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Historias de un hijo del blues

El icono del blues a la chilena resiste a la tentación de recrear el desenfreno de "Perros días", y regresa con un segundo disco a la altura de su propio mito.

26 de Enero de 2013 | 10:34 |
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En la década del noventa, La Banda del Capitán Corneta era sinónimo de aguerridas noches en las que el blues y el rock iban de la mano con un sonido inherentemente criollo (de ahí la denominación de "blues criollo" que haría propia El Cruce, por ejemplo). Los hermanos Rojas, Pancho y Cristóbal, junto a los guitarristas Pedro y Mauricio Rodríguez, conformaron uno de los combos más incendiarios que vieran las noches capitalinas. Tanto así, que con unos pocos años se forjaron un séquito fiel que los elevó a la categoría de banda de culto. Todo eso quedó registrado en un único elepé, Perros días (1994), que consiguió un retrato sin prejuicios de lo urbano, de la vida en una ciudad post-dictadura sin caer en los remilgos panfletarios, algo que pocos registros de la época lograron realizar.

La Banda del Capitán Corneta era un tren sin frenos. Por eso fue que no alcanzaron a cambiar de siglo y, desde su separación, poco después de la edición del que era hasta hace poco su único disco, tuvo que pasar algo más de una década para que los integrantes del grupo decidieran revivir al colectivo. La reunión tuvo lugar de forma espontánea, tal como la música de La Banda... Y recrear las tocatas incendiarias de antaño hubiese estado bien, aunque dejar sólo como registro del grupo ese lejano disco de 1994 no hubiese servido para retratar la evolución de los músicos. De ahí que la salida de Historias de un hijo del blues cobre importancia como una fotografía exacta de los tiempos modernos de los Corneta.

Si hacemos eco en la ferocidad juvenil de antaño, para esta entrega nos encontramos con la madurez. Ya se aprecia en el mismo arte del disco, en el que una persona se sienta a escuchar una radio antigua. El viaje, tal y como lo propone el conjunto, tiene que ver más con la quietud de escuchar una historia, y eso hace que este álbum sea mucho más pausado que su antecesor.

La búsqueda del dial es lo que da inicio a Historias de un hijo del blues, que da el primer golpe con “Hablé con Dios”, tema que presenta esta nueva parte del relato de La Banda: menos libertino pero con más riqueza en el sonido. En ese sentido, esta primera canción recrea la atmósfera más pop/rock de la época en que el grupo era, por sobre todo, un huracán de rock desenfrenado. Y esa misma sensación de nostalgia que domina el primer corte de este disco también está presente en “Amor de mentira”. Sin embargo, estas historias de desamor, o de amores truncados, que son tan propias del blues, son también las que definen a la identidad del ahora trío. Ahí aparece, por ejemplo, en el rock and roll más clásico, heredero de mitos como Jerry Lee Lewis o Chuck Berry que plasman en “Titi”; o el blues más duro de “La cuerera”, que también retoma otro elemento fundamental en el lenguaje del grupo: el retrato de personajes cotidianos sin necesidad de mitificarlos.

Es por estas dos zonas que Historias de un hijo del blues transita. Por una parte, cercano a lo íntimo e incluso, lo autobiográfico (“Ton sin Ton”), mientras que en la otra cara aparece el desenfreno traducido en temas como “Tartamudo”. Y, cómo no, también se muestran sonoridades que se fueron adoptando en nuestro país y se hicieron parte del cancionero popular. “Hablé con Dios” y “Caro Mia” ejemplos decidores al respecto. Así, más allá de la significancia de este elepé que registra el regreso de La Banda del Capitán Corneta, lo verdaderamente importante radica en presenciar cómo un grupo con tanta historia a sus espaldas, logró mantenerse fiel a su propio sonido sin mostrarse complaciente. Porque hubiese sido muy fácil revivir el desenfreno de Perros días, pero este Historias de un hijo del blues es el disco que mejor los muestra, el que definitivamente retrata a un grupo luego de años de ostracismo. Y es bueno que sea éste y no otro el sonido que predomine en el regreso de una de las agrupaciones fundamentales del rock nacional.


Felipe Kraljevich M.

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