Relaciones multiculturales: ¿Es complejo tener una pareja extranjera?

La respuesta es depende. Al parecer tiene mayores beneficios que dificultades, siempre y cuando se manejen los códigos culturales foráneos o se esté dispuesto a conocerlos.

Por Francisca Vargas V.
Do. 13 de enero de 2013, 08:07
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Yuri y su esposo chileno Rodirgo Espinoza son un ejemplo de matrimonio multicultural.

Yuri y su esposo chileno Rodirgo Espinoza son un ejemplo de matrimonio multicultural.

“Creo que es una ventaja, porque los hombres chilenos son más trancados, conservadores y machistas. En cambio, los extranjeros y europeos, en general, tiene una mentalidad más abierta”, comenta Verónica Jáuregui (34) casada con el francés Cédric Mignot (33).

Según su experiencia, encuentra que ellos, por el hecho de vivir fuera de su país son más relajados y menos estructurados, ya que estarían “obligados” a adaptarse y vivir experiencias que salen completamente de su imaginario. Pero, dice que ella como pareja, también ha tenido que ser más comprensiva y flexible para poder adaptarse a una forma distinta, a lo que ella pensaba que era vivir la pareja, la familia, el cotidiano.

“Es que son diferentes a nosotros. Por eso tienes que buscar un equilibrio y usar tu humor para no amargarte ni creer que no te quieren, si es que no son posesivos, celosos o dominantes”, detalla Verónica.

En ese sentido, Jáuregui recuerda el típico dicho francés, “C'est pas grave”, que da cuenta de nada es tan grave ni complicado. “A diferencia que nosotros los chilenos que somos tan aproblemados y todo es tremendo. Ellos en cambio, no se complican tanto”, explica.

Esta experiencia, tal vez, deja entrever la diferencia que existe en la forma en que amamos los chilenos. Algo que hay que tener en cuenta, a la hora de formar una pareja con un extranjero.

Para el psicólogo y terapeuta floral, James Watson López (james.watson.lopez@gmail.com) los chilenos se relacionan desde una perspectiva más patriarcal. A su juicio, esto quiere decir que se ama desde una serie de “verdades” traspasadas de generación en generación y que han sido construcciones sociales influenciadas, muchas veces, por la religión.

“El chileno tiene aquella idea de que aún el matrimonio y fuertemente el heterosexual, es la vía de manifestación correcta del amor, con una forma determinada de comportarse, dependiendo del género y la edad”, señala.

Es decir, la clave para tener una buena relación con un foráneo estaría en conocer y aceptar la idea que tiene sobre el amor, ya que esa forma estaría marcada por la cultura en que fue criado.

“En algunas culturas la mujer es el principal motor a la hora de amar. En otras, es el hombre quién posee la iniciativa de direccionar el camino de la pareja. Incluso, en ciertos países es la familia de la novia quien busca la pareja ideal de su hija, mientras que en otras, se potencia su autonomía a la hora de relacionarse desde lo amoroso”, afirma.

Por lo tanto, es de suma importante abrirse a conocer, aceptar y adaptarse a su cultura para mantener una buena convivencia y para juzgar su comportamiento como correcto, incorrecto, o como lo que para uno socialmente está bien y lo que no.

La comunicación es clave

Otro punto esencial que hay que considerar cuando dos personas de distintos países deciden construir un proyecto juntos es mantener una comunicación muy fluida. Porque no solo los códigos culturales influyen.

“También habrá diferencias en la administración de las finanzas, las compras en el supermercado, los horarios de las comidas, las preferencias en los alimentos, la manera de prepararlos y para qué hablar de los estilos de crianza de los hijos, los criterios, prioridades, enfoques”, puntualiza la psicóloga transpersonal, Patricia Vera Osses.

Porque aún cuando el amor es uno solo para todo el mundo, indistintamente de las nacionalidades o las creencias, las características de personalidad son relevantes y determinantes.

“Te tienes que fijar en la identificación con el ego que tenga porque esa manera lo hará adoptar una determinada forma de amar”, añade.

Aquí nombra la posesividad, la inseguridad, la manipulación, la proyección o adjudicarle al otro algo que nos está pasando a nosotros y los juegos de poder.

“Estas maneras de amar nos hacen sufrir y desconectarnos de lo que es realmente importante, que es tener un compañero de camino y un maestro que nos muestra lo que tenemos que aprender y mejorar”, profundiza.

Una buena pareja

Entonces, afirma la psicóloga, la base de una convivencia sana y plena estará en hacerse cargo de lo que nos pasa, de lo que nos duele, de lo que hacemos, de las emociones que nos surgen, de las reacciones que tenemos, y eso dice que se sólo se consigue conociéndose a sí mismo.

“Los chilenos estamos viviendo demasiado ocupados, nunca tenemos tiempo para nosotros, para mirarnos, para conectarnos con nuestros dolores y necesidades más profundas, lo que nos hace vivir insatisfechos y a la vez en el ‘entrepiso’. No tocamos fondo pero tampoco salimos a la superficie”, analiza.

Por eso alienta, a descubrir que somos muchísimo más de lo que creemos ser y que tenemos infinidad de recursos para sentirnos plenos y disfrutar el día a día, igual como pareciera que lo hacen los extranjeros. Mientras que a nivel de pareja, el psicólogo James Watson, propone establecer códigos de comportamiento en conjunto.

“Lo importante es no centrarnos en aquello que creemos que el otro debería cambiar y mejorar, sino más bien aceptar lo diferente como un recurso para crecer nosotros como persona”. Este ejercicio, agrega, trasciende incluso las culturas y sus correspondientes diferencias.

“Toda pareja debería ser capaz de sentarse a conversar sobre lo que desean construir en conjunto y de a dos, jamás pensando que son uno, porque asi olvidas que tú posees una historia personal, un sistema de creencias y representaciones acerca del mundo”, aconseja.

Desde esa perspectiva, el especialista considera que uno podrá ser más tolerante respecto a cómo cada uno vivencia el amor y lo manifiesta en pareja.