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Corrosion of conformity

La potencia arrolladora del punk y el sonido herencia de Sabbath vuelven en un trabajo completísimo, en el que COC muestra todos sus carteles con maestría.

05 de Abril de 2012 | 18:11 |
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Siendo una de las bandas fundacionales del crossover entre metal, hardcore y el Groove desértico y sureño, cuesta creer que tuvieron que pasar siete años para tener un nuevo registro de Corrosion of Conformity. Y para agregar más, era impensable que los de Carolina del Norte plantearan un disco de material inédito sin el que, hasta hoy, se había transformado en el pilar de la banda. Así de importante es el guitarrista Peeper Keenan para COC.

Sin embargo, los compromisos de Keenan con DOWN (banda en la que milita junto a Phil Anselmo y la sección rítmica de Crowbar) fueron más que suficientes para que el trío original —el que inició todo y que marcó un antes y un después de la música dura con Animosity (1985)— se reuniera en la publicación de este disco homónimo que trae de vuelta los sonidos más clásicos de la banda, ese cruce de estilos que forjaría su identidad, pero al mismo tiempo mantiene el sonido que imprimiera Keenan desde Blind (1991). Vale decir, guitarras a lo Black Sabbath y temas más arrastrados.

De la primera etapa son reconocibles los cortes “Psychic vampire” y “Leeches”. Acá, el trío compuesto por Mike Dean, Reed Mullin y Woody Weatherman. Por otro lado, lo que podría ejemplificarse como la “segunda etapa” de COC se nota claramente con el tremendo instrumental “El lamento de las cabras”, uno de los puntos altos del disco. También, con ese sonido más stoner, destaca “The doom”.

Sin embargo, es en el sencillo “The moneychangers” donde confluyen ambas fuerzas que dan vida a Corrosion of conformity. La potencia arrolladora del punk y el sonido herencia de Sabbath vuelven en un trabajo completísimo, en el que COC muestra todos sus carteles con maestría, y prueba que, para los de Carolina del Norte, el todo es siempre mucho más que las partes independientes.

—Felipe Kraljevich M.