SANTIAGO.- Luego de poco más de dos meses de investigación, los efectivos del OS-7 de Carabineros desbarató una banda familiar que se dedicaba a la venta de clorhidrato de cocaína de alta pureza a microtraficantes de Santiago, Maipú y Ñuñoa.
Se trata de la organización liderada por Manuel Hernández Rojas (61), quien operaba junto a su pareja, Mónica Cáceres Quintana (47), la hija de ambos, Daniela Hernández Cáceres (24) y el hijastro de la mujer, Pedro Cáceres Cáceres (31), vendiendo la droga principalmente en el barrio Ñuble y Franklin de la capital.
De acuerdo al fiscal antidrogas de la zona Centro-Norte, Nicolás Arrieta, se llegó a la banda a raíz de una información residual de otra indagación y se determinó que ellos sólo vendían droga a microtraficantes capitalinos.
"La investigación se inicia en marzo, pero creemos que operaban, a lo menos desde principios de este año", relató el persecutor.
Durante los allanamientos se detuvo a un sujeto que llegó a comprarles a su casa de la calle Ñuble de la capital, donde se incautó 9 kilos 224 gramos de cocaína de alta pureza, equivalentes a 46 mil dosis y avaluadas en 230, 6 millones de pesos.
Además, se decomisó más de 11 millones de pesos en efectivo, producto de la venta de la droga, que fue encontrada en bolsas y escondida en cajones.
Según la capitán del OS-7, Mónica Herrera, la particularidad de la organización familiar es que trasladaba la droga utilizando taxis para enviar las dosis de droga a sus compradores.
"Se llamaba a una empresa de taxis y se les entregaba una caja con la droga. Ellos luego recibían el dinero y lo llevaban hasta la banda. El taxista no necesariamente sabía lo que llevaba, eran más bien utilizados para trasladar la droga. Les decían que era medicamentos", señaló la funcionaria policial.
Lo anterior dio origen al nombre de la operación "TaxiDriver", cuyos detenidos serán formalizados en el Centro de Justicia de Santiago.