Audaz periodista escribe 50 lecciones para vivir con optimismo

“Dios nunca parpadea” de Regina Brett es el libro de autoayuda que invita a enfrentar las dificultades, descubrir la felicidad y la alegría de vivir.

Emol
Lu. 23 de julio de 2012, 08:12
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“Estudió en un colegio de monjas, a los 16 bebía demasiado, fue madre soltera a los 21, se graduó a los 30, estuvo sin una pareja estable durante dieciocho años y, finalmente, se casó a los 40. A los 41 enfermó de cáncer”, así de intensa se lee en la biografía de Regina Brett, la periodista norteamericana que escribió el libro de autoayuda, “Dios nunca parpadea” (Editorial Planeta).


Es que las enfermedades catastróficas calan profundo y no hay quien pueda decir lo contrario. Porque, además de sufrimiento e incertidumbre, desencadenan una serie cuestionamientos existenciales y muy críticos respecto a la vida que se ha llevado.


De hecho, Regina Brett cuenta que fue exactamente, el día de su cumpleaños 45, mientras estaba pensando sobre lo que la vida le había enseñado, cuando su “alma abrió una compuerta y las ideas empezaron a fluir. Mi pluma simplemente las capturó y plasmó las palabras en papel”.


Ahí nacieron los primeros 45 ensayos que relataban su camino y las “lecciones” aprendidas para alcanzar la felicidad.


Primero, los publicó como columnas semanales en el periódico Plain Dealer en Cleveland, USA, y luego, al cumplir 50, agregó cinco más.


Fue tal el éxito que, asegura, comenzaron a circular en forma independiente por Internet y blogs de todo el mundo.


Ahora el libro “Dios nunca parpadea” de Regina Brett (Editorial Planeta) las recopila. “Son los regalos de la vida para mí, y los míos para ti”, afirma.


Las 50 lecciones, como ella garantiza, son consejos para las vueltas de la vida. Si bien el título es sugerente, solo 5 capítulos hablan de Dios, pero lo hace de un modo sencillo, directo. Son algo así como las típicas interpelaciones que aparecen en esos momentos, en que siendo creyente, uno se siente abandonado a su propia suerte, o cuando no se comprende nada de lo que sucede y todo se toma como una penitencia. De todas maneras, no es necesario ser religioso para seguir las pistas que entrega.


“Me tomó cuarenta años descubrir la felicidad y aferrarme a ella. Sentía que al momento de mi nacimiento, Dios había parpadeado. El instante había pasado inadvertido para Él y jamás supo que yo había llegado. Mis padres tuvieron 11 hijos, y aunque amo profundamente a mis papás y hermanos, algunas veces me sentí perdida entre la camada”, escribe.

Las 50 lecciones

Los relatos son cortos e íntimos y están escritos para inspirar optimismo, girar la conciencia y la forma de ver lo que acontece en la propia existencia. De una manera más agradecida, menos negativa y con alturas de miras.

Así se entiende, “La vida no es justa, pero de todas maneras es buena”, donde habla sobre los difíciles momentos que debió enfrentar durante la quimioterapia y cómo pequeños cambios en el lenguaje hacen grandes diferencias.

Le siguen los capítulos que buscan que el lector se vuelva más flexible, gracioso y riguroso, con las siguientes lecciones: “Cuando te sientas vacilante, sólo da el siguiente paso”, “No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace”, “Paga tus tarjetas de crédito cada mes”, “Apenas recibas tu primer mes de sueldo, empieza a ahorrar el 10 por ciento para tu retiro”, “No necesitas ganar cada discusión. Puedes acordar desacordar.


La temática del tiempo también se vuelve reveladora en las “El paso del tiempo cura casi todo. Dale tiempo al tiempo”; “Dimensiona todas las catástrofes con estas palabras: En cinco años tendrá esto alguna importancia”, “Puedes sobrevivir a todo lo que la vida ponga a tu paso, si te mantienes en el presente”.


Y otras, que hablan sobre los hijos: “Permite que tus hijos te vean llorar”, “Tus hijos solo tienen una niñez. Hazla memorable” y que buscan que uno sea activa, proactiva como en: “Haz las paces con tu pasado para que no te eche a perder el presente”, “Cuando se trata de perseguir lo que amas en la vida, no aceptes el ‘no’”, “Sin importar cómo te sientas, levántate, vístete y preséntate a la vida”, “Nadie más está a cargo de tu felicidad. Tú eres el director de tu alegría” y “Sal todos los días. Los milagros quieren ser descubiertos”.


Pero los que destacan son las lecciones que se entienden como pautas de vida: “Enciende las velas, usa sábanas lindas, ponte ropa interior elegante. No dejes nada para una ocasión especial. Hoy es un día suficientemente especial”, “La vida es demasiado corta para la autocompasión. Ocúpate en vivir o en morir”, “Si no pides, no obtienes” y “Lo mejor está aún por venir”.


No cabe duda, que el libro “Dios nunca parpadea” reúne verdades universales que no siempre son conocidas. Cada una de las lecciones son consejos dados con sabiduría que resuenan y se recordarán en aquellos momentos, cuando se ve todo negro y sin salida. Para ese instante, hojear el libro será de gran ayuda pues cada lección va acompañada de pequeñas y grandes historias.