Cincuenta fantasías de una mujer…

Por Patricia Collyer
Ju. 03 de enero de 2013, 09:22
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La locura que ha desatado la trilogía que se inicia con el libro “Cincuenta sombras de Grey” –que probablemente fue el producto editorial que más se regaló a una mujer en esta Navidad- no es casual.

Más allá que la serie está escrita de una forma tal que crea adicción (lanzar el anzuelo del erotismo, ir dando pequeños sorbos de excitación, pasitos de avance hacia la concreción del coito, que comienza a esperarse en forma casi desesperada tanto por la protagonista como por las lectoras), la fantasía sexual es un tema absolutamente conocido y estudiado por la psicología. Porque es parte de la vida y de la sexualidad humana.

Se podría afirmar que no es posible el sexo placentero sin fantasía de por medio. Como señalan los expertos “la actividad sexual nace y se desarrolla en las fantasías”. Las fantasías sexuales son las grandes aliadas de relaciones sexuales sanas y satisfactorias. Es claro que el mero estímulo manual, táctil, no basta (recordemos que las fantasías son las compañeras inseparables de la masturbación). Menos para las mujeres, cuya sexualidad es más compleja y, por ende, su proceso de excitación más lento. Los sexólogos señalan que la exploración mental que lleva a crear escenas y situaciones excitantes, enriquece y amplía las posibilidades de dar y recibir placer sexual. Se ha observado que las personas con bajo deseo sexual tienen pocas fantasías sexuales.

Cada persona es única y se excita con cosas distintas, razón por la cual se ha concluido que el “mapa del amor” es como la huella digital de la personalidad sexual. Las fantasías sexuales completarían este mapa y agregarían las pistas que faltan.

Según Freud, las fantasías son ficciones que las personas forjan y se narran a sí mismas en estado de vigilia. Se trata de imágenes mentales que pueden contener secuencias completas, recortes o imágenes aisladas y de las cuales uno forma parte, ya sea como protagonista o espectador. En general, inventan o recrean situaciones estimulantes que no necesariamente uno desearía llevar a cabo en la vida real. Su mayor atractivo reside, a veces, justamente en que no son reales. Lo que uno quiere es excitarse y esas imágenes tienen el poder de hacerlo. Es decir, si uno no puede o no se atreve a concretar la fantasía por culpa (o por cualquiera otra razón), el segundo mejor lugar donde vivirla es la mente, lo que confirma lo liberador y lúdica que puede ser una fantasía sexual.

El poder de las fantasías radica justamente en su localización: el pensamiento. Este es el sitio más seguro porque, como señala un sexólogo, “está médicamente probado que la imaginación es infértil”... Además, ella es el afrodisíaco conocido más potente. Lo poderoso de las fantasías sexuales es que entretienen, no tienen censura y permiten concentrarse en sensaciones placenteras, lo que aumenta la excitación sexual.

Para la mujer, la fantasía es el lugar más seguro y también más erótico. Según se ha estudiado, la mente femenina fantasea más con el romanticismo, con la historia que rodea al sexo. Por el contrario, la mente masculina apunta directamente al acto sexual. El podrá decirle a ella: “¡Hagamos el amor ya, aquí, ahora!”. Ella, en cambio dirá: “Dime cosas sucias”…

Un dato curioso que arrojó un reciente estudio: en las mujeres, el promedio de fantasías sexuales fue de 0,8 al día durante los tres días anteriores a la ovulación en tanto, durante la ovulación, la tasa aumentó hasta 1,3 fantasías diarias. La autora principal del trabajo explicó los resultados: "Algunos aspectos de la sexualidad de las mujeres parecen estar sincronizados con los períodos de máxima fertilidad, de tal forma que cuando las probabilidades de concebir son más elevadas, hay un creciente interés por el sexo y la excitabilidad".

Estudios sobre el tema han mostrado que por, lo menos, un 20% de las mujeres y un 55% de los hombres tiene fantasías sexuales una vez al día. Es decir, las fantasías, como hemos dicho, son normales, parte inseparable de la vida. El único problema que se pueden generar es creer que en la vida real podremos controlar la situación como lo hacemos en la mente. Cuando se fantasea, lo que sucede está sometido a nuestra voluntad. Cuando estamos con nuestra pareja de carne y hueso, su voluntad también incide, lo que hace que las fantasías quizás se desarrollen en forma distinta a como las habíamos imaginado, lo que puede afectar nuestra excitación.

También pueden afectarla los sentimientos de culpa. Por ello hay que desterrarlos apenas aparecen. La excitación tiene vida propia. No somos responsables de los estímulos que la provocan, por lo cual sólo hay que dejarlos fluir.

Entre las fantasías femeninas más recurrentes está el tener prácticas sexuales que uno nunca sería capaz de tener en la realidad. Las mujeres tienen este tipo de fantasía en mayor medida que los hombres y un 28% de ellas se excita de esta forma.

Luego se ubica el tener sexo con un extraño. Un 21% de las mujeres fantasea con esto. Por otro lado, un 19% fantasea con el hecho de estar indefensa ante la pareja. Se ha visto que esto puede ser muy excitante para personas muy resolutivas. Desde luego, tener la fantasía no implica el deseo de ser violada o provocar violaciones. Como se sabe, hay fantasías que ponen de manifiesto los fantasmas más temidos…

Tener sexo con más de un hombre es la fantasía de un 18% de las mujeres. Un 11% - un porcentaje mayor entre mujeres heterosexuales que entre hombres de la misma condición- fantasea con tener relaciones sexuales con otra mujer. Se ha estudiado que esto ocurriría debido a que, culturalmente, las mujeres reciben una estimulación similar a la de los hombres en relación a la belleza femenina y serían capaces de admirarla sin tapujos homófobos.

Sólo un 3% de las mujeres fantasea con obligar alguien a tener relaciones sexuales, siendo ésta una fantasía más recurrente en los hombres.

En suma, las fantasías sexuales no son un lujo sino una necesidad. Y lo son, especialmente, cuando la rutina empieza a carcomer la relación de pareja, cuando el romanticismo y la pasión sexual tienden a desaparecer en la maraña de la cotidianeidad. En ese momento, ellas pueden ser una potente herramienta para recuperar el erotismo. Recordemos lo que dijeron los jóvenes revolucionarios de Paris-Mayo 68: ¡La imaginación al poder! O, como dicen las abuelas: no hay nada más fácil que echar a volar nuestra imaginación…

Por Patricia Collyer, psicóloga y periodista.