El amor entre primos, una relación que tensiona a toda la familia

Ocurre en todas las familias pero rondan los prejuicios, preocupaciones y el rechazo.

Emol
Sa. 07 de enero de 2012, 07:00
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“Hace más de 5 años me casé con mi primo. Nos enamoramos cuando estábamos a punto de terminar la universidad. Tratamos que no ocurriera pero lo que sentíamos, la intensidad de nuestro amor fue más fuerte. Al principio, quedó la embarrada en la familia. Nos retaron, castigaron, no nos hablaban pero después con los años se dieron cuenta que nuestro amor era real. Después de pololear durante dos años nos casamos. Somos muy felices juntos y pronto queremos tener hijos”, cuenta Maricel Ordoñez, 32 años.


“Los tabúes en nuestras sociedad son muchos, el único problema que he tenido por andar con mi prima es lo que dice la gente y nada más”, agrega Marcelo Yáñez, 30 años.


Los testimonios dan cuenta que el amor entre primos es complicado y cae dentro del estigma de relaciones prohibidas y que son rechazadas socialmente.


Sin embargo, cuando es amor verdadero no hay vínculo de sangre que impida la unión. De hecho, en el pasado eran uniones que se fomentaban.


“Mis propios abuelos son primeros hermanos y antes no eran mal visto, al contrario, se promovían para mantener las tierras, los apellidos. Había una historia endogámica muy conservadora”, comenta el psicólogo Alejandro Olea (aleolea2003@yahoo.com).


Pero eso ha cambiado. En la actualidad la mayor resistencia es a nivel genético por cargar con ciertas “maldiciones” generacionales, a pesar que en ciertos países de Medio Oriente, África y Asia los casamientos entre primos son bien vistos.


“Se ha instalado en el inconsciente colectivo una imagen fantasmagórica sobre que hay un peligro mayor de malformación o trastornos mentales por la cercanía sanguínea. Algo que es semi real porque solo hay un aumento de probabilidades”, dice el psicólogo.


De todas maneras, antes de procrear entre primos se aconseja realizarse exámenes y en lo posible, un asesoramiento genético, para evitar problemas degenerativos, como es el caso de la hemofilia, muertes infantiles y otras enfermedades derivadas de lazos consanguíneos, ya que se ha estudiado que a mayor grado de parentesco en la pareja, mayor probabilidad de que alguno de los genes defectuosos que se portan sea transmitido por ambos padres a los hijos. Pero nunca ha habido prohibición ni prescripción médica para impedir estas uniones.

Cómo enfrentar la situación

El vínculo no se ha definido jamás como incesto pero todo dependerá de la familia de origen y la cercanía con que hayan crecido que dará lugar o no, a mayores confusiones para entender ese amor.


En ese sentido, lo que más le preocupa al especialista es que estas relaciones se constituyen a partir de un secreto. “Eso es lo perjudicial y lo que distorsiona el vínculo más que la cuestión genética. Hay una trasgresión que le da una intensidad sexual sobre todo si mientras los papás almuerzan, ellos están teniendo sus historias en el segundo piso. Es un contexto distorsionado que cae también en el ámbito de lo prohibido”.


Distinto será si dos primos se enamoran, lo hablan y elaboran su relación en familia. Ahí la importancia de la educación de los padres a hijos estaría dada en que los hijos aprendan a ser honestos en cualquier situación.


Por otra parte, es frecuente escuchar que los niños y adolescentes tienen sus primeras investigaciones sexuales con sus primas por la cercanía que se produce al compartir distintas instancias familiares.


En esos casos, los papás deberán estar atentos para que no se den situaciones de aprovechamiento ni abuso entre jóvenes de edades distintas.


“En un contexto sano hay que dejar que el niño investigue su cuerpo, que no es lo mismo que aceptar que tenga relaciones con la prima”.


Por eso, insta a que hay que estar atentos a que no se traspasen los límites, sobretodo cuando hay niños más grandes que otros. “Entre dos niños de 4 años nunca va haber abuso, pero uno de 10 y 5 si puede haberlo”, aconseja.


De todas maneras, lo curioso del amor entre primos para el psicólogo y magíster en psicología Alejandro Olea, surge al analizar esas familias y ver que están tan cohesionadas que algunos de sus miembros no salen al mundo a buscar gente nueva ni tampoco han entendido que la familia es un espacio distinto que el espacio de las parejas.