Ubíquese de este lado de los parlantes y escuche Kau. No se pregunte cuál es el instrumento mandatario en este disco y simplemente escuche. Si bien es importante el método de trabajo desde el punto de vista de la ejecución instrumental -una clave más que reconocida como sello de calidad interpretativa al referirnos a este bajista y “stickista” chileno-, en este caso bien vale señalar que la composición sí está tañida desde y hacia la instrumentación.
Claro, el uso de un cordófono tan poco usual como el stick es una marca registrada de Silvio Paredes. Desde hace tiempo lleva la bandera de ser un instrumentista casi único en su especie, al menos en el cono sur. Y también es marca registrada su historial de participaciones en banda tan relevante en la vanguardia pop chilena de los '80 como Electrodomésticos, similar en importancia a la aparición de Los Mismos en la naciente escena electrónica de los '90, donde Paredes fue un apoyo fundamental.
Lo definitivamente relevante ahora son sus nuevas composiciones, melódicas hasta la médula, que se trazan en ocho temas intercalados entre guiños a las cuerdas desnudas de tratamientos sintéticos, junto con otras canciones de mayor complejidad. Todas son instrumentales y allí que despliega superposición de capas, loops y, por cierto, un innegable talento interpretativo que roza el virtuosismo en algunos pasajes.
Las creaciones de Paredes se sintonizan con el ambient y chill out a veces, pero también con la electrónica más pujante en temas como “Sonorama” o “Al sur del sur”, aunque nunca alcanza a escaparse a ritmos de aceleración y baile. Tempo medio es la tónica de Kau y la técnica son ensamblajes preciosos de cuerdas en capas como pintura al óleo, o filosas en otros casos como dibujo a mano alzada. Finalmente Kau es un disco reflexivo, que incita a la imaginación de parajes melancólicos o enigmáticos, como en el breve corte ambiental “El bruto”, o de fijación de figuras altamente recordables como el coro sónico de “Quintay”. El gesto musical de Silvio Paredes parece recoger toda su experiencia anterior, poniendo paños fríos al frenesí con un disco simplemente bonito y cálido. Lo mejor de las cuerdas locales del último tiempo.
—Claudio Pérez Pérez