Evelyn Cornejo

16 de Julio de 2011 | 16:22 |

Son citas a las arpilleras de Violeta Parra las que embellecen la carátula del primer disco de Evelyn Cornejo —en rigor, una reedición del autoeditado Música de raíz folclórica de hace dos años—, y textos de la misma artista ("Versos por la niña muerta") cierran el álbum. Pero la admiración de la cantautora maulina pasa, también, por permitirse sacar una voz propia a partir de las enseñanzas más sonadas de Violeta: su inquietud política, su indagación en el folclore, su mirada latinoamericanista.

Todos ellos son ejes inconfundibles de este álbum sorprendente por la diversidad de sus temáticas y el ingenio de sus arreglos. La voz amable pero triste de Cornejo cautiva como suelen hacerlo las propuestas a las que es difícil ubicar en un mapa de referentes: vibra con fuerza propia, salida de quizás dónde, ocupada en formas y temas habituales aunque de un modo atípico.

Las canciones de Evelyn Cornejo no se levantan sobre el ritmo de las percusiones ni la pura melodía, sino que parecen irse adaptando a una cadencia dictada por su peculiar vocalización. No importa si ésta se vuelve suave (como en "Solo tú", un tema de amor) o más vehemente (como en "El manzano"): la voz de Cornejo es el principal instrumento de canciones levantadas casi siempre sobre una guitarra o un cuatro suficientes para ofrecer rasgueos cautivantes. Una canción como "Los ratones", que relata un desengaño amoroso, podría haberse contentado con la languidez de las cuerdas, pero elige, en cambio, un crescendo que se va enriqueciendo hacia el final con tambores, flautas y aplausos; sabiendo que compartir la pena requiere también de ingenio para que el relato se vuelva atrayente.

Prueba categórica de esa distinción es aquel rock sombrío en el que convierte una de las piezas centrales de La pérgola de las flores, al actualizar la confesión de Carmela de San Rosendo en un sonido que parece salir del Santiago contaminado y tenso de hoy. Cornejo puede ser política ("Alerta", "La huelga", "País de cobre") o fabular con historias de animales, pero en cada composición a su cargo hay algo misterioso, no del todo evidente, que obliga a una atención concentrada. El suyo es un talento de varias capas, que aunque se acopla a un movimiento más amplio de nueva cantautoría chilena, carga rasgos identitarios que merecen la atención por sí solos.

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