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El tráfico de hormonas: La particular apuesta de Bélgica para quedarse con el Oscar

"Bullhead" es calificado por su director como un "western", basado en un caso real sobre la mafia de las hormonas que marcó a ese país.

07 de Febrero de 2012 | 12:24 | AFP

BRUSELAS.- El sonado caso de la mafia belga de hormonas le vino como anillo al dedo al director Michael R. Roskam a la hora de montar su ópera prima en el cine. Se trata de "Bullhead", un filme sobre el trágico destino de un granjero involucrado en ese curioso mundo, y que ahora busca darle a Bélgica un Oscar como mejor película extranjera.

El director belga, de 40 años, quería que su largometraje fuera sobre un crimen perpetrado en su país, que mostrara además cómo un hecho marca nuestra vida "irremediablemente".

"El caso de la mafia de las hormonas en mi país fue tan extraordinario... fue como un regalo" para mí, dice Roskam, pocos días antes de la ceremonia de los Oscar (26 de febrero) y del estreno internacional de su filme, al que define como "un western flamenco".

Escrita y dirigida por Roskam, la película está basada en un hecho real: el asesinato en 1995 de un inspector de policía que investigaba la mafia de hormonas en Bélgica, uno de los países más afectados en Europa por el crimen organizado del tráfico de anabolizantes, para engordar el ganado en el mercado negro.

Pero es sobre todo una película sobre un joven granjero de la región de Limburgo, quien se enfrenta a sus demonios tras una experiencia lacerante en su infancia, que lo deja atrapado en un cuerpo bestial, inflado a base de hormonas y esteroides.

"Me gustan mucho las metáforas: quería mostrar la vulnerabilidad de un hombre atrapado en un cuerpo que no tiene nada de natural... A la vez vivimos en una era en que manipulamos todo, tanto el espíritu como la materia".

"Y sobre todo me intriga lo irremediable de los acontecimientos y cómo estos marcan nuestro destino", explica Roskam, quien pasó de ser un habitante del paisaje rural, en la región flamenca donde se filmó "Bullhead", a filmar con un presupuesto de dos millones de euros y pelear por un Oscar.

"Celebré el hecho de estar nominado, y celebraremos al ganador, sea quien sea. La película ya no es mía, es una película belga", asegura el director. "Estoy contento de poder dar una buena noticia para Bélgica en momentos tan tristes", agrega refiriéndose a la crisis económica y a las divisiones en su país.

La película deja en claro los distintos acentos de Bélgica. "Incluso usé dialectos, ya que más que nada representan un lenguaje corporal", cuenta el realizador, quien reconoce la opción de que muchos no los entiendan, "pero lo sentirás y eso es lo que buscamos".

La revista "Variety" ubicó a Roskam como uno de los diez directores más prometedores de 2012.