La guitarra saturada con la que se inicia "I gotsa get paid", tema que abre el décimoquinto trabajo de estudio de los estadounidenses ZZ Top, La Futura, lleva al engaño. No es que el trío más famoso de boogie-rock quiera, en esta aventura 2012, dejarse llevar por la modernidad ni añadirle más peso a sus guitarras cargadas de blues y sonido del Delta. Lo que sucede es que, con más de cuatro décadas de trayectoria, el sonido natural de una banda que ya hizo de todo —desde ser verdaderos rockstars hasta convertirse, en los últimos años, en un número más de Las Vegas— parece ser el mismo que profesaran en sus inicios. El ciclo del eterno retorno, dirán algunos.
Lo cierto es que para que ZZ Top volviese a sonar a sí mismo, pero en una versión gastada por los años, el productor Rick Rubin fue pieza clave. Lo primero fue desvestir a la banda de toda instrumentación electrónica (hace años que ZZ Top utiliza más drum machines que percusiones acústicas) y hacer que las guitarras bluseras de Billy Gibbons pasaran al frente, así como su aguardentosa voz, al igual que el bajo saturado y la voz no menos gastada de Dusty Hill. No hay disfraz acá que oculte los años del grupo. Ya sea en la mencionada "I gotsa get paid" o en otros cortes llenos de boogie como en "Have a Little mercy", "Chartreuse" o "Heartache in blue", tanto el grupo como su productor entienden que su mejor capital es el tiempo, el desgaste, lo que a la postre provoca que el sonido de la banda tenga un atractivo mayor.
Hay algunas sorpresas en La Futura. Por ejemplo, "It’s too easy mañana", tema casi confesional y en el que el trío se la juega por un rock más épico más que por su conocido blues-rock. Otra novedad podría ser la balada con juegos country "Over you", aunque ZZ Top ya ha dado muestras de saber jugar con los temas lentos en su discografía. No obstante, estas dos canciones le dan al álbum el matiz necesario para que sea un trabajo redondo. Como nunca, la banda originaria de Houston suena honesta y no a un remedo de sí misma, algo por lo que hubo que esperar casi una década, pero que valió totalmente la pena al escuchar este registro.
—Felipe Kraljevich M.