Tercera noche: devoción por Chayanne en Viña

Complicando una vez más a los organizadores del certamen, el espectáculo del puertorriqueño provocó una ovación tal que tuvo que salir de emergencia para que el show pudiera continuar. Y todo por la entrega apasionada y perfecta de un repertorio ya conocido, pero, quedó claro, no por eso menos atractivo.

19 de Febrero de 2000 | 03:54 | El Mercurio
Si cada noche de festival abriera sus puertas con un artista como Chayanne, un hombre casi de la casa y muy buen anfitrión, el escenario de la Quinta Vergara sería un permanente y sincero éxtasis.

Algo así como un cómodo sillón donde ver desfilar talento, gracia, frescura y mucha sangre corriendo por las venas. Pero como el puertorriqueño hay pocos.

Y es que el encargado de iniciar la tercera jornada de Viña del Mar no hizo más que comprimir, en algo más de una hora, todas las potencialidades de su repertorio para ofrecer un espectáculo macizo. Vivo, entregado y, por sobre todo, cariñoso.

Y no por las melosas palabras ni por esa costumbre de sacar gente del público para dedicarle canciones de frente, actitudes siempre populistas en ídolos de masas, sino por la pasión derrochada en cada una de sus actos. Por el rigor
en sus pasos de baile, aún más perfectos que los de su cuerpo de danza. Por el esfuerzo de su garganta cuando, coordinando músculos con entonación, tratando de hacerse escuchar frente a la a ratos débil amplificación de sonido, apenas contenía la respiración para hacer aullar a la multitud con "Salomé", "Fiesta en América" y "Soleil, soleil", por nombrar sólo algunos momentos altos.

Chayanne, se sabe, es un artista completo. Un carisma de amplia sonrisa que, incluso, resulta más magnético en los momentos de relajo, a la hora de bajar las revoluciones con baladas como "Atado a tu amor" y "Lo dejaría
todo".

Por eso, rompiendo una vez más el programa oficial de la transmisión televisiva, el cantante tuvo que salir de emergencia para silenciar a una Quinta Vergara que ni siquiera con la presentación del jurado folclórico dejaba
de pedir su regreso. Resultado: dos gaviotas en sus manos y una muestra de caballerosidad del artista con los complicados organizadores del certamen.

El temor de Chayanne a su sobreexposición puede ser muy cierta. Hace poco mostró el mismo show, algo más largo, en una extensa gira por Chile. Idéntico repertorio, idénticas coreografías, idénticas atmósferas. Su música y sus capacidades ya las conocemos de memoria, no hay duda, pero el exceso no tiene por qué ser siempre un pecado.

El Primer Chiste Coreado

Antonio Vodanovic se encargó de apaciguar todo ánimo agresivo que pudiera haber quedado tras el show de Chayanne -incluyendo un homenaje al actor Oscar Olavarría, fallecido en enero de este año- para presentar luego a Sandy.

El humorista entró en muletas, acompañado de dos modelos que lo llevaron a una pequeña silla al medio del escenario. La historia reciente ha sido implacable con la salud del artista: quince días después de actuar en el festival de
1999, al cómico -que sufre de diabetes- le fue amputada la mitad de la pierna derecha para evitarle una granguena.

El público de la Quinta Vergara mostró un respeto y una paciencia pocas veces vista en los últimos años con un cómico sobre el escenario. Con una rutina de chistes viejos, que más que chistes ya parecían la interpretación de una
misma humorada, Sandy no tuvo empacho en tomarse su tiempo para contar cuentos de gallegos, gangosos e, incluso, reírse de su propia condición de lisiado.

La rutina fue irregular y no logró entibiar el ambiente. Aún así, tras un tercer bis, recibió la Gaviota. El epílogo fue otro hit del humorista boliviano: la ya clásica rutina de gallegos que no hablan inglés y marcan cada sílaba de las palabras. Claro que esta vez fue contada a coro por los asistentes.

"Esta actuación sirvió para demostrar que la tercera es la vencida", comentó Sandy una vez que bajó del escenario, aludiendo a sus anteriores actuaciones. "Una vez más el público chileno me demostró amor", concluyó.

En la misma senda del homenaje y los buenos sentimientos, vino el reconocimiento al productor cubano Emilio Estefan, a partir de un "medley" de algunas de sus más populares producciones y unos saludos grabados por miembros de la comunidad latina en Estados Unidos: Thalía, Mario Kreutzberger, Ricky Martin y su esposa Gloria.

La Visita Ilustre

Respaldado no tanto por nuevas canciones como por la difusión que ha logrado hacer de varios clásicos de la canción popular chilena, Luis Jara se plantó sobre el escenario con una solvente orquesta propia y no tuvo problemas en ganarse al público con éxitos propios, cueca o cha cha cha, incluida una sección de canciones que, a la usanza de Joe Vasconcellos, decidió cantar mientras Canal 13 estaba en comerciales.

La invitada más ilustre de la jornada y del festival llegó al escenario de la Quinta Vergara sobre zapatos dorados y bañada en lentejuela y escarlata. Celia Cruz no tardó en borrar con su vozarrón y el pulso pausado de su ritmo las
aprensiones existentes sobre su repercusión en Viña: si bien las graderías se vaciaron en algún porcentaje durante su show, la veterana cantante alimentó una fiesta. Acudió a canciones recientes y a una tajada histórica de una música madurada entre Cuba y Nueva York directamente incubada en la isla, con clásicos como "Guantanamera" o "Son de la loma". Un lujo para el cierre.
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