Alejandro López traslada sus cosas desde el frontis del edificio ñuñoíno hasta su camioneta.
Francisco Águila V., EmolSANTIAGO.- Sillones, alfombras, jarrones, mesas y sillas se podían ver esta mañana en el frontis del edificio "Los Cerezos", ubicado en la esquina de Irarrázaval con Los Cerezos de Ñuñoa, y ya poco movimiento en el hall y los departamentos sin cortinas.
Era la muestra clara de que estaba siendo desalojado días por los residentes, algunos de los cuales habían llegado sólo días antes del terremoto del 27 de febrero que dejó la edificación inhabitable según Bomberos y un informe del Dictuc.
El tecnólogo médico, Alejandro Vargas y su esposa, la enfermera Ana Ulloa, habían llegado hace seis meses a uno de los departamentos del piso 9, por el que habían pagado 3.200 UF y que resultó con serios daños.
"Yo tengo seis paredes rajadas y las junturas del techo con las paredes están quebradas. Pero tengo unos vecinos que los tabiques de su departamento cedieron y se rompieron completamente. Ahí podemos entrar por el hoyo que se generó o por la puerta. Estamos tratando de sacar la mayor cantidad de cosas posibles. Tenemos turnos de tres horas, porque el ascensor no está del todo bien. Los vecinos del piso 15 para arriba no pueden hacer nada", señaló el profesional.
Vargas denunció que los representantes de la inmobiliaria "Viva", que les vendió el departamento, les ofreció pagarles seis meses de dividendos y gastos comunes a cambio de que ellos firmasen una carta en que ellos desconocían toda responsabilidad por el estado del edificio tras el terremoto y la prohibición de iniciar acciones legales posteriores en contra de la empresa.
"La inmobiliaria nos estaba haciendo unas cláusulas medias brujas, que no vamos a aceptar. No lo hemos pasado bien, porque es un desgaste sicológico. Hay rabia e impotencia porque esta gente no se quiere hacer responsable y no nos dan ninguna solución", planteó.
La misma decisión que tomaron el ingeniero comercial, Alejandro López y su familia, quienes pasaron el terremoto en el piso 19 de la edificación, que hoy presenta grietas desde el piso nueve hasta el primer subterráneo. Incluso algunas se pueden ver desde la calle.
"Vivo con mi señora y mi hijo de 9 meses en el piso 19 y el movimiento fue muy fuerte.
La inmobiliaria no tiene ninguna respuesta concreta", sostuvo el profesional, que pagó 3.10 UF por su departamento. "Es una inversión que nos tiramos a 30 años y en 6 meses de estar viviendo nos pasa esto. Es incomprensible para nosotros".
El profesional dijo que no desea volver al edificio, que hoy él y sus vecinos tendrán una reunión con un abogado que los va a asesorar en las acciones a seguir y que espera tener una respuesta concreta de la entidad, mientras saca sus cosas para trasladarlas a la casa de sus suegros.
Emol intentó tener una respuesta de parte de la empresa, sin éxito hasta ahora.