Babel

19 de Enero de 2007 | 11:27 | Por Antonio Martínez

Bajada

El Mercurio

Los tiempos y los signos

El mexicano Alejandro González Inárritu con "Amores perros" (2000), "21 gramos" (2003) y "Babel" (2006), ha finalizado una trilogía ambiciosa, exitosa y premiada con razón.

Con la perrera humana y rabiosa de Ciudad de México; con el peso de 21 gramos que pierde una persona al morir, y que, para algunos, podría ser alma. Y ahora son cinco lenguas - español, inglés, árabe, japonés y las señas de los sordomudos- que se entrelazan para contar una historia donde las antípodas, los opuestos y las esquinas del mundo se conectan.

En "Babel" es el mismo mecanismo narrativo de sus películas anteriores, donde sucesos y personajes que al comienzo surgen aislados e independientes del resto, poco a poco marchan en paralelo y luego confluyen hacia un tronco común, donde se descubre que todos son protagonistas de una historia que comparten.

"Babel" es una película para armar, pero con menos piezas y con conexiones más casuales, por tanto más lineal y se diría que la fórmula está limada y carece de las durezas de "21 gramos", tan exigente y enmarañada en su montaje, y tampoco es tan urgente y compacta como "Amores perros".

La columna vertebral de 'Babel' es una pareja de turistas norteamericanos por Marruecos: Richard (Brad Pitt) y Susan (Cate Blanchett) que dejaron a sus dos hijos en Estados Unidos, al cuidado de su fiel empleada Amelia (Adriana Barraza).

Una bala perdida hiere a Susan y Amelia, en otro continente, decide cruzar la frontera con los niños, y esas secuencias, las de la empleada con dos pequeños sedientos, son de un dramatismo insoportable. En el Sahara, en México y en dos desiertos, los protagonistas se mueven en la desconfianza de otras culturas y costumbres, padecen el racismo propio y ajeno y caminan bajo un sol de pérdida, muerte y tragedia.

En el preámbulo de historia central, hay una familia de ovejeros, pobre como las ratas y que por los cerros de Marruecos, apenas tiene una posesión preciada: el rifle de un cazador. Son los niños los que disparan al aire y a las rocas.

Y en el otro extremo del mundo, en Tokio, Yasujiro (Koji Yakusho) es viudo, rico y con tiempo como para practicar la caza mayor, pero sin tiempo para comprender a su hija Chieko (Rinko Kikuchi), una adolescente sordomuda y sufriente en una ciudad bullente y tecnológica. En esa joven solitaria, estatuaria e incomunicada, sobre todo en los afectos, hay un personaje trágico y actual en su descaro, desnudez y desamparo.

"Babel" es el último aliento de una fórmula narrativa y quizás no es tan precisa como "21 gramos", carece de la rabiosa vitalidad de "Amores perros" e incluso alguna de las historias, la de Tokio, tiende a separarse del resto, pero la película tiene el brío y la intensidad del cine adulto, actual y contemporáneo. Es un cine con las imágenes y reflejos del amanecer del siglo. Es algo que está en la prensa y la televisión. Se llama pan nuestro de cada día. Es la vida y la muerte.

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