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"Guerra" al indeseable pato yeco en Arica

Con Fusiles de rayos laser, pistoletes de tiros pirotécnicos y sonidos de aves agonizantes por altoparlantes se busca que retornen a la zona costera.

13 de Enero de 2006 | 18:34 | El Mercurio en Internet

Este es el enemigo público número uno.
ARICA.- La Dirección del Medio Ambiente de Arica en conjunto con la Dirección General de Aeronáutica iniciaron un plan para ahuyentar de las plazas de esta ciudad al indeseable pato yeco, ave que se instala en monumentos, faroles y otros sitios y que con su corrosivo excremento causa un daño enorme a las instalaciones, además de afectar a la población con su maloliente y abundante deposición. Muchos ciudadanos han recibido la desagradable descarga sobre sus cabezas.

Para tales efectos se están usando fusiles de rayos laser, pistoletes de tiros pirotécnicos y sonidos de aves agonizantes por altoparlantes para que retornen a la zona costera.

El porfiado pato yeco (Phalacrocórax brasilianus) no se dejó seducir por las "nuevas casas" que el municipio le construyó para alejarlo de la ciudad a él y sus fecas malolientes, relató el corresponsal de El Mercurio Mauricio Silva.

De nada sirvió construir grandes percheros dotados de cormoranes negros de madera en la desembocadura del río San José. El yeco no atendió ni los 200 nidos que fueron reubicados allí, y los pocos que acudieron a los graznidos que emitían micrófonos disimulados entre las perchas sí lograron ser espantados por vándalos que destruyeron los señuelos.

Tampoco resultaron los esfuerzos por hacerle la vida más difícil en paseos y plazas. Los empleados municipales podaban y rebajaban árboles, pero los yecos se las ingeniaban para reubicar sus nidos. Y en esta lucha constante las cifras hablan de una plumífera victoria por goleada. El año 2003, cuando la alerta comenzó, había 1.300 ejemplares en los parques bajo el histórico Morro, el año pasado la cifra llegaba a 1.800 y este año se la estima en 3 mil.

Por eso, se acabó el "guante blanco". Una matanza masiva, a razón de 90 ejemplares por día, se hizo el año pasado.

Una empresa fumigadora es el verdugo contratado por el municipio. Con largas escaleras, sus trabajadores alcanzan las copas de las palmeras y pimientos para destruir los nidos. Aún sin poder volar, las crías caen desde la altura y si el impacto no las mata, son desnucadas, escribió El Mercurio.

En la oportunidad, Ronny Peredo, el ornitólogo asesor del municipio, reconoció que la medida era dolorosa, pero necesaria. "La idea es impedir que se asiente una nueva generación. El yeco es un ave admirable, un excelente cazador de peces, pero no puede seguir conviviendo con los humanos", afirmó.

La razón es muy simple. Sus fecas blanquecinas no sólo convirtieron en cloacas calles y monumentos. Dotadas de poderosos químicos estomacales y salmuera, los árboles cubiertos con ella no pueden completar su fotosíntesis y cerca de 300 especies ya se han secado.

Arica y sus atractivos turísticos clamaban por una solución, pero el sufrimiento de las aves provoca reacciones inesperadas. Por ejemplo, Peredo ya recibió un par de golpes de una conmovida dama, que lo sorprendió echando a una bolsa a un ave moribunda.

Los insultos de los transeúntes son una cosa cotidiana y los periódicos locales ya publican las primeras cartas de repudio, especialmente de quienes han sufrido las descargas sobre sus cabezas.
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