Los discos de Elvis Costello son viajes cómodos de ánimos alternados, en los que los pasajes de melancolía —reflexivos, mas nunca tristes— sirven para acumular fuerzas para la euforia que vendrá más tarde cuando las guitarras se aceleren y el cantautor vuelva a sonar como lo hacía en los años setenta junto a The Atractions. Entre estos pasajes de contraste, el oído se acomoda con gusto y curiosidad: ¿de dónde sacará Costello la imaginación suficiente para asumir voces tan disímiles, y sonarnos convincente como romántico desolado, jovencito rebelde, detective intrigante y esposo leal?
En este disco hay punk, bluegrass y jazz como géneros principales de cita, pero, sobre todo, avanza una marca autoral distinguible y cálida. "I lost you" y "National ramson" deben ser las canciones más convencionales en términos de estructura (con un estribillo ágil y reconocible), pero ambas aparecen rodeadas de temas más inasibles, exigentes y, por lo mismo, cautivadores. Esos temas lentos se sirven de instrumentos como el piano, la mandolina y los violines; mientras que el rock le deja paso luego a la batería y guitarra eléctrica.
Y está, también, el terreno-medio; canciones que parecen sacadas de algún musical ("A slow drag with Josephine", "A voice in the dark") y que de seguro fueron grabadas con una sonrisa en la cara de todos los involucrados. A treinta y tres años de su debut, Elvis Costello se mantiene como un músico propositivo y fresco que deja en vergüenza a varios acomodados de su generación, y que aún estimula a sus seguidores con álbumes quizás ya sin clásicos, pero con suficientes ideas que justifican la inversión.
—Marisol García