Cómo viven las parejas el proceso de infertilidad

Por Ricardo ommer
Vi. 28 de septiembre de 2012, 09:41
Más Ménos


Cuando una pareja se somete a un tratamiento para la infertilidad, es natural y esperable que pase por un período de ansiedad y expectación, proceso en el que resulta esencial el apoyo profesional del equipo que los atiende.


Diversos estudios han establecido que los factores de estrés psicológicos, como la depresión y la ansiedad, no afectan el éxito de los tratamientos, pero sí tienen relación directa con el sufrimiento y la calidad de vida durante los tratamientos, la adherencia a estos y la perseverancia.


Hace algún tiempo resultados similares fueron presentados en el Congreso de la Sociedad Española de Fertilidad, que desechan la creencia de que las mujeres con trastornos emocionales por la infertilidad tienen más dificultades de concebir cuando reciben ayuda médica.


Se demostró que un porcentaje importante de las parejas infértiles, especialmente las mujeres, ya llegan con sintomatología ansiosa o depresiva a la primera consulta con un especialista en fertilidad, una realidad que se manifiesta -según el estudio español- en que el 10,1% de las mujeres que reciben tratamiento de estimulación ovárica sufre depresión y el 22,2% ansiedad, cifras que serían concordantes con las apreciaciones clínicas de lo que ocurre en nuestro país, demostrado por estudio del Instituto de Investigaciones Materno Infantil (IDIMI), realizado por la Psicóloga Irene Furman.


Lo que para muchas parejas es motivo de alegría, para otras, algo tan natural como tener un hijo, implica un difícil proceso, marcado por una sensación de pérdida importante, de falta de control, de incertidumbre, de culpa, de no saber si les va a resultar o no el tratamiento.


La infertilidad provoca un dolor profundo, hay rabia, hay desconcierto, lo que muchas veces redunda en un aislamiento social y en problemas maritales.


La infertilidad afecta a hombres y mujeres, es un tema de pareja, porque ambos quieren ser padres, aunque lo expresan de forma distinta. El hombre piensa que la mujer siente una mayor necesidad, porque lleva al hijo en su vientre y aun existe en nuestro país la sensación que “la mujer le da un hijo al hombre”, aunque en el tratamiento sea por un factor masculino.


Es verdad que la mujer se lleva la peor carga, ya que siendo un problema primario masculino o femenino, siempre es ella a la que intervienen físicamente.


Frente al tema de la rabia, la pena y la falta de control, el hombre es más práctico, está más enfocado a que el tratamiento resulte, y la mujer es más emocional.


Si bien los trastornos psicológicos no impiden el objetivo final de concebir un hijo, las técnicas de reproducción asistida si tienen un impacto en la vida de quienes se someten a ellas, siendo la ansiedad y la depresión los factores más recurrentes, que se manifiestan en la incapacidad de manejar el tema, en que los duelos son complicados o cuando la pareja no está alineada, porque tienen un tiempo en el darse cuenta distinto, o porque la infertilidad ha producido problemas de convivencia. Todo ello genera dificultades a la hora de llevar el tratamiento.


Lo importante es que cada vez los especialistas estamos más conscientes e interesados en la vida emocional de nuestros pacientes y eso hace que se aborde de manera más integral un problema tan doloroso incorporando en nuestras Unidades de Medicina Reproductiva, psicólogos y matronas capacitadas para la contención ante el fracaso de los tratamientos.



Dr. Ricardo Pommer, miembro de la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología (SOCHOG), Past President Sociedad Chilena de Medicina Reproductiva (SOCMER)