Ciudadano (fuera) del mundo

Fue un Pinochet Boy y fue un Niño con Bombas, pero ahora este cantante y compositor chileno da un paso más adelante de esos grupos que formó en los años '80 y '90: Daniel Puente Encina llega a Chile a estrenar su primer disco personal, Disparo.

11 de Abril de 2012 | 12:49 |

Será casual o no, pero hay alusiones a la juventud y hasta a la infancia en el bautismo de los primeros grupos que Daniel Puente formó en su vida. Ahí están el nombre de boys que desde los años '80 resuena en Pinochet Boys, y el de niños que eligió en los '90 para Niños con Bombas. Esta vez es distinto. Con dos décadas de estada europea en el cuerpo, este mes el cantante vuelve a su natal Santiago de Chile para mostrar su música y ahora se llama con nombre propio, y nombre completo: Daniel Puente Encina.


Puente fue el cantante y bajista de Pinochet Boys, ese grupo temprano en la primera new wave santiaguina y activo entre 1985 y 1987. Es el inicio de una vida de viajes y grupos durante la cual ha formado luego a los mencionados Niños con Bombas y a su tercera banda, Polvorosa, antes de grabar como solista el disco que estrenará en Chile, Disparo, días antes de su salida a la venta en mayo próximo.


"Es un conjunto de cortos donde el guión es la letra y la fotografía, la música", es su definición de Disparo, que contiene títulos como "Mike Tyson", "El diablo espera por mí" o "Pa' tenerte aquí" entre un total de nueve canciones inéditas y una versión actualizada de "Botellas contra el pavimento", de Pinochet Boys. "Latin-soul, latin-rock o latin-R&B" son algunas definiciones acuñadas para esta música, que suena en la voz y la guitarra eléctrica de Puente con las congas y tambores djembe del percusionista francés Didier Roch.


Pies en polvorosa: los viajes


Tras viajar por Brasil y Argentina con su primera banda, Puente partió a recorrer capitales y ciudades como Madrid, Londres, Amsterdam, Berlín y Hamburgo, y en esta última fundó Niños con Bombas.


Con ese grupo grabó los discos Niños con bombas de tiempo en el momento de la explosión (1996), difundido por el pegadizo éxito "Screamska", y El niño (1997), ambos publicados por el sello Grita Records en Nueva York, y compartió escenario en Alemania con el grupo industrial y experimental Einstürzende Neubauten.


Una tercera fase de su historia es Polvorosa, iniciada en 2000 y abierta esta vez a la música para cine. Algunas de sus canciones se oyen en tres de las películas del realizador alemán de ascedencia turca Fatih Akin: "Corto y con filo" (1998), "In July" (2000) y la premiada "Contra la pared" (2004), y Polvorosa publicó además el disco Radical car dance (2005) y tiene un segundo álbum, Tres cruces (2001), todavía inédito.


Hay algo en común entre todas esas etapas. "Siempre he sido un rebelde, un friki, un extravagante con gustos y estilo muy peculiares y propios", define Puente en una entrevista a propósito de su disco nuevo. "Amo la música en general, pero lo que más me mueve y me conmueve es la música con raíz africana, la música negra. Tenemos maravillosos ejemplos de música negra en nuestras tres Américas".


Durante esos veinte años en Europa, el cantante emprendió tres giras por Europa, Israel, EE.UU. y Sudamérica con Niños con Bomba. También llegó a Chile durante algunos meses entre 1997 y 1998 para actuar con esa banda en escenarios como la hoy demolida discoteca Laberinto de la capital, en un itinerario que también incluyó una actuación ante noventa mil personas en el festival Rock al Parque.


"Al principio me sentí tan extraño y fuera de lugar como en Chile", recuerda, a propósito de su llega a Europa. "Pero uno se acostumbra a todo y con el tiempo me di cuenta de que no me convertía en un ciudadano del mundo, sino más bien de fuera de este mundo. Y, la verdad, el estilo de vida occidental ahora me parece el menos interesante y menos sexi de todos".

A ese estilo de vida Puente opone sus opciones propias. "Soy vegetariano y amante de los animales. Soy un aventurero, un nómada y un conquistador, no de inmensos territorios sino de realidades. Creo que represento el espíritu genuino del artista trovador y viajero. Un mago de magia verdadera: nuestra conciencia. Estoy de viaje permanente en una nave espacial, la Tierra. Soy un científico cuya ciencia es el arte. Por eso escribo, compongo música y viajo. Estoy investigando mi propio ADN y el de los demás. Y esto es para mí es sexi de verdad".


Heavy afro funk y humedad del mar Caribe: las canciones


Esas exploraciones se escuchan además en las canciones de Disparo, una colección que se inicia con "Mike Tyson" ("La historia de un típico guetto kid en su duro aprendizaje en la sobrevivencia diaria a través del dolor, la rabia y el deseo. La ambientación es heavy afro funk") y "El diablo espera por mí": "otra desesperanzadora historia de amor no correspondido, ambientada en un Caribe rural de superstición y prostitución a principios de siglo veinte. Crossing road blues y ron bajo palmeras en una humedad asfixiante".


Referencias nuevas aparecen entre las canciones siguientes, siempre entre la influencia latina y la afroamericana, como en "Déjame fuera": "Fin del idilio y viaje a lo desconocido en ambiente gospel soul, con claras referencias religiosas del tipo Nueva Iglesia de la Esquina del Frente de los Días Fatídicos que Vendrán". Así también suenan "Disparo", que da título al disco ("Historia de amor desastrosa de mal final, ambientada en la humedad del mar del Caribe"), "Azul oscuro" ("confesión de amor de desgarradora honestidad, en un ambiente bossa blues a lo Billie Holiday") o "Amor de abajo" ("amenaza de amor eterno en ambiente de casa de juerga fronteriza de mambo blues").


Por oposición al consabido género del R&B o rhythm & blues, heredero de las influencias afroamericanas en la música popular estadounidense, Daniel Puente Encina propone acá el L&B o latin & blues. Así se oye otra de estas canciones, "Lío": "road movie sobre una pareja de gánsteres en su viaje al negro corazón del destino: ambiente boogaloo y L&B", mientras en "Babylon" narra "la historia de un excéntrico solitario de vuelta de todo, que se excluye del mundo en su refugio de montaña, con ambientación onírico-paranoica a través de una melodía psicodélica y un pesado ritmo afro caribeño al final".


La raiz sudamericana y chilena específica resuena hacia el final en "Pa' tenerte aquí", planteada como una "declaración de amor incondicional en un ambiente épico cordillerano de (compás de) seis octavos latinoamericano, mezclado con afro blues de Mali, también en seis octavos", y, para el cierre, con una nueva versión de una de las canciones de su primer grupo, "Botellas contra el pavimento": "homenaje personal a los Pinochet Boys, en una versión de rápido rock blues y coro beat a lo swinging London".


Daniel Puente defiende ese instinto libre por buscar rumbos propios que ya se advertía en esa banda inicial surgida en Chile a mediados de los '80. "Lamentablemente en los últimos años la música se ha convertido en fórmulas con garantía de éxito", dice. "Todo se analiza y piensa al detalle, no hay espacio para la espontaneidad ni para la experimentación. Pero yo me sumo a todos aquellos que anhelan lo inexplicable. Mi música se crea en el vientre y el subconsciente. Todas las fantasías que tenemos ya existen, existieron o existirán en algún sitio del universo. La vida está llena de magia. La ficción no es irreal, es sólo otra forma de contar la verdad. Mi música tiene algo de místico y por lo tanto de revolucionario. La música es más que entretenimiento, es conocimiento. Y el arte hace al hombre libre".