena a cada uno, porque somos tres, y tenemos influencias muy dispares, aunque compartimos algunas como Radiohead, Leonard Cohen y Tom Waits, pero cada uno tiene su mundo, y es muy curioso ver dónde se ha colado una influencia, porque no hay nada planificado. Cuando lo intentamos es un desastre (risas).
-De todos los grandes artistas con los que has trabajado, ¿hay alguno que te haya marcado más?
-Es muy difícil saberlo. Es como un catarro: uno se pone a estornudar, pero es difícil saber en qué momento exacto te has resfriado, aunque hay cosas fáciles de seguir. Por ejemplo, el trabajo que hicimos con Fito Páez en su gira me abrió un mundo vocal que nunca había explorado, que es el falsete, y está en este disco. A mí me daba miedo cantar muy agudo, y ahora se lo debo a Fito. A Pedro Almodóvar le debo la avidez por la vida, por saber lo que hay, que es una cosa que te contagia mucho. Siempre voy con los poros muy abiertos, intento aprender, y he tenido la suerte de trabajar con gente con mucho talento, no sólo en su oficio, sino también en su manera de vivir.