Es un apunte técnico, pero con un significado amplio: tiene sentido haber hecho este disco en Madreselva, estudio de grabación chileno especializado como ninguno en un catálogo de discos locales de música latinoamericana, porque Ajipatucaldo muestra acá que es –en parte– una continuidad lógica y joven de esa corriente desarrollada por décadas en Chile. Pero de ninguna manera termina ahí: esta banda incorpora además elementos que las generaciones previas no habían considerado, como el rock, el funk, el metal y el rap.
Sobre todo el rap. Ese el lenguaje común a las canciones de Archipiélago: todas las canciones con letra son rapeadas. Pero lejos de ser el recurso único, las rimas están rodeadas por encuentros permanentes de ingredientes, y eso pasa en todos los planos posibles: en los timbres, los arreglos, los géneros, la composición, las voces y las letras. En los timbres, una guitarra metalera se encuentra con un charango al cierre de "Armavoz", y luego en el disco se van a escuchar instrumentos tan variados como charango, congas, chinchín, trutruka, udú, cuerdas con arco y un bajo sin trastes. Los arreglos son una pequeña ciencia aquí, con compases de tres, cuatro, cinco o siete tiempos, equivalentes además a episodios en géneros como tonada, jazz, metal, funk, rock, huayno, samba, algo que podría ser landó y pasajes acústicos. Y a veces los cruces van más allá, como en la carga simbólica de la guitarra distorsionada en oposición a los instrumentos folclóricos que suena al final del disco: eso ya no parece un diálogo, parece una batalla.
Si Ajipatucaldo tenía mucha música que poner en juego aquí, con las letras no es menos. Tres de los integrantes se turnan para sacar la voz en las canciones: son el cantante, el contrabajista y el baterista, como se aprecia muy bien en la canción "Tríptico". Y entre los tres llenan Archipiélago de rimas contingentes y muchas veces certeras. "El síndrome de aparentar lo que no somos", detectan en un momento. "Despierta y ocupa el gimnasio del cerebro", recomiendan en otro. Se atreven a rapear a Nicanor Parra y hacen caber una trilogía completa al interior del disco, titulada "Archipiélago del tiempo", donde cuestionan la familia y otras convenciones. Una canción sobre los atentados al ecosistema se llama "El más grande femicidio" e incluye la línea "Somos un cáncer, un tumor maligno, estamos siendo victimarios del más grande femicidio", por si hace falta explicarlo. Es la definición de un disco debut para esta banda: mucho que tocar y mucho que decir.