El Baile, el Humor y la Nostalgia Dominaron la Noche Inaugural

Más de 14 mil personas presenciaron en vivo anoche en la Quinta Vergara la primera jornada del primer certamen organizado por Canal 13.

17 de Febrero de 2000 | 03:27 | El Mercurio
Una Quinta Vergara repleta de público fue escenario anoche de la primera jornada del 41ª versión del Festival de la Canción de Viña del Mar, el primero organizado por Canal 13. El certamen comenzó a las 22.00 horas, con una apertura breve y sobria, cuyo elemento más llamativo fue el ingreso de la coanimadora oficial, Cecilia Bolocco.

La co-conductora de "Viva el lunes" surgió desde el subsuelo del escenario, en uno de los seis ascensores que este año tiene la Quinta Vergara, para realizar un número de baile acompañada de un cuerpo de profesionales. De malla blanca y chaqueta en el mismo tono, Cecilia Bolocco marcó un precedente: nunca en la historia del festival la animadora había sido el primer número artístico.

El público, como es habitual, respondió en todo momento con gritos. Y bastantes, ya que el recinto, con capacidad para 12 mil 324 personas, tuvo anoche a unas 14 mil instaladas desde las seis de la tarde, según los informes policiales. De acuerdo a lo informado por el prefecto de Carabineros de Viña del Mar, coronel Julio Saavedra, para la primera jornada se vendieron más entradas de las que alcanza a acoger el recinto. "Se le señaló oportunamente a Canal 13 que la capacidad de la Quinta estaría sobrepasada", explicó, aclarando que, pese a lo anterior, no hubo dificultades para controlar a los asistentes.

A las 22:20 horas, tras unos sonoros fuegos artificiales y el tradicional beso entre los conductores, Vodanovic, sin más preámbulos, repasó los artistas de la jornada y Cecilia Bolocco presentó al primero: Juan Luis Guerra.

La Solidez Dominicana

Con la seguridad de contar con una amplia y sabrosa batería de éxitos radiales, todos sonidos contagiosos y conocidos de sobra por un público amante de la catarsis masiva, Guerra volvió al escenario festivalero de la Quinta Vergara en el bolsillo.

Acompañado de una sólida y fresca banda de 16 músicos, apoyado en todo momento por un trío de coristas siempre cómplices, el artista dominicano deplegó sin descanso aquellos himnos bailables que, a comienzos de los '90, puso de moda en este lado del mundo las palabras "merengue" y "bachata".

Con su carismática sobriedad de siempre, dominando el escenario sin mover demasiado sus dos metros de esqueleto, fue llenando el aire con esa atmósfera festiva que siempre ha provocado su repertorio.

"La bilirrubina", canción a cargo de abrir su espectáculo de 50 minutos, fue seguida de la potencia de otros hits, como "Woman del Callao" y "Ojalá que llueva café". Una selección perfecta de los que ya pueden llamarse sus grandes éxitos.

Apenas tres canciones de su nuevo álbum, "Ni es lo mismo, ni es igual" (1998) -la ingeniosa "Mi PC", la inspirada "Testimonio" y la punzante "El Niágara en bicicleta"-, se encargaron de envíar una señal de vigencia y de una profundidad lírica renovada.

Sólido, Juan Luis Guerra. Un serio músico del "divertimento", un hombre de un carisma y un talento natural tan espigado como su cuerpo, que consiguió en la transmisión televisiva un peak de 56 puntos on line, justo en el minuto (23:00 horas) que recibió la gaviota de plata.

Ya en bambalinas, una vez terminada su actuación, Guerra citó un testeo personal antes de su show para justificar el dominio de antiguas canciones en su repertorio. Dicha investigación le reveló que sólo un par de temas de su nuevo disco habían penetrado en el público, por lo que estimó innecesario ahondar en ese álbum.

El músico, por último, estuvo de acuerdo con quienes le cuestionaron la falta de diálogo con el público durante su presentación. Y pidió disculpas por ello, no sin antes admitir: "Es la misma queja que recibo en casa de parte de mi señora".

El Récord de Salas

Tras la competencia folclórica a cargo de Pedro Messone ("Niña sube a la lancha"), Santiago 4 ("La consentida") y Ginette Acevedo ("La torcacita"), Alvaro Salas aprovechó bien la ocasión de inaugurar el humor en esta versión del festival. "Son buenos estos cortitos; son como sabrosos", dijo en alusión a su especialidad, el chiste breve a la velocidad de la luz, y su rutina no se dio respiro para ganar el cariño unánime del público.

Salas corrió desde lo político al doble sentido, y hasta tuvo maña para improvisar algunos de sus mejores chistes ante un par de imprevistos problemas de sonido. Y también para romper el récord de sintonía festivalera, en materia de peak. Según informó Canal 13, la rutina del co-conductor de "Viva el lunes" alcanzó un punto máximo de 61 puntos, 0.4 décimas más que lo obtenido por Melón y Melame en 1998.

El Karaoke de A*Teens

Al igual que Salas, fue el sonido, también, el que jugó una mala pasada a la siguiente atracción del show, el grupo sueco A*Teens. Todo había salido bien: el adolescente cuarteto vocal enfervorizó a la Quinta Vergara con la concesión que han conseguido de parte del catálogo de Abba, pero tras una pausa previa a un bis, el técnico a cargo puso en marcha la grabación de "Super trouper" antes de que sus músicos llegaran a sus puestos. Consecuencia: dejó al descubierto que el grupo puede cantar en vivo, pero no se atreve a hacerlo sin poner a sonar su disco como respaldo.

A medias entre el doblaje y la mímica, A*Teens no defrauda por eso: ya a fines de los '70 Kraftwerk se complacía en hacer sonar solos a sus teclados y dejaba obsoleto el culto ciego a la ejecución en vivo. Con lo que sí no cumplió el cuarteto fue con las canciones en español que habían anunciado, y sobre todo con un mérito que, salvo por su bien lograda gimnasia e innegable simpatía, no les pertenece en absoluto. Un show de A*Teens demuestra sobre todo qué gloriosas melodías, como "Dancing queen", escribió Abba. Como cualquier karaoke del grupo sueco lo puede demostrar.

Antes de abandonar la Quinta Vergara, el cuarteto explicó con adolescente inocencia las características de su espectáculos. "Cama musical" fue el término que usaron, a través de una traductora, para definir la pista pregrabada con sus propias voces que utilizan para lograr, dijeron, el "sonido Abba".

Fulanito, Inagotable

La famosa banda latina Fulanito, asentada en Nueva York, fue la encargada de cerrar la primera jornada del encuentro con un espectáculo predeciblemente agitado. Un concierto de más de cuarenta minutos de duración y donde los cantantes, apoyados por una atenta orquesta de ocho integrantes, no pararon ni un segundo de bombardear a la Quinta Vergara con toda su agotadora energía de merengue hip hop.

Con sus temas más difundidos de sus dos discos ("El hombre más famoso de la tierra", "El padrino") como puntas de lanza, inagotables despliegues de ritmo y coreografías bautizados como "La novela" y "Guallando", los movedizos y robustos vocalistas cumplieron sin problemas con su misión: hacer bailar sin sutilezas de por medio.

Una fiesta tropical esperable, quizás demasiado agotadora para quienes no las frecuentan -de hecho, la transmisión televisiva terminó a las 02:10 de la madrugada, mientras Fulanito seguía en pie-, pero con una asistencia fiel y dispuesta a no dejar de moverse por ningún motivo.

Un cierre coherente con una jornada que, con el talento de Guerra y la nostalgia envasada de A*Teens como antecedentes, sacudió con ganas y con diferentes intensidades desde la galería al palco.
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