COPIAPÓ.- Los niños que están a la espera de que esta noche comiencen a salir sus familiares desde la mina San José se encuentran expectantes ante el proceso de rescate.
Los menores corren, juegan al fútbol y ríen con el payaso del campamento Esperanza, pero no pueden ocultar su nerviosismo ante la larga espera para ver a sus padres y abuelos.
"Lo vivo mal", confiesa Javier Galleguillos, de 10 años, uno de los cuatro nietos de Mario Gómez, de 63 años, el más veterano y capataz de los mineros atrapados a 700 metros bajo tierra desde el 5 de agosto.
"Cuando dieron la carta diciendo que todos estaban vivos, me puse a llorar", dice, "pero siempre pensaba que iba a salir pronto y que todos los mineros estaban vivos".
"Sueño con que mi abuelo y los demás mineros estén fuera", cuenta su hermano mayor, Nicolás, uno de los ocho alumnos de la escuela que se construyó en el campamento.
La profesora de los niños, Margarita Guzmán, indica que "ellos no dicen (que están preocupados), sino que a veces lo expresan jugando o dibujando", relata.
"El otro día, hicieron una mina muy linda, con el 'Plan C' en leggo. Decían, 'acá están los mineros, acá los van a sacar'. De esa manera, expresan su preocupación por lo que está pasando", agrega.
La educadora agradeció que se dispusiera de un espacio para la educación de los niños, pero lamentó que se inaugurara con tardanza y con excesiva cobertura periodística.
"Para mí fue demasiado tarde y hubiese sido mucho mejor que hicieran algo de más bajo perfil, no todo ese circo y ese aprovechamiento político de eso", se lamentó la maestra Margarita Guzmán, quien tiene que ocuparse de los distintos niveles de enseñanza.
Javier, de 10 años, explica que para él "lo más complicado fue dormir en carpa porque hace frío y los colchones se mojan en la noche" en el desierto y agrega que "lo que más se extraña es la televisión y la playstation".
"Voy a extrañar al payaso", confiesa su hermano Nicolás, refiriéndose a Rolly, un actor que se instaló en agosto con su nariz roja y un disfraz colorido para entretener a los niños.
Los 30 menores que se encuentran en el campamento Esperanza han recibido ayuda psicológica durante la última semana. De este modo, se espera que estén preparados para recibir a sus familiares.