Silvio Rodríguez y su inextinguible lazo con el público chileno: "Es un misterio, al menos para mí"

El cubano habló con Emol antes de su próxima visita a Chile en mayo, y no escondió su sorpresa tras saber que los más de 30 mil boletos disponibles están absolutamente agotados. "Siempre me parece que la cosa va a decaer, que lo natural es que con el tiempo haya un declive. Pero vuelve a ocurrir la sorpresa", dice.

12 de Abril de 2015 | 08:00 | Por Sebastián Cerda, Emol

Una queja: ''Me parece lamentable que ya no se pueda hacer un trabajo para el público que vaya a cada concierto, que cada noche sea un descubrimiento. Los teléfonos celulares y YouTube acabaron con eso'', dice Silvio.

EFE

SANTIAGO.- "Son tantas, que se atropellan", dice Silvio Rodríguez citando a Sindo Garay, un trovador cubano nacido en el siglo XIX, a la hora de hablar de las sensaciones que lo inundan al saber que nuevamente estará en Chile.

Claro que si a Sindo se le atropellaban "las penas que me maltratan", como decía en su clásico "La tarde", en Silvio los sentimientos que se arrollan son otros mucho más positivos, forjados en una relación con el público local tan férrea que ni él mismo se aventura a explicarla.

Así le ocurre ahora también, cuando desde Cuba se entera de que los tres shows que ofrecerá en mayo en Santiago, ya están completamente agotados. "Sólo puedo certificar mi asombro. Siempre me parece que la cosa va a decaer, que lo natural es que con el tiempo haya un declive. Pero vuelve a ocurrir la sorpresa. Es un misterio, al menos para mí", dice a Emol.

Aunque hay algo que sí tiene claro, y es que todo terminó de detonar el 31 de marzo de 1990, en el ya histórico concierto que ofreció en el Estadio Nacional ante cerca de 80 mil personas, y sólo 20 días después de que Pinochet dejara el poder.

"Es uno de los conciertos más importantes de mi vida, por varias razones. Fue el primer gran concierto que se hizo en Chile, inmediatamente después del No, que le dio un vuelco a la situación interna. También fue el primer concierto de los dos que he hecho con Chucho Valdés e Irakere. Otra cosa, menos conocida, es que en aquella ocasión estuve toda una tarde en casa de Nicanor Parra, un poeta al que quiero mucho", recuerda hoy.

Pero desde entonces no sólo han pasado 25 años, sino también nueve álbumes, incluido el más reciente Segunda Cita. De ahí podría venir el carácter distintivo en las veladas de los próximos 20, 22 y 23 de mayo en Movistar Arena, sobre todo porque en esa última placa, editada en 2010, Rodríguez precisó aun más el afán exploratorio que venía mostrando en ámbitos como la fusión latinoamericana y el jazz.

"Poco a poco he ido llegando no al jazz, sino a lo jazzístico", corrige el cubano. "Ha sido un proceso de adecuación de lenguajes. Siempre me ha gustado lo acústico, es un sonido que nunca pasará de moda. Mi próximo disco da un paso más en esa dirección. Al trío clásico de piano, contrabajo y batería, he agregado un vibráfono, además de mi guitarra natural. En estos conciertos haremos un poco de eso", adelanta.

-¿Y el grueso de su repertorio en vivo cómo lo confecciona, teniendo en cuenta la enorme cantidad de clásicos que ha acuñado en su trayectoria?
-Trato de balancear entre lo más reciente y lo más solicitado. Es una fortuna poder disponer de un repertorio amplio, pero la verdad es que eso no me basta. Yo necesito mostrar cosas nuevas; y si las musas no están de buenas, tengo que reinventarme, pelar las canciones como cebollas y mostrar las sorpresas que esconde cada capa.

-¿El formato de un cantautor a solas con su guitarra sigue teniendo relevancia para usted? ¿Es un sonido que le sigue interesando trabajar?
-Por supuesto que me interesa. Pero antes andaba con la guitarra todo el tiempo, no me era difícil, estaba en dedos, como decimos entre músicos. Ahora la toco sólo para componer, o en los días previos a los conciertos que hago una vez al mes en los barrios habaneros. O sea que tengo que aplicarme y estudiar.

-¿Qué viene en su futuro próximo? ¿Está pensando ya en un nuevo disco, o en sonidos o contenidos que desee explorar?
-Tengo casi terminado Amoríos, un disco casi todo de temática de parejas. Son canciones viejas, pero inéditas, algunas retocadas un poco. Este trabajo lo vengo mostrando desde hace un año con el pianista Jorge Aragón, el contrabajista Jorge Reyes, el vibrafonista Emilio Vega y el baterista Oliver Valdés. Hace apenas unos días he empezado a grabar otro disco con Trovarroco, el grupo que me acompaña desde hace más de diez años. También son canciones tocadas, pero que no están en discos anteriores.

-¿Y respecto de Chile, hay algo nuevo que le gustaría hacer? ¿Le interesaría, por ejemplo, ser parte de un evento como el Festival de Viña del Mar?
-He recibido propuestas, pero yo cada vez salgo menos. Hago un trabajo que me gusta mucho, que es recorrer los barrios más precarios, haciendo música en las calles. En septiembre hará cinco años que lo hacemos. El viernes pasado hicimos el concierto número 65.

-Y ya que hablamos de futuro, ¿qué siente que viene para su país, tras los procesos de apertura y de acercamiento con Estados Unidos, que inició Raúl Castro?
-Es esperanzador que después de tanto enfrentamiento se pueda dialogar civilizadamente. Claro que no puedo prever hasta dónde llegará este proceso de cambios. Sólo sé que no me gustaría que cambiara nuestra dignidad, la soberanía de nuestro país. Tampoco me gustaría que cambiaran los logros en educación, en salud pública, en cultura, el humanismo que el pueblo de Cuba ha alcanzado en el último medio siglo.

La huella en la nueva generación

Pero no sólo en su propia obra se agiganta la figura de Silvio Rodríguez. Los temas del cubano han estado en producciones como la que en 2010 editaron Los Bunkers (Música Libre), mientras que su voz formó parte del difundido single de Calle 13 "Ojos color sol". Para explicarlo, el cantautor nuevamente cita a un colega, esta vez Rubén Blades: "Sorpresas te da la vida", dice. "Es maravilloso que jóvenes de talento consideren el trabajo de uno".

Sobre la obra de los chilenos, asegura que "no me extrañó escuchar mis canciones así", ya que "empecé a componer justo en los tiempos en que el rock se relanzaba, sobre todo desde Inglaterra: El pop-rock de The Beatles, el rock progresivo, el rock sinfónico, la música underground, etc. Aunque yo partía de la trova, mi música tiene muchos elementos de todo aquello". Así, la sorpresa estuvo más bien en "la seriedad y la calidad de Los Bunkers, algo que siempre se agradece. Fue un detalle ponerle Música Libre a ese trabajo".

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