Luego de la semana inaugural cumplida entre el 7 y el 9 de octubre recién pasados, este miércoles se inician las jornadas santiaguinas del festival internacional de música electroacústica Ai Maako, que tendrán lugar entre el 13 y el 17 de este mes. Es la décima versión de este encuentro, que se ha transformado en una cita creciente en torno a esta música en nuestro país y que en 2010 tendrá como invitados al pionero chileno de esta música José Vicente Asuar y a extranjeros como la holandesa Terri Hron y los canadienses Robert Normandeau y David Berezan.
Y de una de las primeras actividades este miércoles tomará parte la artista sonora, profesora de arte e investigadora chilena Ana María Estrada. Se trata del coloquio sobre "El sonido en el siglo XXI", que tendrá lugar a las 18.00 horas en el auditorio de la compañía Telefónica (Providencia 111) de la capital, y en el que compartirá la mesa con los compositores Aliocha Solovera, Federico Schumacher y Sebastián Jatz y al artista visual y sonoro Rainer Krause. Es precisamente ésa, la del arte sonoro, la disciplina que Ana María Estrada acaba de abordar en un libro publicado junto al sociólogo Felipe Lagos.
Ese trabajo es "Sonidos visibles", subtitulado "Antececedentes y desarrollo del arte sonoro en Chile": arte sonoro entendido como el trabajo artístico que se hace cargo del sonido no considerado musicalmente, sino de aquello que convencionalmente se entiende como ruido. El libro aborda desde una revisión de diversas prácticas artísticas y reflexiones estéticas involucradas en la formación del arte sonoro durante el siglo veinte, con compositores como Russolo y John Cage y el movimiento Fluxus iniciado en los años '60 con nombres como los del alemán Joseph Beuys y el estadounidense La Monte Young, hasta un capítulo sobre arte sonoro en Chile, vinculado con disciplinas afines como la poesía, la música, el video-arte, las artes visuales y la acción de arte.
-¿Qué relación con el libro va a tener tu participación en el coloquio?
-Diría que la relación radica básicamente en todo mi trabajo vinculado al sonido; obra, investigación, ponencias, talleres -dice Ana María Estrada-. Es el hecho de reflexionar sobre el sonido en nuestro entorno y, en el caso de la ponencia, sobre todo desde el punto de vista (o de escucha más bien) de la experiencia. Una de las cosas que me interesan, más que dar a conocer el arte sonoro en sí, es generar algún tipo de reflexión en torno al tema sonoro y todas sus implicancias, desde la vida cotidiana hasta experiencia artística.
-¿Hay entre los músicos una dificultad natural para asociar el sonido a "arte sonoro" en lugar de "música"? ¿La tendencia natural es a asociarlo a "música"?
-Me parece un poco radical hablar de una dificultad "natural". Más bien en algunos casos hablaría de una deformación profesional. Es decir, los músicos abordan el sonido bajo ciertos parámetros y estructuras, como principalmente la partitura, y por lo tanto están condicionando desde un comienzo al material sonoro. Aún cuando hablemos de la partitura en términos muy amplios y conceptuales, en el caso de la música el sonido siempre estará asociado a conceptos como armonía, timbre, ritmo, aunque sea para crear una "música disonante".
-¿Qué tienen a su favor disciplinas como las artes visuales y la poesía para entender el sonido como arte sonoro?
-Creo es que desde la perspectiva de las artes visuales la lectura que se hace del arte sonoro puede resultar más interesante, porque está mucho más enriquecida por los antecedentes estéticos con que se cuenta. Además que por el hecho de no estar necesariamente implicadas con el sonido sí logran la distancia crítica que pienso podría costarle más a un músico.
"Pero creo que en el tema de la catalogación o el reconocimiento de este tipo de arte es más fácil encontrar una apertura en los músicos", agrega. "Al menos ésa ha sido mi experiencia personal. Aún cuando se puedan tener diferentes concepciones del área que implica, muchas veces encuentras mayor apertura entre los músicos que en los artistas visuales, ya que al menos el sonido es siempre un material presente en su quehacer, no así para el artista visual".
-¿Y la poesía?
-Pienso que en el caso de la literatura el sonido está implicado de alguna manera, sobre todo considerando que es la poesía, más que la literatura, la que se vincula con el sonido. Esta rama literaria está pensada para ser leída y por lo tanto para utilizar el recurso de la voz, que es propiamente sonora. Entonces a partir de ahí se deriva al sonido, en relación con la voz. Es por eso que me parece que las artes visuales son capaces de reunir los elementos de una manera más compleja e interesante.
Sonido en poesía, video y artes visuales
-En el primer capítulo del libro mencionas a autores sucesivos como Russolo, Cage y Fluxus. ¿Dirías que esa es una progresión, cada uno se fue basando en el trabajo del anterior?
-No me gusta mucho la idea de "progreso", pero sí creo que efectivamente cada uno es antecedente para el otro. Russolo fue un pionero y un visionario absolutamente, sin embargo deja sus ideas planteadas, pero no logra una revolución mayor en cuanto al tema del sonido, porque sigue al interior de una estructura convencional de la música, es decir, incorpora el ruido, pero para musicalizar con él. En ese sentido Cage va mucho más allá y Fluxus, quienes trabajaron con este último, se hacen preguntas mucho más radicales, que dan cuenta de su formación interdisciplinar. Por lo tanto, más que cuestionar la música, cuestionan a todo el acontecimiento musical, dando un paso más allá de la música.
-¿Fluxus es una culminación en ese logro de considerar el sonido como "arte sonoro"?
-En rigor no creo que gracias a Fluxus podamos nombrar al arte sonoro como tal. De hecho me parece que quizás como término podríamos derivarlo más de la música, aunque no me atrevería a afirmarlo. Sin embargo, como una visión muy personal sí creo que Fluxus son de los primeros grupos artísticos en generar obras que posteriormente podríamos nombrar como arte sonoro.
-¿En qué consiste esa culminación y por qué se da con ellos?
-Como te decía antes, creo que esto se debe principalmente a que fueron un grupo transdisciplinar que contaba con integrantes de diferentes formaciones artísticas y que desarrollaron su obra en muchas áreas: cine, performances, por lo tanto tenían herramientas y experiencias estéticas que les permitían ser mucho más arriesgados en sus propuestas, pues estaban en constante experimentación con los elementos y materiales que querían abordar.
-El capítulo final incluye una revisión de las diversas disciplinas que en Chile han incorporado el arte sonoro: la poesía, la música, el videoarte, la acción de arte, las artes visuales. Con toda esa historia previa, ¿en qué pie crees que está el arte sonoro en Chile actualmente?
-Creo que el arte sonoro todavía está en una etapa muy incipiente. Principalmente porque faltan más instancias, mayor interés y mayor asociatividad en este sentido. Además me parece que hay una aparente apertura hacia este tipo de arte, pero no sé que tan efectivo sea, pues en ocasiones es más como una moda. El tema de la asociatividad es clave creo yo; muchas veces se generan muestras, por ejemplo, en donde más que invitar a personas que estemos realmente interesados en el sonido como problemática artística, se convoca a personajes que son recién invitados a incursionar con el sonido para esas instancias. Bajo este panorama, sumado al individualismo tan propio del artista visual chileno, es complejo desarrollar algún tipo de escena de arte sonoro. Sin embargo habemos personas que tratamos de generar un aire nuevo en ese sentido, por ello la iniciativa del libro y los talleres que comencé a realizar recientemente (ver recuadro).
-¿A qué artistas o tendencias destacarías?
-Con todo esto, lo que me parece lejos más destacable es el esfuerzo que hace Fernando Godoy con el Festival de Arte Sonoro que se hace en Valparaíso, Tsonami, aún cuando creo que con Fernando tenemos visiones diferentes respecto al arte sonoro y el festival tiene bastante de festival de música. Me parece muy interesante la apertura que ha tenido y el hecho de transformarse de un festival de música contemporánea a un festival de arte sonoro. Lamentablemente este festival se basa principalmente en la autogestión y el esfuerzo personal y les ha costado mucho generar fondos que apoyen el proyecto, lo cual tampoco favorece al desarrollo artístico sonoro en nuestro país.