Nano Stern actúa este sábado 10 de noviembre a las 20 horas y el domingo 11 a las 19 horas en el Teatro Nescafé de las Artes, Manuel Montt 032, Metro Manuel Montt, Providencia, Santiago (236 3333).
Foto: Sergio López.Con la agenda siempre apretada de conciertos que mantiene año a año, Nano Stern está entre otras cosas experto en teatros grandes. Desde el lanzamiento de su disco Los espejos en 2009 en el santiaguino Teatro Oriente vino una seguidilla de presentaciones en el también capitalino Teatro Nescafé de las Artes, con el lanzamiento de su DVD En casa en 2010, el estreno de su siguiente disco Las torres de sal en mayo de 2011, un concierto compartido con Camila Moreno a fines del mismo año, el relanzamiento de su primer disco, Nano Stern (2006) a comienzos de 2012, y ahora una nueva jornada este fin de semana.
Con una diferencia: ahora por primera vez dará dos conciertos seguidos, este sábado 10 y el domingo 11 de noviembre (ver recuadro). "De partida está mi gratitud absoluta con la gente, de tener esa convocatoria para hacer dos teatros", parte reconociendo este cantante chileno, uno de los más activos entre la gama de solistas surgida desde mediados de la década pasada en nuestro país. Para este fin de semana subirá al escenario con su banda habitual, conformada por Hermes Villalobos (voz, flauta traversa, percusión), Magdalena Rust (violonchelo), Patricio Rojas (bajo) y Daniel Rodríguez (batería), y además con la participación del cuarteto de cuerdas Surkos y con Inti-Illimani y Joe Vasconcellos como invitados.
Pero como en todo encuentro de fin de año con Nano Stern, la ocasión es propicia para un recuento de la temporada. Y el índice de actividades de 2012 estuvo nutrido como de costumbre. En marzo actuó en el festival Womad en Australia y Nueva Zelandia; en abril en Buenos Aires, Argentina; en mayo en Guadalajara, México; en junio se abocó a la composición de su obra "Rumbos" para cuarteto de cuerdas, en agosto grabó un disco compartido con Juana Fe y luego actuó en el festival Despierta; en octubre emprendió una gira con Inti-Illimani por EE.UU.; y ahora va a iniciar noviembre con sus dos conciertos en el Teatro Nescafé de las Artes.
-También está la opción consciente de no hacer un concierto en un lugar muy grande, sino más bien hacer dos seguidos en un teatro que te permite mantener esa relación íntima con la gente -dice-. La idea tampoco es hacer un concierto de estadio, porque no se presta para eso, o por lo menos no es lo que quiero hacer ahora. Ese teatro ya se convierte en un espacio con una carga energética que conocemos, que sabemos cómo manejar en ese lugar. Lo que nunca se sabe es la gente: eso es siempre el factor sorpresa y también un poco lo que alimenta el concierto. Todo el aparataje que montemos nosotros no funciona sin un combustible, que es la energía del público".
Parte del concierto va a incluir al Cuarteto Surkos, el mencionado elenco formado en la Universidad San Sebastián. Con ellos Nano Stern presentó este año una versión en vivo de "Juliette letters", obra para cuerdas de Elvis Costello, a raíz de la cual surgió la composición de un trabajo del propio Stern para cuarteto de cuerdas, por invitación del compositor Sebastián Errázuriz, que también fue estrenado hace un mes.
-Cuando montamos "Juliet letters" con el cuarteto la experiencia fue súper rica, fue una primera invitación y de ahí surgió de parte de ambos y de Sebastián Errázuriz la posibilidad de hacer un segundo concierto. La idea que tuvo él fue hacer arreglos de mis canciones anteriores para cuarteto, pero le dije que no, estoy muy pendejo para estar haciendo reversiones de mí mismo, entonces me lancé a la piscina, completamente inconsciente, sin tener la mínima idea de lo que me estaba comprometiendo, a escribir una obra original para cuarteto y voz. Cosa que nunca había hecho en mi vida. Fue un proceso increíble, y justo coincidió con que este año, por opción, dije que no a una gira por el hemisferio norte en el invierno nuestro, cosa que hace mucho tiempo he estado haciendo. Llevaba siete años seguidos sin vivir un invierno (en Chile) y este año, finalmente me lo permití.
-¿Qué te decían desde allá?
-Me llamaban desesperados a mitad de junio, son festivales a los que he ido muchas veces y contaban un poco conmigo. Al final era como ridículo, como que el alcalde del pueblo me pagaba de su bolsillo el pasaje. Pero fue una opción, me quedé acá y me tomé dos semanas en pleno invierno, en julio y agosto, y me fui a la costa, entre Punta de Tralca e Isla Negra, una casita muy desolada en un balneario donde en invierno no había absolutamente ni una otra alma. Me fui solo con los instrumentos y las partituras a hacer un trabajo que no había hecho nunca. Al final irme sin nada fue uno de los períodos de creación y experimentación más potentes que he tenido hasta ahora, completamente recluido, solo, sin teléfono, sin celular.
-Qué bueno.
-Maravilloso. Y surgió una música que siento que se acerca por otro lado a un lugar más profundo dentro mío, que es el que yo siempre te pelo el cable con el silencio y que finalmente logré poner mucho más en práctica, a través del lenguaje de las cuerdas, que por sí solo es maravilloso y además para mí tiene una resonancia especial porque yo de los tres años que toco el violín. Entonces fue utilizar un lenguaje que es mi lengua materna de alguna manera y cantarle a eso. Y con un telón de fondo que era el Pacífico en invierno.
-¿Qué instrumentos te llevaste?
-El violín, un chelo que me conseguí, una viola, todos los instrumentos del cuarteto. No los toco increíble ni "pucha que soy buen chelista", pero estudié contrabajo un rato y toco violín desde chico, me fue súper natural. Componer desde el instrumento hizo que la obra también tenga un sabor más cercano a la música popular, a "raro". Después a veces es engorroso explicar a músicos que son tremendos, profes del conservatorio, que tienen que tocar peor (se ríe), más sucio, menos pulcro, que son otras tradiciones.
"Rumbos" se llama esa obra de nueve fragmentos. "Tiene una duración de como treinta y cinco minutos, y la complementamos con cinco arreglos que hice de algunas canciones mías anteriores, 'Azul', 'El tiempo nos dirá', 'Naufragar' entre ellas".
-O sea que de todos modos aceptaste la idea original de arreglar canciones tuyas.
-Claro, fue un encuentro de las dos cosas. Durante el primer concierto también toqué una versión que tengo para violín y voz de "Cantores que reflexionan", de la Violeta Parra, un poco haciendo el vínculo con la música popular y las cuerdas. Fue bonito, en medio de un concierto de cuarteto con partituras y músicos formados en el conservatorio, pararme yo, chascón así con el violín, a cantar desaforadamente. Fue un lindo contraste y un modo de mostrar la música popular en el contexto de lo docto pero también al revés. Hacer el cruce en ambas direcciones.
-¿Estás cantando y tocando violín?
-No, yo canto, no toco el violín, salvo en esa canción de la Violeta Parra. Y por otro lado, pasar de la experiencia de dirigir a mi banda a trabajar con un cuarterto que ya funciona por sí solo, y acoger también las propuestas de ellos en términos de interpretación, es maravilloso y nunca me había pasado. Casi lloré cuando estrenamos, de hecho durante el concierto me salieron las lágrimas, cosa que no me pasa nunca, así que tuve que hacer un gran esfuerzo pa' no quebrarme y seguir cantando. Eso también tiene que ver con el proceso mío de desapego, de acoger todo, en este caso la escuela que traen ellos, una tradición docta, un estilo interpretativo muy rico que tiene cientos de años de desarrollo y al que ellos dedican la vida entera. En muchos niveles fue muy interesante.
Un compromiso más reciente de Nano Stern es la gira por EE.UU. que cumplió con Inti-Illimani durante las dos últimas semanas de octubre, por varios teatros de California. Con el grupo el cantante ya tiene dos canciones compuestas, "La siembra" y "La despedida", la última de las cuales será mostrada este fin de semana en vivo. También se pprestó a esta colaboración el hecho de que Nano Stern viajó con Manuel Meriño, el director musical del grupo, al citado festival Womad en Australia y Nueva Zelandia este año. "Ahí tuvimos mucha onda y oportunidad de experimentar, y llegando a Chile de vuelta empezamos a trabajar y fue la media experiencia", dice.
-¿Con quién tienes más diálogo ahí, naturalmente con Manuel Meriño, por ejemplo, que es más próximo a tu generación, o con los hermanos Coulon?
-Con los Coulon tenemos mucha empatía, con el Jorge (Coulion) hemos tenido muchas conversaciones hasta las altas de la madrugada, botellas de vino por medio, conversando la historia y dándonos cuenta que los procesos son muy parecidos también, que hemos escuchado músicas muy parecidas. Y al mismo tiempo con los más jóvenes relacionándonos más igual, aunque ellos tienen todos, no sé, quince años más que yo por lo menos. Son más bien la generación del Manuel García, y de hecho varios de ellos eran del Coré (el grupo de Manuel García, Daniel Cantillana y otros músicos en los años '90). Igual a mí también me toca la extrañísima experiencia, que a unos pocos nos pasa, de haber tocado con ambas facciones…
-Cierto. ¿Extraño?
-… he sido invitado también por los (Inti-Illimani) Históricos; es súper extraño y la verdad es que no me involucro tampoco; no voy a pronunciar una opinión respecto de algo que a mí simplemente me da mucha pena que suceda. Como fans de toda la vida del Inti creo que es algo muy triste. Pero finalmente me alegro de poder colaborar. Somos músicos, yo admiro a los músicos por ser quienes son.
-Y aparte está tu colaboración con Juana Fe, que también quedó en un disco este año.
-Bueno fue una invitación que surgió de ellos y de que a mí hace mucho tiempo me encanta su música, pero además admiro su energía, su mensaje, y nos hemos encontrado por lo mismo, al igual que con los Inti, nos toca encontrarnos mucho en actividades de índole más política o en las marchas, por ejemplo, y nos damos cuenta de que compartimos mucho.
-¿Cómo salió ese disco compartido?
-Como en tres semanas muy intensas: en veinte días era el lanzamiento de un disco del que no existía una nota. No existía siquiera un concepto de qué íbamos a hacer. Fueron semanas metidos en la casa de ellos en el barrio Brasil, todos los días hasta las altas de la madrugada, grabando prácticamente todo en directo, descubriendo canciones antiguas, descubriendo, en conjunto, canciones nuevas. Y también poniendo en práctica algo súper lindo, que es que al revés de la impresión que pueda dar la prensa floja que repite y distorsiona las mismas cosas, como que sería absurdo que dos grupos en paradas tan diferentes hagan un disco: nos dimos cuenta de que estamos parados en el mismo lugar del mundo, mirando y diciendo lo mismo, y que las influencias que nutren la música son muy parecidas: tienen que ver con la música latinoamericana, con sus orígenes más afro en el caso de ellos, con sus orígenes más desde la guitarra en el caso mío, y desde ahí se han generado lazos de amistad profundos y el disco es un resultado de eso. Es súper honesto, no tiene maquillaje para nada, está tocado como es y ya lo giramos en vivo: para el Dieciocho de Septiembre hicimos como cinco conciertos juntos por todo Chile y es una experiencia que se proyecta al futuro también.
Se acerca el fin de año y no por eso el ritmo de Nano Stern decae. Luego de los dos conciertos de este fin de semana en el Teatro Nescafé de las Artes actuará el fin de semana siguiente en La Cumbre del Rock Chileno, en diez días más vuelve a viajar a Australia y a su regreso a Santiago va a abrir el concierto de Silvio Rodríguez. Suficiente historia para una próxima puesta al día.