Libro abre dudas sobre participación de Ema Pinto en homicidio

Así lo afirma el Konrad Ziller, autor de "La verdad de Ema Pinto", texto que indaga en aspectos claves del homicidio de Marcela Casanueva y que terminaron con el suicidio de la inculpada. Asegura que falta investigar nexos con sectas e indagar con amistades religiosas y uniformadas de ambas para aclarar el caso.

21 de Junio de 2000 | 18:05 | El Mercurio Electrónico
Ema Pinto SANTIAGO.- "Ema Pinto es una buena sospechosa por los errores que cometió, aunque no basta una simple sospecha para hallar culpables. Hay que profundizar en la investigación, de hecho el caso está abierto (secreto de sumario). Tampoco puedo poner las manos al fuego por ella, aunque humanamente me da para pensar que ella fue, a no ser que me haya engañado muy bien".


Caso Ema Pinto
  • Los sueños de Juana de Arco
  • Sin hijo, mejor suicidarse
  • La amiga sectaria de Casanueva"
  • Las palabras pertenecen al actual gerente general de Infochile, Konrad Ziller, quien grabó, transcribió y corrigió cientos de conversaciones en la cárcel con la única sospechosa del crimen de Marcela Casanueva, asesora del Ministerio de la Vivienda, ocurrido el 24 de julio del 98, y que dio vida al libro "La verdad de Ema Pinto".

    La aludida reclusa tenía, hasta ese momento, 36 años, matrona, madre separada, un hijo (Eduardo Ignacio). Tras repetidas negativas a que recibiese la visita de su pequeño, más el retraso de su causa en los tribunales, optó por suicidarse, sin despedirse (salvo algunas cartas) y sin que se comprobase su culpabilidad.

    "Se trata de un crimen en que los principales involucrados son profesionales, una es matrona y la otra es asistente social. O sea, no era el mundo de la delincuencia ni de estratos bajos. Las relaciones eran intrincadas, referencias oníricas con Ema y sus sueños premonitorios y muchas interrogantes".

    Este desafío literario tuvo su inicio en el contacto con el abogado defensor, Edwing Sapiaín, quien le permitió visitar a su cliente, no obstante la última palabra en aquel proyecto narrativo la tenía ella.

    "Yo quería escribir una novela, pero ella estaba segura que saldría libre al dia siguiente o a la semana cuando más. Ella cree que el tiempo que me queda es corto para escribir, además que no quiere publicidad pues es una miniempresaria, que dirige un centro de esteticismo. Cualquier información del caso la perjudica", aclara el autor.

    No obstante, su libertad se dilata y las pruebas incriminatorias de Investigaciones sustentan la presunción de responsabilidad de la procesada. Además, el encierro y la imposibilidad de ver a su hijo van minando su personalidad, al punto que comienza la visita constante de sicólogos con un set de preguntas repetidas.

    "En las primeras visitas me recibe glamorosamente. Vestida como para una fiesta, de dos piezas, color beige, muy arreglada, pintada, un buen peinado y tacos altos. Es la antítesis de una reclusa en ese medio. Le digo que cuando yo vengo, al parecer ella sale", añade Ziller.

    ¿Cuál es el momento en que Ema Pinto empieza a "vivir" el ambiente presidiario?

    "Lo relevante del cambio es cuando el expediente pasa a manos de otro tribunal (por un delito de espionaje telefónico), entonces su caso se entrampa, pues se demora en nombrar el juez que tome la causa. Pasan semanas, cuatro meses, y surge una zona de nadie. Ema inicia una huelga de hambre, lo cual provoca un deterioro de imagen, porque a la huelga no se va de corbata".

    En su libro plantea detalles claves, como cierta negligencia de Gendarmería en el cuidado de una reclusa en crisis. Incluso antes de su muerte, Ema intenta suicidarse...

    "No me puedo pronunciar al respecto, pero la situación se exacerba con motivo del suicidio frustrado y tendría que suponer lógicamente otro trato. Pero Gendarmería, creo, no puede tener 24 horas a una gendarme atenta a los movimientos de una reclusa en particular. Por supuesto que la serie de castigos, encierros, van minando su personalidad al interior del penal.

    Ella fue una especie de líder entre las reclusas...

    "Ema Pinto era una líder natural dentro de la cárcel, gracias a su formación académica. Cabe recordar que ella estaba con unos cursos de Ingeniería en Marketing, o sea hay un grado cultural que le permitía defender los derechos de otras reas que, indudablemente, va contra del sistema establecido de la cárcel. Varias veces que fui a entrevistarla me encontré con que estaba castigada, en encierro sin visitas".

    De su investigación (Ema escribe cerca de 600 páginas), ¿hay pruebas consistentes que la incriminen con la muerte de Casanueva?

    "No hay pruebas incriminatorias. El abogado de la defensa no dejó de repetir que la acusación contra Ema se basaba en presunciones: que ella estuvo ahí -en el departamento de Marcela-, que tal arma, que ella se habría disfrazado en el departamento. No hay ningún respaldo de pruebas concretas, nadie encontró el arma (cortante), el disfraz al interior ni que se constatara físicamente la presencia de Ema a la hora del crimen (cuatro de la madrugada del 24 de julio de 1998)".

    ¿Y sobre las tarjetas que se usaron para sacar dinero?

    "Tampoco se aclaró el tema de la clave de las tarjetas de Marcela, pese a que se perdieron y en los cajeros hay filmaciones de todos los movimientos y en ninguna aparece la figura de Ema Pinto. Además, la práctica del ADN no prospera, no se encuentra".

    ¿Hubo errores de la inculpada: cómo decir que tenía poderes extrasensoriales o incriminar a su ex esposo?

    "Cometió varios errores al comentar ciertas intimidades de su vida. De hecho, ella se presenta a la Brigada de Homicidios con pruebas inculpatorias hacia su marido, por ende en forma aleatoria se hace sospechosa. Comete ingenuidades como ir a grabar conversaciones de su marido con Carla (amiga de Marcela), y presenta casetes a la Brigada que, a mediano plazo, serán un error. Da para pensar que es una venganza de una novia despechada".

    SECTAS Y CARTAS

    Para el autor de "La verdad de Ema", hay muchas interrogantes por aclarar, partiendo por el entorno de la asesora del Minviu. Casanueva le había cedido llaves a dos amigas: una (Auri Riquelme) vivía con ella y la otra (Mónica Rosende) a veces se quedaba a dormir con su hijo en el departamento.

    De hecho existe, en secreto de sumario, una carta escrita por Mónica que deja en una notaría, tan sólo tres días después del asesinato. En ella destaca sus aprensiones por el mal carácter de Auri ("dominante e impertinente", según Marcela) y su afiliación a una secta religiosa, dirigida por Sabina.

    "En la carta notarial, la amiga de Marcela dice que lo hizo por si algo le ocurriera o no alcanzara a declarar. O sea, teme de algo, de esa mujer, de otras, o el entorno en general. Advierte ciertas situaciones que, directa o indirectamente, podrían explicar lo que pasó en ese departamento", sostiene.

    El autor enfatiza que el caso aún está abierto, aunque fue cerrado por el juez tras la muerte de Casanueva (30 de septiembre de 1999) y reabierto el sumario por el nuevo ministro, con fecha 15 de marzo del 2000.

    ¿Razones? El abogado Edwing Sapiaín solicitó saber los resultados de las pruebas de ADN y la familia de Ema entabló acciones judiciales en contra de Gendarmería por las circunstancias en que ella murió.

    La defensa pidió nuevas diligencias al magistrado. Por ejemplo, otros interrogatorios a quienes tenían llaves del departamento, pues se comprobó por "la policía y el magistrado que quien acabó con la vida de la asesora ministerial ingresó al departamento sin forzar la puerta..."

    Nuevas indagaciones con un sacerdote "que habría tomado conocimiento de nuevos antecedentes sobre el caso" y un amigo de Ema "que no ha declarado en la causa".

    Los aludidos son el padre Natale Vitali, confesor y guía espiritual de Casanueva, y un funcionario en retiro de Carabineros, adscrito a la ex Dicomcar, que tiempo atrás había sido pareja de Ema Pinto.

    Para Ziller, sólo quedan tres hipótesis: Ema es o no la asesina, o hubo participación de terceros. "Por características del crimen, forma, no pudo actuar sola, por lo tanto, quiere decir que la habría acompañado una persona, como cómplice, coayudante o autor material del hecho".

    Y añade: "Ema Pinto declara, en un interrogatorio con el inspector Ramírez, la existencia de un ex novio (ex agente de Dicomcar) quien, en su momento, le enseñó lo que era un corvo (eventual arma del crimen). Habría que buscar el nexo entre el oficial y Marcela, por ejemplo".

    Por ello, Konrad Ziller no descarta nuevas hipótesis: "El tema está abierto, para que surjan otras teorías en el entorno de Marcela Casanueva en un aspecto específico: las sectas que están operando en Chile, de índole seudorreligiosas. Ahí todo es posible, como se refleja en el capítulo ¿Expediente con sorpresas? y la vinculación de una amiga con esos movimientos".
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